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América Latina recauda poco y queda en mala posición frente a la crisis mundial

América Latina es todo lo contrario a Europa, aunque igualmente forme parte de Occidente. Sus Estados no puede endeudarse hasta el límite, o incluso más allá
América Latina recauda poco y queda en mala posición frente a la crisis mundial
Una jornada de recaudación del impuesto sobre la renta en el Servicio de Administración Tributaria (SENIAT) de Venezuela / El Nacional.
Una jornada de recaudación del impuesto sobre la renta en el Servicio de Administración Tributaria (SENIAT) de Venezuela / El Nacional.

En la región más desigual y con mayor volatilidad económica en todo el planeta, no hay espacio para el equilibrio de las cuentas públicas de los gobiernos. América Latina es todo lo contrario a Europa, aunque igualmente forme parte de Occidente. Sus Estados no puede endeudarse hasta el límite, o incluso más allá, de sus pequeños aparatos fiscales y presupuestos. Los déficits y la contracción en el flujo de rentas que entra desde Asia, Europa y Estados Unidos hacia la región han generado escasez de capital en los países sudamericanos y centroamericanos.

Aun así, con las pocas armas que tienen, la respuesta de los países latinoamericanos a la crisis económica derivada de la pandemia ha sido la fiscal: la región, se dice al unísono desde prácticamente todos los ángulos de análisis, no tiene el músculo tributario suficiente para hacer frente a ese complejo contexto. Esto implica que las arcas de los Estados latinoamericanos no cuentan con la liquidez ni la base financiera suficiente como para sufragar gastos con presupuestos cercanos al millón de dólares por la descomunal demanda social, sanitaria y económica de una población cuyo 50% trabaja, vive y subsiste en la economía informal en toda la región.

Y es algo tan cierto como que los avances de los Gobiernos en el capítulo de recaudación han sido, en las tres últimas décadas, discretos respecto a lo que cabría esperar. Los gobiernos latinoamericanos no han sabido, o no han querido, ahorrar en tiempos de vacas gordas para los actuales y también venideros tiempos de vacas flacas. La región no cuenta con un fondo de estabilización macroeconómica en ninguno de sus países, lo que la hace especialmente vulnerables a la volatilidad externa de los principales mercados occidentales y los mercados emergentes, que cotizan las exportaciones de materias primas de países como Perú, Colombia, Brasil y Argentina.

Los países de América Latina y el Caribe ingresan hoy, de media, el 23,1% del PIB, siete puntos más que en 1990 pero todavía 11 puntos porcentuales largos menos que la media de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y en niveles muy similares a los de una década atrás, según los datos hechos públicos este miércoles por el centro de pensamiento por excelencia de las economías avanzadas, es decir, depende de ingresos diarios.

La región todavía tiene muchas tareas pendientes en materia de recaudación fiscal, pues sus sistemas tributarios son regresivos y no gravan la riqueza de las élites financieras, empresariales y políticas de sus países, motivado también por el flagelo endémico de la corrupción en toda América Latina.

En la siguiente década los Gobiernos aplicaron recortes sobre el gasto público y, sobre todo, reforzaron la capacidad recaudatoria “disminuyendo los tiempos de recaudación e indexando las obligaciones fiscales”. La prioridad era bajar el gasto público para evitar escaladas inflacionarias que originaran crisis extremas. Venezuela, claramente, no siguió el ejemplo.

En paralelo, el IVA ha desempeñado un papel igualmente esencial: si en 1980 solo 12 países de América Latina y el Caribe gravaban el consumo, una década después ya eran prácticamente todos, según un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

Las bases tributarias e la región han subido junto con los tipos medios de interés, pero estos han dejado de expandirse con el paso de los años. Hay mucha recaudación por la vía del IVA pero poca por la vía de las aduanas y los grandes patrimonios. Sin duda, falta mucho camino por recorrer en América Latina para que sus naciones cuenten con fondos especiales que los ayuden a surfear crisis multidimensionales como la actual; bautizada por el FMI como la Gran Reclusión de 2020. @mundiario

América Latina es todo lo contrario a Europa, aunque igualmente forme parte de Occidente. Sus Estados no puede endeudarse hasta el límite, o incluso más allá, de sus pequeños aparatos fiscales y presupuestos. Los déficits y la contracción en el flujo de rentas que entra desde Asia, Europa y Estados Unidos hacia la región han generado escasez de capital en los países sudamericanos y centroamericanos.

Aun así, con las pocas armas que tienen, la respuesta de los países latinoamericanos a la crisis económica derivada de la pandemia ha sido la fiscal: la región, se dice al unísono desde prácticamente todos los ángulos de análisis, no tiene el músculo tributario suficiente para hacer frente a ese complejo contexto. Esto implica que las arcas de los Estados latinoamericanos no cuentan con la liquidez ni la base financiera suficiente como para sufragar gastos con presupuestos cercanos al millón de dólares por la descomunal demanda social, sanitaria y económica de una población cuyo 50% trabaja, vive y subsiste en la economía informal en toda la región.

Y es algo tan cierto como que los avances de los Gobiernos en el capítulo de recaudación han sido, en las tres últimas décadas, discretos respecto a lo que cabría esperar. Los gobiernos latinoamericanos no han sabido, o no han querido, ahorrar en tiempos de vacas gordas para los actuales y también venideros tiempos de vacas flacas. La región no cuenta con un fondo de estabilización macroeconómica en ninguno de sus países, lo que la hace especialmente vulnerables a la volatilidad externa de los principales mercados occidentales y los mercados emergentes, que cotizan las exportaciones de materias primas de países como Perú, Colombia, Brasil y Argentina.

Los países de América Latina y el Caribe ingresan hoy, de media, el 23,1% del PIB, siete puntos más que en 1990 pero todavía 11 puntos porcentuales largos menos que la media de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y en niveles muy similares a los de una década atrás, según los datos hechos públicos este miércoles por el centro de pensamiento por excelencia de las economías avanzadas, es decir, depende de ingresos diarios.

La región todavía tiene muchas tareas pendientes en materia de recaudación fiscal, pues sus sistemas tributarios son regresivos y no gravan la riqueza de las élites financieras, empresariales y políticas de sus países, motivado también por el flagelo endémico de la corrupción en toda América Latina.

En la siguiente década los Gobiernos aplicaron recortes sobre el gasto público y, sobre todo, reforzaron la capacidad recaudatoria “disminuyendo los tiempos de recaudación e indexando las obligaciones fiscales”. La prioridad era bajar el gasto público para evitar escaladas inflacionarias que originaran crisis extremas. Venezuela, claramente, no siguió el ejemplo.

En paralelo, el IVA ha desempeñado un papel igualmente esencial: si en 1980 solo 12 países de América Latina y el Caribe gravaban el consumo, una década después ya eran prácticamente todos, según un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

Las bases tributarias e la región han subido junto con los tipos medios de interés, pero estos han dejado de expandirse con el paso de los años. Hay mucha recaudación por la vía del IVA pero poca por la vía de las aduanas y los grandes patrimonios. Sin duda, falta mucho camino por recorrer en América Latina para que sus naciones cuenten con fondos especiales que los ayuden a surfear crisis multidimensionales como la actual; bautizada por el FMI como la Gran Reclusión de 2020. @mundiario