Del 27% al 8%: el nuevo objetivo del Gobierno para paliar la desigualdad
España ha vivido demasiado tiempo con el desempleo como telón de fondo estructural. Rozó el 27% en 2013, en plena resaca de la burbuja inmobiliaria y la Gran Recesión, y durante años el doble dígito fue una costumbre incómoda, casi asumida. Ahora, tras 17 años de travesía estadística y política, el país abandona ese umbral psicológico. Pero para el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, el reto no es solo celebrar el hito: es consolidarlo y profundizarlo. Su meta es ambiciosa y cargada de simbolismo: reducir la tasa de paro por debajo del 8%, un nivel que no se veía desde 2007.
En un acto celebrado en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) bajo el lema Desigualdad, es hora de actuar, Cuerpo dejó claro que el desempleo no es únicamente una variable macroeconómica. Es, en su diagnóstico, el núcleo duro de la desigualdad española. Menos paro no solo implica más cotizantes o más consumo; implica menos fragilidad, menos incertidumbre y menos fractura social.
El mensaje central del ministro es que crecimiento y equidad no son fuerzas opuestas, sino engranajes del mismo mecanismo. España ha creado el 40% del empleo de la zona euro en 2024 y 2025, pese a representar apenas el 10% de su peso económico. Además, la mitad de esos nuevos puestos de trabajo se concentran en sectores de mayores salarios. La narrativa oficial es clara: el país está creciendo mejor, con menos dependencia del ladrillo y más equilibrio productivo.
Sin embargo, bajo las cifras optimistas late una tensión evidente. Las crisis recientes —pandemia, inflación, conflictos geopolíticos— han dejado una huella psicológica en los hogares. Aunque los indicadores de desigualdad estén en mínimos de dos décadas, la percepción de inseguridad económica persiste. Cuerpo ha introducido un concepto que va más allá de la estadística clásica: seguridad económica. Porque la desigualdad no es solo cuánto se gana, sino cuán vulnerable se siente una familia ante el próximo shock.
El empleo como política social estructural
La apuesta por bajar del 8% no es solo técnica; es política y simbólica. El empleo estable actúa como cortafuegos ante lo que el ministro llamó la proliferación de “cisnes negros”. En este sentido, mencionó el papel del Consorcio de Seguros, que ha abonado 4.200 millones de euros a afectados por la dana en Valencia, como ejemplo de cómo el Estado puede amortiguar golpes extraordinarios.
Pero el verdadero amortiguador, en la visión del Gobierno, es el trabajo. Un mercado laboral más robusto reduce la pobreza, sostiene el consumo y refuerza la cohesión territorial. Cuerpo también envió señales a los agricultores preocupados por el acuerdo con Mercosur y a la llamada España vaciada, defendiendo una agenda de industrialización que alcance a todo el territorio.
La ecuación es clara: menos paro, menos desigualdad. Pero no todos los expertos comparten la idea de que el crecimiento, por sí solo, baste.
La advertencia internacional: riqueza concentrada y brecha persistente
El economista Joseph Stiglitz, premio Nobel, recordó en un mensaje grabado que el 1% más rico ha acaparado el 41% de la riqueza creada desde 2000, mientras el 50% más pobre solo ha recibido el 1%. Su intervención puso el debate en perspectiva global: el crecimiento puede coexistir con una desigualdad extrema.
En España, según señala EL PAÍS, los sociólogos Olga Salido y Raúl Flores defendieron la inversión en primera infancia como herramienta más eficaz contra la desigualdad estructural. El ascensor social, dijeron, no está roto, pero sí es selectivo: favorece a quienes parten de posiciones privilegiadas y penaliza a clases medias y trabajadoras, especialmente a las mujeres.
El economista Luis Ayala añadió una alerta incómoda: España sigue figurando entre los países avanzados más desiguales. Y subrayó un dato preocupante: por primera vez, los jóvenes acceden al mercado laboral con salarios iniciales más bajos que generaciones anteriores. La vivienda, además, se ha convertido en el principal factor de estratificación social.
¿Es el 8% suficiente?
El objetivo de Cuerpo encierra una pregunta más profunda: ¿es el empleo suficiente para cerrar la brecha? La ministra Elma Saiz defendió que “crecer y proteger” son caminos complementarios. Y la presidenta del CSIC, Eloísa del Pino, recordó que la desigualdad es un fenómeno corrosivo para la democracia.
Bajar del 8% sería un hito histórico, pero también un test político. Si se logra sin burbujas ni sobrecalentamientos, marcaría un cambio de modelo respecto al espejismo inmobiliario de principios de siglo. Si no se traduce en estabilidad para jóvenes y acceso real a vivienda, podría quedarse en una victoria estadística. @mundiario