Keylor, ‘no jodás, no jodás’

Keylor Navas. / Twitter @NavasKeylor
Keylor Navas. / Twitter @NavasKeylor

Confrontado consigo mismo el pasado domingo en la cancha del Bernabéu, Keylor superó la adversidad del momento, retomó el control y salvó el partido al final.

Keylor, ‘no jodás, no jodás’

Keylor Navas, siendo solo un adolescente, una vez se regresó a su pueblo, ubicado en el extremo sur de Costa Rica, porque no soportó la presión de su estancia en la capital, a la que lleno de sueños había llegado para integrarse a las fuerzas básicas del Deportivo Saprissa.  Hoy, el mundo está pendiente de cada movimiento que realiza dentro del campo de juego no más se da el pitazo inicial.  Ha sido estoico desde su llegada al Real Madrid, soportando presiones de todo tipo, venidas de toda dirección.

Imagino que como en aquel tiempo de juventud, llegó de nuevo lleno de ilusiones y de sueños a integrarse al equipo más popular del planeta fútbol.  Creo que esta vez, con la lección aprendida de San José, sin ninguna intención de recular en su empeño, trabajando a tope para consolidarse como un jugador de élite mundial y escribir su página en la historia del club.

Pero pareciera que el camino de la felicidad está lleno de piedras, “Keylor no jodás, no jodás” dicen algunos que se leía en sus labios, recriminándose a sí mismo por la acción del gol del Betis del pasado domingo en el Bernabéu.  Era el hombre encarando al hombre, aquel que lo venció muchos años atrás y lo llevó a regresar a Pedregoso de Pérez Zeledón.  Esta vez no fue así, no se dejó vencer por su simple humanidad, ya no es el joven que luchó solo, ahora ha sumado a su vida “el arma de doble filo” que lo ayuda a triunfar y que lo sacará de esta, una vez más.  Cree en Dios y lo manifiesta lleno de felicidad cuando expresa: “…me dicen que Dios no existe, pero yo seguiré rezando en cada estadio”.  Por ello, en medio de los silbidos, habrá recordado la promesa del Creador: “Yo estaré contigo siempre”.

Aprender felicidad, es hoy un tema de agenda social.  Así lo entienden en la prestigiosa Universidad de Harvard (EE UU) donde desde hace diez años se enseña felicidad (su cátedra es la más apetecida por los estudiantes).  Sucede parecido en otras 200 universidades alrededor del mundo que enseñan que “aprender a ser feliz es posible”, ayuda al bienestar general, previene enfermedades mentales y mejora la productividad.  Keylor dicta su cátedra, lo habrá aprendido en su fe, en su paz interior, en su capacidad de discernimiento para, como lo parafraseara una alumna de Harvard “aprender a tomar lo bueno y lo malo y aprovechar al máximo lo que brinda la vida”.  Creo que su madurez le da para entender que lo importante no es tanto lo que nos pasa, sino lo que hacemos con ello, de ahí su discusión consigo mismo del pasado domingo, superó la adversidad del momento, retomó el control y salvó el partido al final.

Keylor, ‘no jodás, no jodás’
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