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Albino Prada: "Seguiremos escarbando, aún sin entrar en recesión"

"Necesitamos inmigrantes legales y con empleos dignos para mover nuestra economía y necesitamos que, al mismo tiempo, exista mucha más competencia en mercados como el financiero o el energético", propone el economista Albino Prada en esta entrevista.
Albino Prada: "Seguiremos escarbando, aún sin entrar en recesión"
Albino Prada. / Mundiario
Albino Prada. / Mundiario

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Mario Gontade

Mario Gontade

El autor, MARIO GONTADE, es analista de la actualidad. @mundiario

"Seguiremos escarbando, aún sin entrar en recesión", aventura el economista Albino Prada, miembro de ECOBAS y ATTAC, colaborador de MUNDIARIO y autor, entre otros, de los libros El despilfarro de las naciones y Crítica del hipercapitalismo digital.

– Hay síntomas de que se puede desencadenar una nueva crisis. ¿Cuáles destacaría?

– La crisis financiera de 2008 fue un tratamiento de shock en un prolongado proceso de globalización financiera y empobrecimiento social. Si antes de ese año ser un mileurista era un estigma, ahora –en la llamada recuperación– ser mileurista pasó a ser un privilegio. Amplios sectores sociales viven hoy, y de forma creciente a lo largo de los últimos diez años, un proceso lento e imparable de empobrecimiento. Las clases medias se están evaporando. No funciona la escalera social. Los hijos no viven mejor que sus padres. Y vuelven a emigrar. Puede no llegar una nueva recesión, pero ya vivimos en una crisis social permanente. Estudios del Foro Económico Mundial demuestran que en la última década la inclusividad social (lo que evitaría la evaporación de las clases medias) se ha deteriorado en casi todos los países mientras el PIB crecía. No había crisis de crecimiento económico, pero sí progresivo deterioro del bienestar social. España y Grecia, sintomáticamente, son en estos análisis los dos países desarrollados donde más se habrían empobrecido las clases medias. La crisis no va a llegar, seguimos instalados en ella. En mi opinión estaríamos en lo que cuenta Antón Costas cuando, refiriéndose a la recesión de los ochenta, le dijo a su maestro Fabián Estapé: “Creo que ya hemos tocado fondo”, a lo que Estapé respondió: "Chaval, recuerda que siempre es posible escarbar". Pues eso: seguimos escarbando en nuestro deterioro social, aún sin entrar en recesión.

– Pero ahora incluso el PIB podría llegar a estancarse o a entrar en recesión. ¿Cómo afectaría esto a la economía?

– Lo raro sería que no se desacelerase el crecimiento. Con jóvenes por debajo del mileurismo y con clases medias en declive (y esto es así en EE UU, Reino Unido, Alemania o España) lo raro es que fuésemos capaces de comprar todo lo que somos capaces de producir a escala global.  Eso explica que las economías más deficitarias del mundo (EE UU y Reino Unido) busquen una falsa salida proteccionista (guerra comercial con China y Brexit) para asegurarse que la demanda interna la cubren cada vez más con productos y empleos nacionales. Lo que provoca problemas de mercados exteriores de las dos economías con más superávits exteriores: China y Alemania. En conjunto el resultado es una caída de la economía global que, por ejemplo, en España está deteriorando nuestras exportaciones o el turismo y, con ello, un motor básico de nuestro crecimiento en estos años. Lo que podría provocar que ahora no solo tengamos deterioro del bienestar social con crecimiento, sino un aún mayor deterioro social con una prolongada desaceleración.

– ¿Podría la demanda interna compensar y así escapar de ambos deterioros?

– En una economía global controlada, en sus factorías y en las finanzas, por grupos como Vanguard o Blackrock el proceso de deterioro social es imparable porque, por un lado, controlan cada vez una mayor porción de la riqueza generada y, por otro, chantajean a todos los países con retirar sus inversiones si no se les da un trato fiscal y laboral atractivo para sus intereses. Lo que se traduce en una imparable devaluación y crisis fiscal con una paralela devaluación laboral y salarial. Por ambas vías la demanda interna flaquea.  Por el lado del gasto y de la inversión pública (que podrían ser motores de bienestar y de un nuevo modelo de crecimiento, ver aquí) baste decir que si en 2007 España tenía una deuda pública del 64,5% del PIB en 2020 la tendremos del 95,7%. Grecia pasó en ese período del 103,1% al 168,9%. Son economías que ante la más mínima turbulencia de los mercados de deuda están en jaque, países condenados por sus acreedores a no poder salir de esa ratonera fiscal (digo ratonera porque hablar de reforma fiscal es sacrilegio mediático). Ajustes, austeridad y control del déficit permanentes. Alemania en ese período pasó del 63,7% de deuda al 55,6%. Pero se niega a gestionar la eurozona como un espacio de cohesión social, y sólo lo hace para beneficiarse del euro y de sus mercados. No hace lo que a otros no deja hacer, aunque ella sí podría y debiera hacerlo.

