Luis de la Fuente vive un debate apasionante en su mediocampo, donde sobran talento y opciones
El centro del campo de España se ha convertido en un auténtico tablero de ajedrez. Cada pieza tiene brillo propio y, sin embargo, no todas caben en la misma partida. Zubimendi ha irrumpido con fuerza, consolidando un lugar que parecía reservado para Rodri, y esa competencia abre un debate que no es menor: ¿quién merece ser el motor de la selección en el Mundial?
La comparación con la fórmula de Del Bosque en Sudáfrica resulta inevitable. Entonces, Busquets y Xabi Alonso convivieron en un equilibrio perfecto, pero repetir la jugada hoy significaría dejar fuera a un talento silencioso pero imprescindible como Fabián. La abundancia de opciones es un privilegio, aunque también un problema que exige valentía.
Pedri, por supuesto, es intocable. Su visión y capacidad de enlazar líneas lo convierten en el eje creativo que nadie discute. A su alrededor orbitan Merino, Baena, Barrios, Fermín y Olmo, todos con argumentos sólidos para reclamar minutos. La lista de 26 se antoja corta frente a tanta riqueza, y cada exclusión será un sacrificio doloroso.
El caso de Isco y Gavi recuerda que el fútbol también es azar y fragilidad. Lesiones que apartan a jugadores en su mejor momento y que, sin embargo, no borran su huella en el imaginario colectivo. La Nations League mostró que incluso con un peroné roto, Isco seguía siendo parte de la conversación, y Gavi, ausente, sigue siendo un nombre que pesa.
De la Fuente tiene ante sí un dilema que trasciende lo táctico: elegir no solo a los mejores, sino a los más complementarios. La selección se enfrenta a un exceso de talento que, paradójicamente, puede convertirse en su mayor desafío. Resolverlo con equilibrio y audacia marcará la diferencia entre un equipo brillante y uno verdaderamente campeón.