El periodismo deportivo cuando decide mirar atrás sin rencor
Un libro del periodista Josep Maria Casanovas rehúye el escándalo y reivindica una forma de contar el deporte basada en la memoria, el optimismo y la experiencia vivida.
A los 78 años, cuando la mayoría de los periodistas veteranos optan por el silencio o por el ajuste de cuentas, Josep Maria Casanovas ha elegido otro camino: escribir un libro que no se vende. O, al menos, que no pretende venderse en el sentido convencional del término. El llibre que no es ven, autoeditado y deliberadamente ajeno a las lógicas del mercado, es una declaración de intenciones tanto como un ejercicio de memoria personal y profesional.
Casanovas es una figura central del periodismo deportivo catalán y español. Fue la voz del primer partido retransmitido por TV3, un Barça-Osasuna que hoy forma parte de la intrahistoria audiovisual del país, y dedicó buena parte de su vida al proyecto que marcaría su carrera: el diario Sport. No lo presenta como una epopeya personal, sino como una suma de decisiones, aprendizajes y encuentros que explican también la evolución del deporte y de los medios en España durante las últimas cinco décadas.
Nacido en Barcelona en 1947, el mismo año que Johan Cruyff, Ángel Nieto o Josep Carreras, Casanovas pertenece a una generación que entendió el periodismo como oficio antes que como escaparate. Mientras estudiaba la carrera empezó escribiendo sobre motor en El Mundo Deportivo, hasta que Juan José Castillo le lanzó una advertencia que acabaría siendo fundacional: no basta con hacer lo que a uno le gusta; hay que hacer lo que conviene para crecer. El fútbol, y no el motor, era entonces el centro de gravedad del relato deportivo. Aceptó el consejo y entró en Don Balón, una redacción donde coincidió con nombres que después definirían el periodismo y la comunicación en España.
“Lo feo me lo guardo para mí; si puedo hablar mal de alguien, lo ignoro”, dice el fundador de Sport, que reivindica el valor del testimonio frente a la obsesión por la polémica
El libro recorre, desde esa perspectiva íntima, algunos de los grandes hitos del deporte español. Los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 ocupan un lugar central, no tanto por su dimensión mítica como por el esfuerzo creativo y político que implicaron. Casanovas recuerda la dificultad de equilibrar identidades, lenguajes y sensibilidades en unas ceremonias pensadas para el mundo. Reivindica, con una sonrisa, la audacia de introducir humor en la clausura con El Tricicle, una innovación que años después otros repetirían sin complejos.
Hay también en el libro una defensa implícita de un periodismo menos agresivo. Durante su etapa como editor de Sport, asegura haber recibido numerosas propuestas orientadas a destapar corrupción y escándalos en el fútbol. No niega su existencia, pero explica su decisión de no convertirlas en el eje de su relato vital. Este libro, subraya, está hecho solo de experiencias positivas. No por ingenuidad, sino por elección. El desgaste diario ya se encarga de lo demás.
El llibre que no es ven no es una autobiografía al uso ni un ajuste de cuentas tardío. Es una recopilación de testimonios que buscan dejar constancia de lo vivido sin ánimo de sentar cátedra. En tiempos de hipérbole, clic fácil y polémica permanente, Casanovas propone algo casi contracultural: mirar atrás con serenidad, contar lo que valió la pena y aceptar que la memoria también es una forma de edición. No de la realidad, sino del sentido que le damos con los años. @mundiario