RePower EU: así es el plan de la Unión Europea para desconectarse de la energía rusa

Ursula von der Leyen. / Mundiario
Ursula von der Leyen. / Mundiario

La transformación energética de la UE será con paneles solares, bombas de calor, hidrógeno verde y gas procedente de residuos orgánicos, además de un derecho de emisión de CO2.

RePower EU: así es el plan de la Unión Europea para desconectarse de la energía rusa

La Comisión Europea (CE) está más cerca de lograr su objetivo: desengancharse por completo del gas natural ruso. De hecho, ha trazado un plan para corto y largo plazo, previsto para un año o tres, máximo. El mismo se caracteriza por reducir al máximo el consumo y generar su propia energía renovable.

Para esto, se necesitará del RePowerEU, un programa de iniciativas encaminadas a reducir drásticamente su dependencia energética de Moscú. “Ningún Estado miembro puede hacer frente por si solo a este reto: al llevar a cabo conjuntamente la evaluación de las necesidades y la planificación, realizar compras conjuntas y aumentar la coordinación, garantizaremos que la eliminación progresiva de nuestra dependencia de los combustibles fósiles rusos sea factible y asequible para todos los Estados miembros”, señala Bruselas, haciendo alusión a Polonia, Bulgaria y Finlandia, quienes han sido las primeras víctimas del corte de gas ruso.

Se acerca el autoconsumo

Ante estas medidas, la Unión Europea usará sus fuentes propias de abastecimientos: el sol y el viento. El autoconsumo supondría, según los cálculos del Ejecutivo comunitario, hasta el 25% del consumo total de electricidad en los Estados miembros, una cifra mayor de la que se obtiene actualmente mediante la quema de gas natural.

Además, como una norma se ha establecido que todas las nuevas construcciones de edificios tendrán la obligación de contar con paneles solares, que varía según el tipo de edificación, pues en caso de ser un edificio público y comercial de más de 250 metros cuadrados, tendrá que contar con una instalación fotovoltaica, a más tardar, 2026, mientras que los residenciales poseen algo más de tiempo, siendo el 2029 como fecha límite. Por otro lado, en el caso de las edificaciones públicas ya construidas, tienen plazo hasta 2027.

Asimismo, esta energía verde deberá venir acompañada de un impulso a las instalaciones de grandes dimensiones, que los técnicos de la Comisión catalogan como “un potente acelerón” dentro del próximo lustro. Sobre todo, en los países del centro y el sur, donde el potencial de generación es infinitamente mayor.

“La energía solar, ya sea en forma de electricidad, calor o hidrógeno puede reemplazar el consumo de gas para procesos industriales. Y, combinada con bombas de calor, puede sustituirlo para calentar agua o calefactar zonas residenciales o comerciales”, añadió la CE.

Las bombas de calor, un salto al futuro

Bruselas estima que en solo cinco años, se instalarán 10 millones de unidades de bombas de calor, unas máquinas térmicas alimentadas por electricidad, que son compatibles con paneles de autoconsumo, usadas para dejar atrás la dependencia de los combustibles fósiles, como el gas natural.

Sin embargo, para llegar a esto serán necesarias “medidas de apoyo”, relacionadas con un recorte del IVA. Además, los Veintesiete ven necesario un “rápido aumento de la producción” de estos equipos en el interior de la Unión, para reducir la dependencia de Asia, un continente desde el que “se ha experimentado un aumento de las importaciones en los últimos años”.

Proyectos renovables

Esta transición es un proceso largo. De hecho, Bruselas estima que se requieren nueve años para poner en funcionamiento los parques eólicos, mientras que para los solares se necesitan cinco. “Un tiempo con el que no contamos”, asegura el Ejecutivo comunitario.

De igual forma, el REPowerEU reduciría los tiempos de manera radical, pues los proyectos nuevos quedarían en un año y en seis meses las ampliaciones o mejoras a los ya existentes. Ante esto, los Veintisiete extienden una propuesta a los Estados miembros, consistentes con identificar áreas específicas que estén especialmente adaptadas para la instalación de plantas renovables.

El hidrógeno como columna vertebral

Este elemento químico “será clave para sustituir el gas natural, el carbón y el petróleo en las industrias y el transporte difíciles de descarbonizar”, indica la comunicación del Ejecutivo.

Con esta premura por el choque con Rusia, la Comisión propone pasar de 10 a 20 millones de toneladas de hidrógeno verde antes de 2030, produciendo la mitad la UE y la otra mitad importándolo.

En este contexto, la idea principal es que este flujo verde fluya, sobre todo, a través de los corredores del Mediterráneo y el mar Norte hacia los polos industriales del centro. Situación en la que España juega un papel sumamente importante; por la producción propia y por el tránsito de este hasta el norte africano. Sin embargo, se necesitaría incrementar sus limitadas conexiones con el resto de la UE bien sea a través de Francia o Italia.

Como si fuese poco, también se requiere del corredor del mar del Norte, por lo que la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, viajó el mismo día de la presentación del plan europeo hasta las costa danesa con los jefes de Gobierno de Alemania, Dinamarca, Países Bajos y Bélgica, con el propósito de impulsar un proyecto eólico marino y de hidrogeno renovable.

Biometano, el gas autóctono

El biometano es un gas procedente de residuos orgánicos, sin embargo, desempeñará un papel esencial. Bruselas, por su parte, lo define como “una vía rentable para alcanzar nuestra ambición de reducir las importaciones de gas de Rusia”.

Si se duplican los objetivos actuales hasta llegar a los 35.000 millones de metros cúbicos, se cubriría la cuarta parte del gas que se consume hoy en la UE. Sin embargo, para esto serán necesarios 37.000 millones de euros de aquí a 2030.

¿Cuál es el plan de inversión?

La Comisión Europea plantea que los Estados miembros incluyan la desconexión de energía rusa en su plan de recuperación. Además, se movilizarán unos 72.000 millones en subsidios y otros 225.000 millones en préstamos aún disponibles de esos recursos.

Por otro lado, está una opción de financiación bastante criticada, pues Bruselas pretende obtener unos 20.000 millones de euros a través de la subasta de derechos de emisión de CO2 adicionales que actualmente se encuentran en la reserva de estabilidad, un mecanismo creado precisamente para retirar del mercado el exceso de derechos. Sin embargo, la Comisión se excusa diciendo que estos derechos adicionales serán “reabsorbidos” en los próximos años. @mundiario

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