Djokovic rompe el molde en Wimbledon 2025 con otra actuación legendaria
Hay jugadores que ganan partidos, y luego está Novak Djokovic, que gana narrativas. En Wimbledon, ante la mirada de Roger Federer, firmó una de esas remontadas que solo caben en su repertorio: sobrevivir a un vendaval inicial, ajustar detalles y terminar imponiendo la lógica de su leyenda. Que el suizo estuviera en la grada solo añadió épica al momento. Djokovic no solo ganó: envió un mensaje.
El serbio, que a sus 38 años sigue estirando los límites del tenis profesional, jugó con más corazón que precisión. De Miñaur le arrasó en el primer set, tuvo ventaja en el cuarto y rozó el golpe. Pero Novak se mantuvo, buscó soluciones en el viento y en sí mismo, y acabó cerrando otro partido a base de fe, piernas y talento. No fue brillante, pero sí contundente. Y, sobre todo, fue muy Djokovic.
El guiño a Federer, tan simbólico como oportuno, recordó que más allá de la rivalidad, hay un respeto mutuo que eleva al deporte. "Ojalá tuviera su saque y volea", dijo bromeando, con la Central ovacionando a ambos. Federer es historia, sí, pero Djokovic aún está escribiéndola. Verlos compartir protagonismo, aunque uno ya no compita, es un regalo para Wimbledon y para el tenis.
Este lunes no fue tanto una lección de técnica como de resistencia mental. Djokovic supo sufrir, entendió el momento y supo que no hay mejor lugar que Wimbledon para dejar huella. La victoria no solo le mete en cuartos; le mantiene como candidato eterno en un torneo que ha hecho suyo tantas veces. Ahora, ante Cobolli, vuelve a partir como favorito… aunque él sabe que ningún partido se gana antes de jugarlo.
En días así, Djokovic no solo se impone al rival: vence al paso del tiempo. A base de remontadas, gestos y frases que quedarán grabadas, sigue ampliando su legado sin necesidad de perfección. No es el más querido, quizá, pero sí el más indomable. Y eso, en el patio más sagrado del tenis, vale tanto como una corona. @mundiario