Sin Mbappé no hay milagro: el Madrid pelea, pero el City marca la pauta europea: 1-2

Courtois. / @realmadrid
El equipo de Xabi Alonso firma un partido valiente, intenso y lleno de ajustes, pero la falta de gol y la superioridad táctica del City vuelven a desnudar sus límites. Menos mal que estaba Courtois.

La derrota del Real Madrid ante el Manchester City (1-2) deja en el Bernabéu un regusto a oportunidad perdida, pero también a constatación. El Madrid quiso, presionó, corrigió, se dejó la piel y encontró fases de excelente fútbol, pero donde otras veces le faltó sacrificio, esta vez le faltó claridad y, sobre todo, pólvora. Sin Mbappé, el equipo carece de una pieza que marque diferencias en un partido de esta magnitud. Y por más que regrese Rodrygo a la senda del gol, la sensación de fragilidad ofensiva es evidente.

El duelo ya forma parte del paisaje europeo: Madrid–City se ha convertido en un clásico contemporáneo, casi siempre dramático. Esta vez la urgencia tenía nombre propio. Xabi Alonso, rodeado de un ejército de lesionados y en una situación personal delicada, planteó un partido atrevido. Reconfiguró piezas, asumió riesgos y tiró de creatividad: Valverde de lateral, Rodrygo como falso interior, Gonzalo como referencia. Un plan que, durante buena parte del primer tercio, funcionó. El Madrid ganó duelos, robó arriba y generó ocasiones. El gol de Rodrygo —tras nueve meses de sequía— fue el premio al esfuerzo y a un planteamiento valiente.

Pero la reacción del City fue la de un equipo ya maduro, sin el brillo imperial de antaño pero con un manual competitivo afilado. Bernardo Silva, flotando entre líneas; Doku, un tormento constante; O’Reilly, sorprendente desde el lateral; y un juego aéreo que los de Guardiola explotaron con eficacia quirúrgica. Por ahí llegó el empate y, más tarde, el penalti que Haaland transformó con precisión. El descanso evitó males mayores gracias a Courtois, de nuevo decisivo.

La segunda parte fue más caótica y emocionante, un intercambio de golpes que mantuvo vivo al Madrid hasta el final. Bellingham, convertido otra vez en todocampista, lideró la rebelión. Güler y Brahim aportaron chispa desde el banquillo. Endrick rozó el empate con un cabezazo al larguero. El City, entre tanto, tuvo ocasiones claras para sentenciar y chocó una y otra vez contra Courtois. Pero la realidad se impuso: el Madrid, aun con orgullo y empuje, es hoy un equipo al que le falta remate y le sobran dudas.

 

Guardiola, pragmático, supo enfriar el tramo final con cambios conservadores. No es el City aplastante de hace dos temporadas, pero sigue siendo un bloque más completo que un Madrid que vive de ráfagas y esfuerzos heroicos. El conjunto blanco, exhausto al pitido final, mostró determinación, pero también su dependencia de una figura que aún no tiene: un goleador capaz de convertir el dominio en victorias.

La noche deja, en el fondo, una reflexión incómoda: el Madrid ha perdido el instinto de inevitabilidad que lo distinguía en Europa. Ahora necesita algo más que creer. Necesita gol. Y mientras espera a Mbappé, los partidos se le escapan como agua entre los dedos, incluso cuando hace casi todo para ganarlos. @mundiario