Agustín Carstens defiende su legado en el Banxico antes de irse a Suiza

Agustín Carstens, gobernador del Banco de México.
Agustín Carstens.

El gobernador del Banco de México ha dado una conferencia en la Conferencia Bancaria anual para defender el rendimiento de la economía mexicana.

Agustín Carstens defiende su legado en el Banxico antes de irse a Suiza

Agustín Carstens ha acudido a su última Convención Bancaria anual con una apología de su trabajo al frente del Banco de México (Banxico). El Gobernador de dicha institución es de lejos uno de los personajes más respetados en el mundo económico, por lo que sus palabras no pasan desapercibidas por nadie, especialmente en tiempos de crisis para la economía mexicana.

"No se puede decir que el Banco de México haya sobrerreaccionado. Ha actuado de manera preventiva, para que el ajuste sea ordenado y las expectativas de inflación queden ancladas",  dijo Carstens mientras hacía memoria que la moneda mexicana se ha apreciado en las últimas sesiones tras los mínimos alcanzados hace tres meses. “Ha incrementado la credibilidad del banco central", explicó.

Este experimentado economista llegó al puesto hace siete años y lo abandonará de forma definitiva en noviembre, cuando parta a Basilea, Suiza, para hacerse cargo de la coordinadora global de los bancos centrales. Y lo hará tras haber cumplido con creces su trabajo al frente de esta institución y las tormentas que le sacudieron en los últimos meses. “Es un momento singularmente complejo para la economía mundial y mexicana”, admitió. “Pero el Banco de México es una de las grandes fortalezas institucionales de México y ha cumplido con su mandato”, presumió. Carstens remarcó que la inflación haya subido en promedio un 3.5% en estos últimos diez años, contrastando con la tasa de dos dígitos que dominó entre 1994 y 2004. Los precios actuales han sufrido un alza de casi el 5%, que está fuera del rango fijado por Banxico debido a la liberalización de los precios de la gasolina según su análisis, pero espera que la misma caerá al 3% para el año entrante y remarcó el “bajo traspaso” de la depreciación del peso a la inflación.

Hace algo más de un año, México disfrutaba un tiempo de paz y estabilidad económica. EL PIB subía más allá de su potencial, la sobreoferta de petróleo –que en su momento fue uno de los grandes sostenes de la economía del país latinoamericano- no se había cebado con los precios del mismo, el peso todavía no había llegado a los mínimos de hace algunos meses, aunque ya empezaba a advertirse una debacle y el Gobierno hacía recortes a diestra y siniestra. Con todo, el panorama no invitaba del todo al pesimismo pues no se avistaba ninguna debacle política ni económica. Incluso la irrupción del discurso antimexicano y antilibre comercio de Donald Trump que arrasaba en las elecciones primarias del Partido Republicano parecía ser una simple amenaza temporal con pocas opciones reales de ganar las elecciones generales, en las que se enfrentaría a Hillary Clinton, con un discurso mucho más distanciado del suyo. Puede que la situación económica de México no era perfecta, pero cerraba cada trimestre por encima de sus mismas expectativas.

Y en 12 meses, todo cambió. Trump ya lleva más de dos meses como titular del Ejecutivo Federal de su país y eso ha abierto frentes en las agendas de Washington y la Ciudad de México, como la renegociación del TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte), así como las condiciones para el nuevo impuesto fronterizo prometido por el líder conservador. Varios de los proyectos de inversión planeados para México se han bloqueado o atrasado. Los precios van a un ritmo de crecimiento del 5% -superando de lejos las predicciones del Banxico-, los tipos de interés han doblado los planes iniciales de Carstens 3.75% contra el 6.25% en el que están actualmente, y todo eso suma en contra de un país muy poco bancarizado. Hasta aquí, la Ciudad de México se las ha ingeniado para controlar los primeros pasos de Trump e incluso lo han hecho mejor de lo que se esperaba. El peso, la moneda y gran termómetro de la situación económica del país, se ha recuperado de las estrepitosas caídas de los últimos meses gracias a las intervenciones de emergencia del Banxico.

Con todo, las dudas no se han despejado. Y el principal guardián de la economía se irá a Suiza y dejará un gran vacío para el que todavía no hay un nombre sustituto. Y encima de ello, se vienen las elecciones presidenciales del próximo año, en las que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) se vislumbra como el gran favorito en los primeros sondeos. El gran problema con AMLO, es que por mucho que pelee contra Trump y el PRI, su discurso es marcadamente populista, un término que pone los pelos de punta a los economistas. “Los países que más se han desarrollado son los que han optado por el liberalismo. No con posiciones dogmáticas que cierran espacios de libertad y participación a la ciudadanía. El riesgo de que la sociedad opte por salidas rápidas e ilusorias va en aumento”, criticó Enrique Peña Nieto, actual presidente del país. Por ello, la agenda de la convención que engalanó Carstens ha tomado las elecciones presidenciales como uno de sus puntos de referencia. Liberalismo versus populismo, rezaba el lema oficial de la misma. La guerra está anunciada y el mejor soldado está a punto de retirarse.

Agustín Carstens defiende su legado en el Banxico antes de irse a Suiza
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