El Real Betis campeón y el legado del gallego "que no era bético de verdad"

Benito Villamarín, SM Felipe VI y Joaquín
Benito Villamarín, SM Felipe VI y Joaquín. / Mundiario
Con el Betis henchido de gloria, recordamos a un gallego que, aunque acusado de no ser bético "de verdad", lo llevó a Primera, saneó sus arcas, renovó su estructura, desarrolló la cantera y le dio el patrimonio que lleva su nombre: Benito Villamarín.
El Real Betis campeón y el legado del gallego "que no era bético de verdad"

Abril de 2022, el Betis luce una nueva copa en sus vitrinas. En la victoria, el himno ha sonado sin pitidos y ha sido coreado por una afición española que reconoce a un gran club. Una copa que ha sido celebrada en todo el estado, porque el Betis es un club querido y que cae bien. Pero fuera de Sevilla muy pocos saben que quien sentó las bases de este equipo hoy tan admirado fue un gallego procedente de una pequeña aldea de Orense que aterrizó en Sevilla casi de casualidad. 

Benito Villamarín

Benito Villamarín Prieto (Puga, Ourense, 1916-Sevilla, 1966)  nació en una aldea gallega muy próxima a la capital ourensana antaño conocida por la presencia de un sanatorio mental y ser cuna de miembros de un antiguo circo llamado curiosamente el Circo Feijóo. Como tantos otros gallegos, Benito decidió buscarse un porvenir allende los mares y cruzar el charco hacia Argentina donde le ayudaría a abrirse camino uno de sus hermanos que ya estaba allí afincado.

El destino hizo que, mientras esperaba el vapor que saldría desde Cádiz hacia Buenos Aires, decidiera hacer escala en Sevilla y se alojara unos días en casa de su tío Andrés en Lora del Río. Pronto, trabó amistad con el Teniente Coronel del Ejército del Aire Diego Viguera Murube, miembro de las míticas escuadrillas azules de la II Guerra Mundial. De su mano, conocería a una joven sevillana de la que se enamoraría perdidamente: Ángeles Guillén con la que acabará contrayendo un matrimonio que desbaratará sus planes iniciales. Benito se quedará definitivamente en Sevilla y  cambiaría para siempre no solo su vida, sino también la historia del Real Betis Balompié.

Una próspera carrera empresarial

El orensano empezó a trabajar en la empresa de su tío dedicada a la exportación de aceitunas. Y con el carácter emprendedor que marcó a tantos gallegos, pronto decidía establecerse por cuenta propia. Tuvo visión de futuro y trazó un plan para vender aceitunas andaluzas en Europa y expandir su producción en Estados Unidos. Su gestión fue tan exitosa que en poco tiempo consiguió una sólida posición económica. Se convirtió en uno de los industriales de más peso en una ciudad en la que siempre se encontró acogido, respetado y querido.

Sería su íntimo amigo el aviador Viguera, junto al Capitán General de la Segunda Región Militar, Eduardo Sáenz de Buruaga, el ex presidente del Betis Francisco de la Cerda Carmona, y el también exportador Ricardo de la Serna  -entre otros- quienes pensarán en él como el hombre ideal para tomar las riendas del Club. Hay bibliografía que considera que para  la sociedad sevillana sus orígenes gallegos fueron un hándicap para la incorporación de Villamarín al Club. Craso error. No solo no fue así, sino que los profesionales liberales y cualificados, como ingenieros o juristas que llegaban a Sevilla entonces procedentes de otras regiones, solían hacerse béticos porque era un club abierto y participativo - recuerdan Alfredo Montero y Ramón González de Echávarri-, hijos de registradores norteños que llegaron por la misma época a Sevilla.

