Adiós al Ecopostureo

Un supermercado. / RR SS
Un supermercado. / RR SS
El Gobierno planea una ley que multará con hasta 100.000 euros a aquellos productos que usen el Greenwashing considerándolo ya una práctica fraudulenta

Hoy en día, la preocupación por nuestro medio ambiente ha aumentado significativamente. Cada vez más consumidores quieren apoyar a empresas cuyo proceso de producción sea sostenible y respete al máximo nuestro planeta. La creciente demanda de este tipo de productos ha creado un fenómeno llamado Greenwashing o en español, Ecopostureo. ¿Pero, qué es esto? Y lo más importante, ¿cómo te afecta en tu vida diaria? 

El Ecopostureo atrae al cliente con falsos reclamos 

Este fenómeno consiste simplemente en el uso de diseños publicitarios que se relacionan con prácticas sostenibles como piedra angular de los negocios ya sea a través de imágenes o palabras. En realidad son sólo medidas superficiales, si no contrarias a lo que pretenden mostrar. Sería imposible enumerar todos los casos de Greenwashing que vemos en nuestra vida diaria: desde empresas que se jactan de neutralizar sus emisiones de carbono, pero siguen utilizando combustibles fósiles, hasta otros casos más familiares como la donación de un determinado porcentaje de las ganancias a causas ambientales, buscando más incentivos fiscales que cualquier otra cosa. 

La importancia de saber distinguir 

Entonces, ¿cómo se distinguen las buenas prácticas empresariales de una mera campaña de marketing? Lo cierto es que existe un patrón general entre las empresas que utilizan Ecopostureo como el uso excesivo de términos vagos como "natural", "de la tierra" o "ecológico", la puesta en marcha de pequeñas iniciativas verdes (ignorando a la vez otras prácticas peores) o finalmente el uso de imágenes, embalajes, etc. que asemejan esta relación con lo "natural". Por ejemplo, podríamos hablar de esos “dulces artesanos” que, aunque son "completamente naturales", se pueden dejar en la despensa y seguirán en perfecto estado al cabo de un año o dos, o de todos esos productos que han ido cambiando con el paso de los años su embalaje original por otros con tonalidades azules (mar), verdes (prado) o marrones (tierra) en función de la imagen que se quiera reforzar. 

La ley acabará con algunas de las estafas más sonadas 

El Greenwashing tiene graves consecuencias más allá de la falta de esas prácticas sostenibles que prometen, porque distrae de esfuerzos realmente útiles y despierta mucha desconfianza entre los consumidores. Escándalos como el de Volkswagen en 2015, que consistió en la manipulación del recuento de las emisiones de sus vehículos diésel pese a declararlos "limpios" han sido clave a la hora de poner este tema en el foco mediático. También es cierto que las distintas administraciones no deberían, por supuesto, limitarse a crear regulaciones estrictas, sino que también tienen la responsabilidad de predicar con el ejemplo invirtiendo en proyectos ecológicos y sostenibles para las ciudades. En la guía elaborada por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 se muestran algunos ejemplos de lo que la ley perseguirá una vez se apruebe si bien, quizá debamos reflexionar sobre un asunto: partiendo de la base de que el mercado se organiza para satisfacer las distintas demandas que como consumidores hacemos, ¿somos los responsables de que se haya banalizado el cuidado del medioambiente?, ¿compramos esos productos para aliviar nuestras conciencias?

Cuidar nuestro medioambiente no puede ser una cuestión de marketing. @mundiario 

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