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Tras 18 días embarrancado, el Blue Star fue reflotado

El quimiquero embarrancó en noche de grandes olas, "acamó" en zona de rocas y arena, y ante sí y detrás de sí, es decir, a proa y popa, el Blue Star tenía dos torreones o "cabezos" de roca pura de 4 y 5 metros de alto.
Tras 18 días embarrancado, el Blue Star fue reflotado
El Blue Star, en el puerto de Ferrol. / Twitter
El Blue Star, en el puerto de Ferrol. / Twitter

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Antón Luaces

Antón Luaces

El autor, ANTÓN LUACES, es columnista de MUNDIARIO. Está especializado en información marítima. @mundiario

Confieso haber tenido una cierta desconfianza en torno a la posibilidad de que el buque quimiquero maltés Blue Star pudiese ser reflotado tras haber encallado en una zona de rocas de la costa Ares conocida como As Mirandas. Pero algo me decía al mismo tiempo que el potencial técnico y humano, la larga experiencia en casos similares del personal de la compañía Smit Salvage, a la que la empresa naviera del buque citado había encargado la tarea de descargar las algo más de cien toneladas de combustible para consumo propio que almacenaba en tanques y cerca de diez toneladas más de aceites y residuos almacenados en las sentinas, harían que más temprano que tarde el desencallamiento podía producirse.

Tenía mis dudas, justificadas en: el quimiquero embarrancó en noche de grandes olas, "acamó" en zona de rocas y arena, y ante sí y detrás de sí, es decir, a proa y popa, el Blue Star tenía dos torreones o "cabezos" de roca pura de 4 y 5 metros de alto, respectivamente. Estos "cabezos" dificultaban sobremanera la maniobra de "extracción" del buque de esa "cama" en la que las olas le depositaron en la cruda noche deL 22 de noviembre de 2019. Dieciocho días después, el buque, con quince tanques de lastre, dañados por la varada y las olas, a los que se insufló aire y selló hasta donde fue posible, fue reflotado gracias a la potencia de tiro de los remolcadores Union Princess Boka Pegasus y las olas de más de cinco metros de altura que se abatían sobre el navío, las rocas y el personal de Smit Salvage hasta que definitivamente al quimiquero pudo ser trasladado, remolcado,  al puerto exterior de Ferrol.

Si la previsión no falla, serán los técnicos y trabajadores de Navantia los que se encarguen de disponer todo lo necesario para que, en no demasiado tiempo, el quimiquero pueda reemprender ruta. Eso sí, con una historia breve pero muy provechosa en sus costillas de acero.

La pertinente inspección submarina indicará los pasos a dar para la recuperación del navío varado en la bajamar nocturna del 22 de noviembre en As Mirandas, lugar que ha sido de culto para muchos contramaestres de muralla que han matado sus horas muertas cruzándose apuestas en torno a si habría o no vertido de fuel y gasóleo y de aceites al mar, de si se podría desencallar o habría que desguazarlo in situ, de si había sido o no correcta la maniobra ordenada por el capitán cuando se apercibió de que el Blue Star garreaba, de si había utilizado correctamente las anclas, sobre la causa de la tardanza de los remolcadores que desde A Coruña y Ferrol acudía en su ayuda por órdenes de la Torre de Control Marítimo. Se pone término, así, a las muchas especulaciones nacidas de las meras comparaciones de  este accidente con otros de corte similar que ha permitido a los técnicos de Smit Salvage demostrar su pericia, su capacidad técnica, el potencial económico de la compañía para afrontar operaciones de este calibre, etc.

Desencallar el quimiquero era la premisa. Lograr que este se mantuviese a flote en su desplazamiento al puerto exterior de Ferrol, otro de los objetivos. Todo ha salido bien. No ha habido víctimas. Se mantienen en pie los agoreros e investigadores de tres al cuarto frustrados porque, en esta ocasión, no ha habido vertidos aunque los gritos de "Nunca Máis" se hubieran escuchado de nuevo porque los miedos de cada uno son libres y las nefastas experiencias afloran cada pocos años en un mar y una costa, de Galicia, que parecen empeñados en demostrar que nada es fácil cuando se habla de olas, de viento, de buques, de hombres y mujeres con salitre en el alma. 

El "Prestige", como antes el "Polycommander", el "Erkowit", el "Andros Patria", el "Aegean Sea", el "Cason", el "Urquiola" y un largo etc. en el que hay que integrar un buen número de barcos pesqueros y deportivos, son solo hitos de una historia de muertos, viudas y huérfanos, de padres y hermanos que lloran permanentemente la muerte –y lo que es peor, la desaparición– de sus seres queridos que optaron o no pudieron evadirse de su destino en el mar. @mundiario