El Madrid, los árbitros y el límite de la tolerancia

Una imagen del partido entre el Osasuna y el Real Madrid. / @realmadrid
El empate 1-1 entre el equipo de Ancelotti y el Osasuna dejó varias escenas que dejan claro que existe un grave problema con el arbitraje español.

La tensión entre el Real Madrid y el arbitraje español ha convertido cada partido en un polvorín. En escenarios como El Sadar, donde la pasión desborda, el ambiente se vuelve aún más peligroso. Munuera Montero tuvo una actuación polémica, con decisiones discutibles y un VAR que lejos de ayudar, generó más dudas. Sin embargo, el verdadero problema no estuvo en lo deportivo, sino en la incapacidad de frenar algo inaceptable: los insultos y deseos de muerte hacia jugadores.  

No se trata solo de Vinicius o Asensio, ni de que el foco estuviera en un sector radical de la afición de Osasuna. Se trata de que el fútbol español sigue tolerando comportamientos que deberían ser erradicados de inmediato. El protocolo es claro, el árbitro puede detener el partido, pero una vez más se prefirió mirar hacia otro lado. ¿Miedo a suspender el encuentro? Si ese es el precio de hacer justicia, ya es hora de pagarlo.  

El problema no es nuevo ni exclusivo del Madrid. Ha ocurrido con otros equipos y jugadores, pero la diferencia radica en cómo se maneja la situación. La firmeza con la que Munuera Montero mostró la roja a Bellingham contrasta con su pasividad ante los insultos desde la grada. La autoridad arbitral no puede ser selectiva, y si la solución es endurecer los protocolos, que así sea. 

 

Más allá de las polémicas arbitrales y la constante batalla entre el Madrid y los colegiados, el fútbol tiene una responsabilidad ineludible: proteger a sus protagonistas. No se trata de victimismo ni de favoritismos, sino de dignidad y respeto. El racismo y los cánticos de odio deben cortarse de raíz, sin importar el estadio ni el equipo que juegue. La tolerancia cero no puede quedarse en discursos vacíos.  

Mientras el fútbol español siga normalizando lo intolerable, el problema persistirá. El arbitraje necesita mejorar en sus decisiones técnicas, pero aún más en su valentía para actuar ante lo realmente grave. De lo contrario, cada partido seguirá siendo una batalla, no solo entre jugadores y árbitros, sino entre la razón y la sinrazón. @mundiario