El Madrid de Xabi sigue en lo suyo: aburre, no convence y gana con lo justo
El Real Madrid cerró el año con una victoria que no logra ocultar las dudas. El 2-0 frente al Sevilla fue un marcador cómodo, pero el juego dejó un sabor amargo. El equipo se mostró lento, previsible y frágil, incluso con superioridad numérica. En el Bernabéu ya no basta con ganar: la afición reclama algo más que resistir.
El proyecto de Xabi Alonso sigue sin dar señales de evolución. Tras el tropiezo ante el Talavera, se esperaba una reacción que nunca apareció. El Madrid no supo imponer su ritmo ni aprovechar las circunstancias favorables. Los silbidos se hicieron habituales y la imagen de Florentino Pérez transmitió inquietud más que satisfacción.
El Sevilla, pese a la derrota, salió con más motivos para creer en su trabajo. El equipo de Matías Almeyda mostró que puede incomodar y hacer daño cuando se lo propone. Aprovechó las grietas constantes en la presión y defensa del Madrid. Esa capacidad de competir refuerza la idea de que su proyecto tiene bases más sólidas de lo que refleja el resultado.
El contraste fue evidente: mientras el Madrid dependió otra vez de Thibaut Courtois, el Sevilla dejó claro que su cuerpo técnico trabaja en un plan reconocible. El guardameta belga volvió a ser decisivo para evitar un desenlace más ajustado. Sin él, la distancia con el Barcelona en LaLiga sería aún mayor. La fragilidad blanca se disimula con resultados, pero no se corrige.
Así, el triunfo merengue se convierte en un espejismo más que en un impulso. El marcador oculta las carencias de un equipo que no logra consolidar su identidad. La grada, cada vez más impaciente, exige fútbol y no solo victorias. El 2025 termina con un Madrid ganador en números, pero cuestionado en sensaciones. @mundiario