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¿Por qué la Agencia Tributaria española no es más simpática?

La AEAT tiene aspectos sobresalientes, pero es necesario que lleve a cabo algunas reformas, entre ellas, que modifique radicalmente su forma de comunicarse con los contribuyentes o que aproveche el uso de las nuevas posibilidades tecnológicas…

¿Por qué la Agencia Tributaria española no es más simpática?
Formularios AEAT
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Santiago Lago Peñas

Santiago Lago Peñas

El autor, SANTIAGO LAGO, es catedrático de Economía Aplicada y director del Grupo de Investigación GEN, de la Universidad de Vigo. Publica en revistas especializadas nacionales y extranjeras, sirve en varios consejos editoriales y es editor ejecutivo de la principal revista española en el ámbito de la economía pública, Hacienda Pública Española/Review of Public Economics. Consultor de diversos organismos internacionales y uno de los integrantes de la Comisión de Expertos creada por el Ministerio de Hacienda en 2017 para la reforma de la financiación autonómica, es codirector de la Red de Investigadores en Financiación autonómica y Descentralización en España (RIFDE), director del Foro Económico de Galicia, responsable de la Cátedra del Instituto de Empresa Familiar en la Universidad de Vigo, investigador del Institut d’Economía de Barcelona y colaborador de la Fundación FUNCAS. Ha sido consejero del Consello Económico e Social de Galicia y ahora asesora a empresas e instituciones públicas y privadas. Columnista prolífico, colabora en MUNDIARIO, El País, Cinco Días, Faro de Vigo y la cadena SER. @mundiario

La Agencia tributaria española tiene aspectos sobresalientes. En general, los servicios de autoliquidación con soporte on-line son fantásticos en perspectiva internacional; su personal es de los más cualificados de la administración pública española; y es muy barata: para todo lo que recauda, sus medios son escasos. En todo lo anterior tenemos poco que envidiar a Canadá o Estados Unidos.

Sin embargo, podemos mejorar algunas cosas. En primer lugar, existe un cierto consenso en que deberíamos invertir más recursos. En particular, personal especializado en informática, que nos permita aprovechar en mayor grado el uso de las nuevas posibilidades tecnológicas (“big data”) para luchar contra el fraude.

En segundo lugar, tenemos que adaptar la agencia a la realidad de un país muy descentralizado como es España. Mi opinión al respecto es que deberíamos convertir la AEAT en una “agencia federal” como en Canadá, que prestase servicio a todos los niveles de gobierno, de forma que aprovechemos economías de escala y flujos informativos sobre los contribuyentes.

Finalmente, lo más fácil. La AEAT debe cambiar radicalmente su forma de comunicarse con los contribuyentes. Incluso para los que nos dedicamos a esto, a veces es difícil entender lo que se nos quiere decir. Tenemos que leer la carta 2 o 3 veces. ¿De verdad que no es posible explicar las cosas para que las entienda la gente? Mi propuesta es que los escritos sean sintéticos (todo lo que exija más de un folio, seguramente está mal explicado) y comprensibles para el no experto en derecho tributario. Y el que quiera conocer el detalle y los fundamentos de derecho, que tenga la opción de descargarse on-line informes todo lo prolijos que se quiera. Además, el tono de las cartas es extraordinariamente frío. La AEAT no debe perder de vista que se dirige a personas que están contribuyendo a la Sociedad. La experiencia internacional muestra que se pueden hacer las cosas con la misma severidad, pero con formas más amistosas y empáticas.