El gallego acepta el reto

Villamarín aceptó el reto en mayo de 1955, y sustituyó en la presidencia a Manuel Ruiz Rodríguez. El Club vivía una penosa situación tras pasar los últimos siete años en la tercera división del fútbol español y uno en segunda. Fueron los años en los que se forjó el ‘manquepierda’ una expresión que reflejaría la fidelidad de los béticos en los peores momentos del equipo, el único en el fútbol español que ha sido campeón en Primera, Segunda y Tercera. La posición económica cada vez más solvente de Benito Villamarín  ilusionó a los aficionados. Entonces, no había subvenciones y los presidentes y directivos debían avalar las inversiones con su fortuna personal. Cuentan que invirtió entonces un millón de pesetas de la época.

tras 15 años
Tras 15 años, el Betis en Primera. / RR SS

Una gestión exitosa

Villamarín tenía una innata capacidad de liderazgo y un gran magnetismo personal. Ya al frente del equipo, renovará toda la junta directiva con hombres leales, pero con gran inteligencia y pragmatismo rescató a todos los miembros antiguos cuya experiencia consideró  positiva para la nueva etapa del Club como Pascual Aparicio, Eduardo Benjumea, José María Domenech o Antonio Ruiz. ¿Su objetivo? Volver a Primera División.

Su capacidad de gestión, aplicado a mundo deportivo y el apostar por fichajes estrella y por un entrenador de Primera División ( Antonio Barrios) otorgarían por fin al Real Betis, el ascenso en la temporada 1957/58 y se consolidará en la máxima categoría.  Benito Villamarín al timón, Antonio Barrios en el banquillo y el estratosférico futbolista Luis del Sol en el campo se consideraría entonces una terna para la Historia,

Algo que el gallego cuidó especialmente fue el fomento de la cantera verdiblanca y los equipos filiales. El Juventud Balompié comenzará a surtir de jugadores al Betis y el Triana Balompié que en 1964 asciende a Tercera División, será más que crucial ya que durante toda una década nutrirá las filas béticas. Una tesitura que impulsará el auge del beticismo fundándose 13 peñas béticas y extendiendo su radio de influencia a Extremadura, Norte de Andalucía y Castilla la Mancha. Comienzan también las Peñas Béticas de Barcelona y Madrid.. "Hay que ser béticos en las horas de gloria y en las horas de desgracia y formar con las peñas la vanguardia de la amistad"- dijo Villamarín en la inauguración de la Peña de Osuna.

Compra del estadio. Villamarín ante el Cardenal Bueno y el alcalde
Compra del estadio. Villamarín ante el Cardenal Bueno y el alcalde Pérez e Ayala. / Simó Mateos

El Betis había jugado  en el campo del Patronato Obrero, en el Barrio de El Porvenir, hasta 1936 año en el que alquila el Stadium de la Exposición. Un hito capital del gallego fue el conseguir la propiedad del mismo que entonces ya se llamaba Estadio Municipal de Heliópolis.

Tras ejecutar obras de remodelación e inaugurar su iluminación eléctrica, en 1961 cierra la compra al Ayuntamiento de Sevilla por 14 millones de pesetas que avala personalmente.  En agradecimiento, una asamblea de socios de ese año se determina bautizar al estadio con su nombre: Benito Villamarín.

Otro aspecto a destacar de su mandato fue la reivindicación del pasado glorioso del Club. Así en 1957, decide conmemorar el 25 aniversario del primer ascenso a la Primera División, homenajear a Ignacio Sánchez Mejías, presidente y famoso torero de la elegía de García Lorca, celebrar las Bodas de Oro en 1958, haciéndolas coincidir con el reestreno en la Primera División y en 1960 festejar el 25 aniversario del título de Liga de 1935 ganada bajo la dirección del mítico entrenador Patrick O Connell. 

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Villamarín en el estadio. / RRSS

Generoso con el fútbol y la ciudad

Villamarín  era muy generoso. Como incentivo, solía repartir sobres con dinero extra entre los jugadores, técnicos e incluso empleados del club después de las grandes victorias. También instauró las primas por objetivos, como las que se pactaban si se lograba la victoria en el derbi sevillano. En la temporada 1958-1959. El Betis acaba de volver a Primera División y en la segunda jornada tenía que visitar a su eterno rival el Sevilla, que estrenaba estadio. El Sevilla entonces el ‘Real Madrid del Sur’… quiso un nuevo estadio muy parecido al flamante Santiago Bernabéu y encargó los planos al mismo arquitecto: Manuel Muñoz Monasterio.

