El Sevilla se hunde en Mestalla: Hugo Duro amarga la ilusión de Almeyda
El Sevilla creyó tener el partido donde quería y acabó pagando su propio repliegue. Durante buena parte del encuentro supo sobreponerse a siete bajas ilustres, firmando un ejercicio defensivo notable y rascando un autogol de Tárrega que parecía sentencia. Pero cuando Mestalla ya quemaba y el reloj jugaba a favor, Hugo Duro irrumpió con el colmillo afilado para rescatar un punto de oro. Mestalla celebró con rabia, pero el reparto no consuela a nadie.
El choque nació trabado, áspero, marcado por un trivote sevillista que maniató al Valencia y lo obligó a vivir incómodo en la circulación. Almeyda entendió su realidad entre lesionados y apostó por blindarse atrás, entregando la pelota para sobrevivir al ritmo local. Danjuma asomó tímidamente, mientras Peque y Akor avisaban en contras que amenazaban con dinamitar el plan valencianista. Fue una primera parte de golpes, sudor y VAR invisibles.
Todo cambió en la reanudación cuando Tárrega convirtió en tragedia un centro lateral inocente. A partir de ahí el guion parecía perfecto para los hispalenses, que congelaron el balón con oficio y rebajaron el pulso del partido hasta el tedio. Corberán agitó el banquillo y metió dinamita, pero Mestalla seguía atrapado entre la frustración y el desorden ofensivo. Apenas Ramazani encontraba caminos donde el resto sólo chocaba contra un muro.
El Sevilla pudo rematar la faena a la contra y cerrar un triunfo precioso en circunstancias adversas, pero le faltó precisión, decisión y colmillo en campo contrario. Finalmente, un error impropio de Beltrán abrió la puerta al héroe habitual del valencianismo reciente. Hugo Duro, ese delantero de noches imposibles, apareció libre de marcas para igualar una batalla que ya parecía perdida y volvió a encender un estadio que vive al límite cada jornada.
El empate deja heridas abiertas para ambos. El Sevilla firma apenas cuatro puntos en siete partidos y continúa atrapado en una crisis que parece no tener fin. El Valencia evita la derrota gracias al oportunismo de su delantero, pero sigue encerrado en dudas futbolísticas que no desaparecen con un gol tardío. Mestalla respira, Sevilla tiembla, y LaLiga vuelve a recordarnos que un partido nunca está ganado hasta que el árbitro ordena apagar las luces. @mundiario