Riazor no es la fortaleza que necesita el Dépor
El Deportivo vive en una paradoja futbolística difícil de digerir. Cuando se aleja de Riazor, el equipo blanquiazul se transforma en una máquina de ganar, con números de ascenso directo que invitan al optimismo. Sin embargo, al regresar a casa, la realidad es otra. Riazor, que debería ser un bastión inexpugnable, se ha convertido en un regalo para los rivales, un estadio donde los visitantes encuentran facilidades inesperadas.
No es casualidad que el equipo sume 26 puntos fuera y solo 19 en casa, una diferencia que habla de una falta de autoridad cuando juega arropado por su afición. El contraste es abismal: siete victorias a domicilio, cuatro en Riazor; 26 goles fuera, 18 en casa. El Deportivo ha cambiado el viejo "jugamos en casa" por "jugamos mejor fuera", dejando en evidencia que la presión o el planteamiento no funcionan igual en su propio feudo.
El problema no es solo estadístico, sino emocional. Riazor debería ser una olla a presión para los rivales, un campo donde el Deportivo imponga su ley desde el primer minuto. En cambio, se ha convertido en un escenario donde los visitantes encuentran espacios, oportunidades y, lo que es peor, confianza. La sensación es que cualquier equipo llega a A Coruña creyendo en la posibilidad de puntuar, y eso es un lujo que no puede permitirse un club con aspiraciones.
A pesar de ello, los coruñeses han conseguido alejarse de los puestos de descenso, pero con esta dualidad de rendimiento, soñar con algo más parece utópico. La irregularidad en casa pesa como una losa en la lucha por el playoff, y hasta que el Deportivo no convierta Riazor en un verdadero fortín, su destino seguirá atado a esa incómoda sensación de equipo de dos caras.
El reto es evidente: recuperar el respeto en casa. Si el equipo de Gilsanz quiere aspirar a algo más que la permanencia, debe encontrar la manera de jugar en Riazor con la misma determinación con la que lo hace lejos de él. De lo contrario, su futuro seguirá pendiendo de un hilo, entre la esperanza de sus viajes y la frustración de sus regresos. @mundiario