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MUNDIARIO

¿Deshonra Piqué al Barcelona con su idea de escapar?

El central del Barcelona no quiere comerse la vergüenza que sí le hizo sentir gustosamente a sus rivales durante toda su carrera.
¿Deshonra Piqué al Barcelona con su idea de escapar?
Gerard Piqué, futbolista del Barça. / RR SS
Gerard Piqué, futbolista del Barça. / RR SS

De aquella manita que se empalmaron en la cara José Mourinho y el Real Madrid en el Camp Nou en 2010 no quedó nunca ninguna imagen mejor que la de Gerard Piqué levantando su mano derecha en dirección a la grada, acompañada de su impoluta sonrisa de oreja a oreja. Era el rostro de un hombre que saboreaba la vergüenza del rival de toda la vida, al que nunca se inmutó en ocultarle su desprecio y, encima, alguien a quien le esperaba Shakira en casa para celebrar sus triunfos. Poco menos de una década después, aquel hombre con espíritu de niño y de tuitero empieza a sentir fuego en las plantas de los pies y, antes de que el incendio empiece a quemar el edificio, ha pedido permiso de forma un tanto cobarde para marcharse y que los demás vean cómo lo apagan, si es que es posible.

Con el Barcelona atravesando una –nueva– crisis sin precedentes, a Piqué se le olvidaron los años de avergonzar a sus rivales y de gestos indignos de un futbolista que juega para uno de los escudos más poderosos del mundo. Sin ningún título por primera vez desde que volvió al Camp Nou en 2007, pero aun así uno de los capitantes del equipo catalán (algo que ya hace pensar cuáles son sus valors para darle el brazalete a tamaña caricatura) desdeñó de forma impresentable al equipo que tanto le ha dado.

Como buen zorro mediático que es, se las ingenió para que su medrosa escapada sonara a un valiente ejercicio de dignidad pues se ofreció a irse para que "viniera sangre nueva". Una absoluta deshonra para un tipo que hasta hace no mucho se burlaba de todos a la más mínima oportunidad y que deja en poco los estoicos gestos de caballerosidad que tuvieron otros tantos colegas de profesión. Recapitulemos.

Iker Casillas, Sergios Ramos o Raúl González se comieron una ovación del Bernabéu a Ronaldinho y el Barcelona, más el 2-6, más el sextete, más la manita con Mourinho, más el triplete de la MSN y, sin embargo, nunca se dejaron ganar por la vergüenza para pedir permiso para huir; Gianluigi Buffon y Alessandro del Piero acompañaron a su dama tras la afrenta del descenso por los amaños de partidos en 2006; Steven Gerrard fue pretendido hasta por medio planeta futbolero que le ofrecía más dinero y más copas para su estantería personal pero no, como todos los mencionados, fue un caballero con su afición y sus compañeros de equipo y aguantó como tal los años de derrotas porque, como capitán, era lo que le tocaba. Hay a quienes las derrotas los hace más hombres; a otros, como Piqué, les recuerda que parecen niños con barba.

Lo del 3 no es un gesto hacia el club. El defensa se dio cuenta que ya no podrá seguir adornando portadas de periódicos por sus disparates ni sus acusaciones, sino que llegó la hora de enfrentar la cruda realidad de la caída de su equipo y, en vez de aguantarse las pañoladas y las burlas que provocó a otros, prefiere abrirse la puerta él solito, algo que ni siquiera Ivan Rakitic, Arturo Vidal o Samuel Umtiti se atrevieron a hacer, y eso que sus nombres están desde hace tiempo en la picota. Piqué arrojó por la borda su imagen de líder, si es que alguien la tenía, y dejó claro que no es más que un jugador hecho para el meneo y las risas pero, al momento de la verdad, mejor huir, porque la vergüenza siempre las tendrán que pasar otros, nunca él porque, encima, ni siquiera derramó alguna lágrima para demostrar que de verdad lo hace por amor al club. @mundiario