Vingegaard dicta sentencia en la Vuelta pese al ruido del UAE
Jonas Vingegaard volvió a dejar claro que, más allá de las disputas internas en el UAE y del ímpetu del Movistar, el auténtico patrón de la Vuelta es él. El danés recuperó el maillot rojo con la frialdad de un campeón que no necesita exhibiciones: le basta con controlar, responder y golpear en el momento justo. Su serenidad contrasta con el terremoto que vive el UAE, donde Ayuso se queja, Almeida ataca y Vine colecciona victorias.
La jornada arrancó con pólvora fuera de la carretera. Juan Ayuso acusó al equipo de “dictadura” tras el comunicado que oficializaba su salida, pero sobre el asfalto intentó redimirse con trabajo en la subida a Belagua. Almeida, en cambio, mostró su carácter con ataques valientes aunque infructuosos. Mientras tanto, Jay Vine, siempre oportuno, firmó su segunda victoria de etapa en esta edición, confirmando que el australiano es la cara más luminosa de un equipo roto por dentro.
El Movistar también quiso ser protagonista en su tierra. Pablo Castrillo y Javi Romo se infiltraron en la escapada y pelearon la gloria hasta el final. Sus esfuerzos fueron neutralizados por Vine, pero el gesto de ambición navarra deja huella: competir sin complejos frente a un bloque que, pese a la crisis interna, se impone con el peso de sus individualidades. El ciclismo, como la vida, premia a los que arriesgan.
En la general, Vingegaard ofreció una lección de oficio. Sin necesidad de fuegos artificiales, respondió a los ataques y controló la ascensión decisiva. Con ese paso firme, le arrebató el liderato a Torstein Traeen, cuyo esfuerzo heroico ya queda como anécdota en una carrera que empieza a oler a dominio danés. Si alguien esperaba debilidad en el bicampeón del Tour, la respuesta fue un golpe seco de autoridad.
Al final, la crónica deja un resumen claro: Vine suma, Ayuso se reivindica, Almeida se expone, el Movistar ilusiona… pero el que manda es Jonas. La Vuelta 2025 ha vuelto de su jornada de descanso recordando a todos que las polémicas y los fuegos artificiales son parte del espectáculo, sí, pero que en la carretera, donde realmente se escribe la historia, hay un solo jefe. Y se llama Vingegaard. @mundiario