Alcoa en San Cibrao: Toda una comarca en vilo por el futuro de 'la fábrica'

Planta de Alcoa en San Ciprián. / Cadena SER
Planta de Alcoa en San Ciprián. / Cadena SER
Son malos tiempos para la industria. Ha dejado de crecer en Galicia, como en el conjunto de España, en la proporción que lo hacía un par de años atrás. Dicen que la culpa la tiene principalmente el frenazo de la exportaciones.
Alcoa en San Cibrao: Toda una comarca en vilo por el futuro de 'la fábrica'

La fábrica. Así es como denominan sus empleados y los habitantes de la Mariña Occidental el gran complejo industrial de Alcoa en San Cibrao, por cuya continuidad hay a día de hoy un más que fundado temor al haberse reducido sensiblemente la producción. La decisión, que  tomó la multinacional tras la venta el pasado verano de las instalaciones de A Coruña y Avilés, obedece a un intento de reducir las pérdidas millonarias que le genera su actividad en España y ha sido respondida con movilizaciones por parte de los trabajadores y sectores sociales y políticos de la comarca que esta vez ven más cercana que nunca la posibilidad de que su motor económico se apague definitivamente. Los efectos serían devastadores para una zona que hasta ahora no ha encontrado alternativas a un monocultivo industrial en permanente reconversión y altamente dependiente de los costes energéticos.

Pequeñas poblaciones y muchas áreas geográficas cuya economía depende casi en exclusiva de una única empresa o de un sector están condenadas a vivir en una angustia permanente por el temor a que una decisión estratégica de los empresarios o un cambio de coyuntura económica les deje sin futuro. Esa sensación la tienen los mariñaos casi desde el mismo momento que se pusieron en marcha las factorías de alúmina y aluminio, pronto hará cuatro décadas. Cada cierto tiempo, sobre todo en los últimos años, hace su aparición el fantasma de un eventual cierre de "la fábrica" que les da de comer a ellos y a muchos de sus vecinos. Por su experiencia deberían estar vacunados frente a esa amenaza. Pero en esta ocasión creen tener motivos más motivos de inquietud, por la forma en que viene actuando la dirección de Alcoa y por las sucesivas reducciones de la actividad productiva.

En el caso de Alcoa San Cibrao, las mil cien familias de los trabajadores del complejo están en vilo por un cierre que, de producirse, traería aparejada la pérdida de al menos otros cinco mil empleos indirectos, entre empresas auxiliares y de servicios, subcontratas, hostelería, restauración, comercio, etc. No hay alternativa laboral para semejante contingente de mano de obra, ni para la mitad siquiera, salvo que cayese del cielo otra multinacional que opere en ese mismo sector dispuesta resucitar la planta o a emprender otra típica actividad de enclave. Sin embargo, algo así parece poco probable estando como estamos en una fase de deslocalizaciones y desinversiones que acaban convirtiendo en páramos determinados territorios hasta ayer industrialmente florecientes. Sobran ejemplos en Galicia y en el resto de España. Es lo que toca, dicen los especialistas.

Son malos tiempos para la industria. Ha dejado de crecer en Galicia, como en el conjunto de España, en la proporción que lo hacía un par de años atrás. Dicen que la culpa la tiene principalmente el frenazo de la exportaciones, pero hay más causas vinculadas con la necesaria actualización de los procesos productivos en todo tipo de actividades que nos ha de llevar a la denominada industria 4.0. Demasiadas factorías se quedaron obsoletas y las empresas no encuentran rentable su reconversión integral. Les sale más a cuenta echar el cerrojo. En el caso de "la fábrica" de alúmina y aluminio de San Cibrao el cierre se justifica por los elevados costes energéticos y por no disponer del dichoso estatuto de las industrias electrointensivas. Sin embargo, según algunos analistas, la decisión responde en realidad a otras razones frente a las cuales hay escaso margen de maniobra. No hay que darse por vencidos, dicen las gentes de A Mariña, que confían en prolongar por algún tiempo la agonía, como sucedió con las plantas de Avilés y A Coruña. Entre tanto, conviene ir pensando en alternativas industriales o de otro tipo, pero con los pies en el suelo. Y raíces en la tierra. @mundiario

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