Villamarín quiso motivar a sus jugadores béticos y prometió pagar 28.000 pesetas de prima si conseguían ganar en el Pizjuán, una cifra récord -para algunos jugadores más dinero del que iban a ganar en toda la temporada-.Ante 40.000 espectadores y 30 grados de temperatura, el cuadro verdiblanco pulverizó 2-4 al Sevilla aquel 21 de septiembre de 1958.Dicen que fue uno de los días más felices del orensano.

D. Benito y su esposa, Dña. Ángela Guillén, contribuían a menudo en obras de beneficencia. Costearon la canastilla del paso de Nuestro Padre Jesús Cautivo para que pudiera realizar su primera estación de penitencia en 1958 y  fueron los padrinos de la bendición de las andas en 1959. En agradecimiento a su dedicación, fue nombrado Teniente Hermano Mayor Honorífico de la Hermandad de Santa Genoveva. Don Benito también formaría parte del cortejo de la Cabalgata de Reyes Magos de Sevilla en 1858, un año que también se hace empresario de cine inaugurando en 1858 el Cine Los Remedios en el nuevo barrio de la ciudad. 

Inauguración Cine Los Remedios 1858. Villamarín con su hija y la esposa y cuñada del T.col vigueras
Inauguración Cine Los Remedios en 1958. Junto  a la esposa del aviador Viguera que lleva en brazos a su hijo Gonzalo Viguera Coronel, ahijado de Benito y Angeles Guillén, está Benito Villamarín con su hija Amelia y Maruja Viguera, esposa de Ricardo de la Serna. / Archivo familiar Viguera.

Una enfermedad que le consumiría antes de los 50

A comienzos de los 60  Benito empezó a sufrir graves contratiempos de salud y se le diagnosticó un cáncer de pulmón. Aunque sus ausencias comenzaban a ralentizar la vida del Club, pudo ver en agosto de 1964, la conquista del Trofeo Carranza, entonces una celebración deportiva de primera magnitud. Sintiendo la muerte cerca y no queriendo dejar " desamparado" al Betis "de mi afecto y devoción incondicionales", tendrá la necesidad imperiosa de elegir a un sucesor que tenga su ilusión y su capacidad.  Heme forzado a alejarme en momentos en que la nave del Betis necesita más que nunca de las energías y esperanzas de un buen timonel - dirá en la carta de dimisión que presenta en diciembre de 1965. Un año en el que al final de la campaña, el Betis descendía pero sorprendentemente eliminaba de la Copa del Generalísimo al Español de Alfredo Di Stéfano y al Real Madrid flamante hexacampeón de la Copa de Europa en el estadio Heysel de Bruselas.

Aunque Villamarín fue pionero en buscar en Estados Unidos un tratamiento para su cáncer y luchó hasta el final  con ejemplar entereza, no consiguió sobrevivir y moriría en Sevilla en 1966. No había cumplido los 50 años. Había estado una década al frente del Real Betis Balompié.

Tras ganar el trofeo del carranza
Villamarín, Vigueras, y otros amigos tras ganar el trofeo del Carranza. / Archivo familiar Vigueras

El legado

Con su muerte temprana llegaría la inestabilidad al Club con ascensos y descensos deportivos continuos que desembocarían en una economía deteriorada. Algunos - como Alfonso Castillo- consideran que este devenir pudo ser el resultado de haber practicado una política en exceso paternalista y personalista, pero ello no fue óbice para que siempre la afición le recordara con un cariño inmenso. Su memoria permaneció incólume hasta hoy, aunque en  2000, el Presidente Manuel Ruiz de Lopera considerase que " siendo gallego no podía ser bético de verdad" y cambiara el nombre del estadio para imponer el suyo. Apenas diez años después, miles de socios votaban a favor de recuperar el nombre de Villamarín, "el presidente de los presidentes".

La carta de dimisión que redactó  entonces, casi en su postrer momento, sigue vigente: es toda una declaración de principios y de amor a una afición. En sus últimas letras dejó escrito que el beticismo era "una bandera inenarrable de sevillanismo y de entusiasmo".

Hoy, alzado con la Copa del Rey, el Real Betis Balompié henchido de gloria y victorioso, ha demostrado que el legado de Don Benito Villamarín brilla más que nunca. @mundiario

El Real Betis campeón y el legado del gallego "que no era bético de verdad"
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