Un presidente de un equipo profesional no puede compadrear con los futbolistas

Andone. / RCD
Andone, el máximo goleador del Deportivo. / RCD

Cuando un presidente se envía mensajes con los futbolistas o se carga al director deportivo antes de que comience el mercado de invierno, no es tan extraño que acabe dirigiendo al primer equipo un tipo que había entrenado bien a juveniles como Cristóbal Parralo o después sólo Seedorf, de incuestionable pasado futbolístico pero con presente en los banquillos por descubrir, acepte hacerse cargo del moribundo.

Un presidente de un equipo profesional no puede compadrear con los futbolistas

En la caja de la Deportienda en el estadio de Riazor hay cola media hora antes de que principie el capital partido contra el Eibar para acercar las opciones de salvación. "Esta camiseta no la merecéis", entonarían dos horas y cuarto después alguno de esos aficionados que se rascan el bolsillo por unos colores sin que su compromiso se vea reflejado en el campo.

"Directiva dimisión", gritó también una parte de la grada cargada de razones por encadenar otra decepción mayúscula como en cada encuentro que se anuncia como una final para no soltar la cuerda de la permanencia.

La grada de Riazor juega en una liga distinta al equipo, el cuerpo técnico y la directiva del Deportivo

Aunque se tratase del Día de las Peñas, los 19.000 espectadores que certificaron en Riazor que a su equipo se le da mejor encadenar chascos que sumar los tres puntos, demuestran que la grada juega en una liga distinta al equipo, el cuerpo técnico y la directiva, cuento también en mi crónica para La Región de Ourense. 

La afición no oculta el hartazgo por tanto despropósito en la planificación de la plantilla desde que Tino Fernández largó a Fernando Vázquez recién ascendido por confesar en una charla lo que sólo el presidente se niega a reconocer, pero nunca se le podrá acusar de absentismo. Es el único eslabón de la cadena que no ha fallado en las últimas campañas.

Elegir una camiseta del Dépor con el nombre de un ídolo resulta ahora una tarea tan complicada como recordar a todos los futbolistas que han defendido la elástica desde que Tino sustituyó a Lendoiro

Elegir una camiseta del Dépor con el nombre de un ídolo rotulado en la espalda resulta ahora una tarea tan complicada como recordar a todos los futbolistas que han defendido la elástica desde que Tino Fernández sustituyó en la presidencia a Augusto César Lendoiro.

En la cafetería Doré invitan desde hace semanas a otra consumición si Lucas Pérez marca un gol sin contar los entrenamientos, aunque tampoco hay noticias de que durante la semana corra mejor suerte. La oferta se amplió el sábado a Andone y Adrián porque el Dépor llevaba cinco partidos sin mojar, uno antes de la llegada de Clarence Seedorf al banquillo. El sábado dejó esta indecorosa estadística en 528 minutos, pero el gol se lo concedieron a Dimitrovic en propia meta en vez de a Andone, el autor del remate al palo antes de que rebotase en el portero, por lo que en la oferta del Doré se pueden alegar lagunas en las bases de la promoción.

El gol supuso el empate y la esperanza en una remontada que se fundió poco después de que concluyese la celebración en la grada.  La decepción es el estigma de un Dépor en el que Andone y Lucas malograron dos citas a solas con el gol cuando amanecía el partido. Pero es habitual que el lamento por un lanzamiento con peligro de Lucas acabe en llanto por un gol en contra. Y esto es más probable que suceda cuando en los cinco partidos que llevas al mando presentas cinco onces irreconocibles o haces debutar al quinto portero en lo que va temporada con una mano lesionada, por mucho que insistas en que su fortaleza es como la de Hulk.

Es curioso lo que sucede en el Dépor. Jugador que renueva como Sidnei, futbolista que empaña su rendimiento. No es el único caso

El ucraniano Koval protagonizó un estreno calamitoso. En el primer gol se quedó a medias en la salida como la sonrisa de un infeliz para que se desternillase el japonés Inui por la cantada. Sidnei también naufragó en la salida a la desesperada hasta el centro del campo para segar la contra armada por Charles y Orellana. Es curioso lo que sucede en el Dépor. Jugador que renueva como Sidnei, futbolista que empaña su rendimiento. No es el único caso.

Cuando un presidente se envía mensajes con los futbolistas o se carga al director deportivo antes de que comience el mercado de invierno, no es tan extraño que acabe dirigiendo al primer equipo un tipo que había entrenado bien a juveniles como Cristóbal Parralo o después sólo Seedorf, de incuestionable pasado futbolístico pero con presente en los banquillos por descubrir, acepte hacerse cargo del moribundo.

Seedorf insiste en que el Dépor está "más cerca de lograr la salvación", pero la racha y el calendario desalientan a una afición 10 

Koval le brindó a Seedorf la oportunidad de aportar al fútbol una suerte de tiempo muerto. Albentosa dejó correr una pelota de manso peligro, el portero salió a corregir la desidia con el brío del debutante, pero se la adelantó y embistió la pierna de Jordan fuera del área. Roja directa. El Dépor se quedaba con diez y Seedorf llamó a la banda a los jugadores mientras los médicos atendían al lesionado. "En el fútbol no estamos acostumbrados, pero era un momento muerto y en vez de gritar preferí llamarlos para dar las órdenes", explicó más tarde en rueda de prensa.

El Dépor aguantó el empate con inferioridad numérica durante 50 minutos, bagaje suficiente para que Seedorf afirmase en sala de prensa que "aunque parezca que el objetivo está más lejos, yo lo veo más cerca. Tenemos que ser más fuertes que la mala suerte". La frase parece tomada de un libro de autoayuda, pero un veterano periodista bisbiseó: "Todavía no sé si es un sobrado o un optimista convencido porque la racha y el calendario nos condenan a Segunda". 

Al salir de Riazor, un chaval de los que estaban en la cola de la caja de la Deportienda le preguntó a su padre si el Dépor podría volver a ganar la Liga. Si le pregunta a Seedorf, quizá la próxima temporada. @mundiario

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