El regreso soñado de una leyenda que nunca despegó
El regreso de Pablo Laso al Baskonia, su casa de formación, apuntaba a una historia circular de redención y gloria. Un entrenador contrastado, una figura icónica del baloncesto español, y un club necesitado de liderazgo volvían a encontrarse. Pero lo que prometía épica se quedó en frustración. Solo un año ha durado el vínculo, resuelto con una llamada de Josean Querejeta en la que se confirmó lo que ya era un secreto a voces: Laso no seguirá en el banquillo del Buesa Arena.
No es solo una cuestión de resultados, aunque estos han sido decepcionantes: fuera de la Copa, fuera de los playoffs de Euroliga y eliminado a las primeras de cambio en la Liga Endesa. Es también una cuestión de sensación. De rumbo. El Baskonia de Laso nunca supo a Laso. Le faltó identidad, continuidad y ambición, tres atributos que el técnico había convertido en sello durante su gloriosa etapa en el Real Madrid. Vitoria no vio nada de aquello.
La decisión del club de apostar ahora por Paolo Galbiati es, en parte, una señal de resignación presupuestaria, pero también una confesión: el proyecto necesitaba agitarse. El auge competitivo de equipos como Unicaja o Valencia ha estrechado la zona noble de la ACB, y el Baskonia ya no puede competir solo con historia o tradición. Necesita un nuevo modelo, quizá más pragmático, quizá más modesto, pero sin renunciar a su esencia.
Laso, por su parte, queda liberado justo cuando se abren de nuevo las puertas de la selección española. Con Scariolo fuera del radar y el banquillo libre, el técnico vitoriano encaja en ese perfil de transición tranquila, conocimiento táctico y autoridad respetada en el vestuario. Es el movimiento lógico, incluso necesario, para revitalizar a una España que encara el próximo ciclo olímpico sin rumbo claro ni generación dominante.
Así que la ruptura con Baskonia, aunque dolorosa, puede ser un giro positivo para ambas partes. Para el club, una oportunidad de reconstrucción. Para Laso, la opción de vestir el chándal de España y cerrar, quizá, su trayectoria en la élite desde lo más alto. Porque, aunque esta etapa haya sido gris, el legado de Laso como entrenador no se mide por un año fallido, sino por una década de excelencia difícilmente igualable. @mundiario