El retroceso de La Vinotinto: la herencia de Batista y Conti
La selección venezolana vivió en los últimos años una etapa marcada por la decepción. Bajo la dirección de Fernando Batista en el combinado masculino y de Pamela Conti en el femenino, ambos entrenadores tuvieron en sus manos las mejores generaciones de futbolistas de nuestra historia, así como recursos, apoyo institucional y facilidades que técnicos anteriores jamás disfrutaron. Sin embargo, el resultado fue un evidente retroceso.
Ambos recibieron contratos sólidos, respaldo de la Federación Venezolana de Fútbol (FVF) y patrocinadores, infraestructura de primer nivel como el Cnar al 100 %, amistosos de preparación y hasta ajustes en la Liga Futve (como la regla del juvenil y el regreso de la liga femenina).
Todo estaba dado para dar un salto competitivo. No obstante, el saldo fue negativo: ni identidad, ni resultados, ni crecimiento.
Un denominador común: la inexperiencia
Tanto Batista como Conti compartían un punto débil: la falta de experiencia en selecciones nacionales.
- Pamela Conti apenas había dirigido al AD Torrejón en España (2019-2020) antes de asumir la Vinotinto femenina.
- Fernando Batista, pese a sus logros en juveniles argentinas, nunca había sido entrenador principal en un proyecto de élite absoluto.
Ambos llegaron al cargo más por coyunturas que por méritos: Batista tras la salida conflictiva de José Néstor Pékerman, y Conti luego de que otra entrenadora extranjera rechazara asumir el puesto. La FVF apostó, pero se equivocó.
Errores repetidos
El paso de estos dos entrenadores dejó huellas similares:
- Falta de autocrítica.
- Carencia de una identidad de juego.
- Planteamientos inestables según el rival.
- Cambios tardíos e incoherentes.
- Convocatorias sin lógica futbolística.
- No llamar a jugadores con mejor presente.
- Juego directo y predecible, sin evolución táctica.
- Permitir “roscas” y favoritismos internos.
La lista podría continuar, pero estos aspectos bastan para explicar por qué, teniendo tanto en las manos, el equipo nunca despegó.
La responsabilidad de la FVF
La Federación no es ajena a este fracaso. Les dio todas las condiciones a los entrenadores, pero falló en la elección y en el seguimiento. El próximo seleccionador —sea venezolano o extranjero— debe ser escogido con rigor, atendiendo a la experiencia, los resultados previos y un proyecto claro de identidad futbolística.
Exigencia y crítica responsable
Este llamado no va solo a la FVF o a los jugadores. También periodistas, influencers y fanáticos tenemos el deber de ser críticos y no conformistas. No se trata de ser “haters”, sino de evaluar con fundamento: no basta celebrar un empate ante un rival de peso si la propuesta futbolística fue errada. A los jugadores se les paga por resultados, y a la selección se le debe exigir compromiso, disciplina y responsabilidad.
Mirando hacia adelante
El fracaso de Batista y Conti no es el fin del mundo, pero sí una lección. Venezuela aún no está lista para un Mundial, pero debe convencerse de que puede clasificar por méritos propios y no por concesiones de formatos. Para 2030 el reto será mayor, y cada actor del ecosistema futbolístico (FVF, ligas, asociaciones, clubes, jugadores, periodistas, fanáticos y patrocinadores) debe aportar.
El 24 de octubre arrancan las eliminatorias mundialistas sudamericanas femeninas. Ricardo Belli y su cuerpo técnico tienen la oportunidad de aprender de los errores recientes y demostrar que el fútbol venezolano puede competir con seriedad. Quizás, una vez más, sean las damas quienes nos den la alegría que el masculino nos ha negado.@mundiario