Los héroes invisibles del deporte gallego y la deuda con Lendoiro

I Premio Fundación Amare Terra. / M.M.
El Premio Terra de Hércules reconoce a 14 trayectorias que sostuvieron el deporte gallego desde la sombra. Entre ellas, un reconocimiento largamente debido a Augusto César Lendoiro.

El deporte gallego no se explica solo por los éxitos que llegaron a los titulares. Se explica, sobre todo, por las personas y entidades que lo sostuvieron durante décadas cuando no había focos, cuando no había recursos y cuando el reconocimiento no formaba parte del camino. De esa realidad parte el Premio Terra de Hércules, impulsado por la Fundación Amare Terra, que en su segunda edición reconoce a catorce trayectorias que, juntas, dibujan el verdadero mapa del deporte en Galicia.

No se trata de comparar méritos ni de jerarquizar disciplinas. El valor del premio está en su mirada coral. En entender que el deporte gallego se ha construido desde muchos lugares distintos y, en muchos casos, poco visibles. Desde el atletismo formativo y técnico de Alfonso Ortega Casasnovas, hasta la defensa del juego limpio y la excelencia arbitral de María Dolores Rojas Suárez. Desde la profesionalización científica impulsada por Rafael Martín Acero, hasta la gestión deportiva de largo recorrido de Jesús Hermida Cebreiro, clave en la modernización del sistema deportivo.

El premio también reconoce el impacto social del deporte cuando se convierte en herramienta de inclusión real. Ahí está la trayectoria de AMFIV, referente del deporte adaptado en Galicia desde hace más de cuatro décadas, demostrando que competir y transformar vidas pueden ir de la mano. O el trabajo territorial y silencioso de José María Covelo Cartelle, sosteniendo estructuras deportivas locales que garantizan continuidad y cohesión.

En disciplinas históricamente minorizadas, el premio pone nombre propio a quienes abrieron camino. La gimnasia rítmica gallega no se entiende sin la labor pionera de Aurora Martínez Vidal, como tampoco la natación gallega se explica sin la trayectoria formativa y estructural de Juan Carlos Bremón Pérez, que ayudó a elevar el nivel competitivo y la visibilidad internacional.

El piragüismo, uno de los grandes emblemas deportivos de Galicia, aparece representado desde dos generaciones complementarias: la excelencia olímpica y el impacto social de David Cal Figueroa, y el legado histórico, técnico y formativo de Luis Gregorio Ramos Misioné, pionero cuando esta disciplina apenas tenía reconocimiento.

En ese relato colectivo se inscribe el nombre de Augusto César Lendoiro. Su reconocimiento no eclipsa al resto; lo simboliza. Porque su trayectoria permite entender hasta qué punto la gestión, la visión estratégica y la construcción de estructuras sólidas han sido determinantes para situar al deporte gallego en el mapa nacional e internacional, mucho más allá de una sola disciplina. El premio salda con él una deuda histórica, pero lo hace integrándolo en un reconocimiento que habla de ecosistema, no de individualidades.

La memoria del deporte gallego también incluye a quienes ya no están. Por eso los reconocimientos a título póstumo ocupan un lugar central: José Mañana y el Colegio Karbo, pioneros en fútbol femenino, bádminton y deporte escolar; José María Valeiro Iglesias, referente del baloncesto de base en Betanzos; y Pablo Hinójar Rey, impulsor incansable de una disciplina tan exigente como invisibilizada.

Catorce nombres. Catorce trayectorias. Catorce formas distintas de entender el compromiso con el deporte. El jurado ha tenido que elegir entre casi ochenta candidaturas, muchas de ellas con aportaciones extraordinarias. Que no todas entren en una edición no resta valor al proceso: refuerza la idea de que este premio aspira a construir una memoria viva, acumulativa y duradera.

La gala del próximo 27 de enero en Palexco será el momento visible. Pero lo que realmente importa es el mensaje que deja este reconocimiento: que el deporte gallego también se construyó lejos de los focos, gracias a personas y entidades que hicieron del compromiso una forma de vida. Nombrarlos hoy no es un gesto hacia el pasado. Es una forma responsable de cuidar el futuro. @mundiario