La montaña rusa del Real Madrid no deja a nadie indiferente
El Real Madrid se mueve entre la épica y el descontrol, como quedó demostrado ante el Celta en el Santiago Bernabéu. Una ventaja de 2-0 parecía resolver una eliminatoria que terminó llevándose el equipo blanco con un 5-2 agónico tras una prórroga. Ancelotti, confiado, retiró a Mbappé, Modric y Brahim, pero el mensaje de relajación desmoronó al equipo. Los fantasmas regresaron y el caos se adueñó del campo, con un penalti infantil y un pánico generalizado que casi les cuesta caro.
El público, exigente, no perdonó a Tchouaméni, silbado desde el inicio pese a jugar en su posición natural. El francés, lejos de hundirse, firmó un partido notable en medio de la hostilidad. Mientras tanto, figuras como Mbappé y Modric siguen marcando la diferencia. El croata, aclamado en la grada, demostró que aún tiene mucho que aportar. Su renovación parece una cuestión de justicia deportiva más que un capricho. Cada toque suyo es una lección, y su ausencia se notó en la remontada rival.
La noche fue una montaña rusa también en términos emocionales. Desde los pitos iniciales hasta los aplausos para Asensio, que pasó de héroe a villano con un penalti innecesario que llevó el partido a la prórroga. En medio de la tensión, Endrick y Valverde sellaron la clasificación con dos golazos memorables. La grada, enloquecida, pasó de la frustración al éxtasis en cuestión de minutos. Fue una lección de que, pese a las dudas, el Madrid no se rinde.
La visita sorpresa de Marcelo al Bernabéu añadió un toque nostálgico a la velada. Su presencia en la grada, junto a la de Kroos, recordó tiempos de gloria y unidad en el equipo. Esos valores parecen más necesarios que nunca en un Madrid que, a pesar de su potencial, está lejos de la solidez que exige su afición. La goleada final no oculta las carencias de un equipo que parece caminar al borde del abismo en cada partido.
El Real Madrid sigue siendo un equipo de extremos, capaz de lo mejor y lo peor en cuestión de minutos. La noche ante el Celta fue una prueba más de su dualidad, con momentos de brillantez individual que salvan un colectivo en busca de equilibrio. La temporada promete emociones fuertes, pero también exige respuestas claras. Este Madrid tiene alma de remontada, pero necesita aprender a evitar el caos que la precede. @mundiario