– ¿Y por el lado del consumo privado?

– La devaluación laboral y salarial con la destrucción de las clases medias están provocando un fenómeno relativamente nuevo respecto al período previo a 2008: hoy el sector financiero tiene un gigantesco exceso de capitales que no encuentra a quién prestar. La gente, por un lado, no puede endeudarse si no tiene unos ingresos estables y crecientes, pero, por otro, aún está muy reciente la memoria de bancarrotas y desahucios del endeudamiento anterior. Aunque los tipos de interés sean bajos. Así las cosas los grupos (energéticos, telecomunicaciones, financieros, inmobiliarios, comerciales, etc.) más o menos oligopólicos que controlan nuestros mercados de bienes y servicios mantienen sus márgenes y rentabilidades a costa de exprimir al consumidor. Es así como la agonía del consumo privado está servida: difícil gastar si no te endeudas y si, al mismo tiempo, tienes que pagar unos precios abusivos.

– ¿Se realimenta con ello la destrucción de las clases medias?

– Efectivamente. Con crecimiento económico: no llegas ni a mileurista, y con estancamiento: lo mismo pero con más paro. Se observa bien todo esto, el cómo persistimos en escarbar en nuestro deterioro social, en un gráfico que elaboré para un reciente informe. Recoge como “escarba” la participación de las rentas salariales en el PIB para Galicia hasta el 46,8% (en el conjunto de España sucede algo semejante: “escarban” del 50,9% en 2010 al 46,9% en 2017). Se comprueba bien quienes salieron de la crisis y quiénes no. En esto sólo dejará de haber recesión cuando las rentas salariales dejen de caer.

En situaciones así es cuando vemos como emergen salvadores de los muchos perdedores sociales (en EE UU, Reino Unido, Alemania, Italia o España) con un argumentario xenófobo y de retorno al país de la infancia. Líderes que prometen regresar al país en el que funcionaba la escalera social. Un producto, una ilusión, que muchos ciudadanos compran porque promete una salida milagrosa de la ratonera social en la que estamos atrapados. Aunque es, como ya sucedió otras veces, una falsa salida.

– ¿En España se está haciendo lo posible para evitar este declive o estas falsas salidas?

– Necesitamos inmigrantes legales y con empleos dignos para mover nuestra economía (productiva, turística, servicios sociales, etc.) y necesitamos que, al mismo tiempo, exista mucha más competencia en mercados como el financiero o el energético en los que tenemos mayor concentración que Alemania y ningún actor público, como sí tienen en Francia.  Pero para ello necesitamos embridar la descomunal presencia que están acaparando grupos de inversión globales como Vanguard o Backrock en el IBEX-35 (ver aquí). Como nada se está haciendo en esta doble dirección tenemos las manos atadas. Mientras seamos parte de la eurozona necesitamos un Banco Central Europeo y una Comisión Europea que no estén tutelados por los intereses exclusivos de una hegemonía alemana ordoliberal. El patético caso de Grecia, con lamentos a posteriori, dejó paladinamente claro en qué términos se juega con el discrepante: corralito de cajeros bancarios incluido en la jornada electoral.  De manera que la disciplina presupuestaria de hierro será el freno nuestro de cada día. Y eso, en ausencia de una reforma fiscal progresiva y progresista de la que casi nadie quiere hablar, es igual que querer andar con los pies atados.

– No parece optimista con la renovación política en Bruselas...

– De las nuevas responsables de ambas instituciones, apoyadas por una socialdemocracia europea abducida, poco o nada podemos esperar en otra dirección. Y es una pena, porque solo a escala europea podríamos si acaso enfrentar los embates, y definir una posición propia, en la disputa hegemónica que Estados Unidos le está planteando a China en el control del mundo del siglo XXI. Por aquí aparecerá algún popular vendedor de crecepelo (revolución digital, competitividad y algunos trucos verdes, … son mantras retóricos que funcionan bien), jaleado por los que hace mucho tiempo que no están en crisis y siguen queriendo ganar por goleada. @mundiario