Joan Laporta y el préstamo XXL que hipoteca el futuro del FC Barcelona
Joan Laporta ha vuelto a pulsar el botón financiero: 424 millones de la deuda del Espai Barça, que expiraban en 2028, se trasladan ahora a 2050. Sobre el papel, el club compra tiempo y libera tesorería para inscribir fichajes y acercarse al añorado 1:1. En la práctica, asume pagar durante 17 temporadas más, con un cupón medio del 5,19 %. Es decir, cada euro aplazado costará más del doble cuando venza el último bono.
Quienes aplauden la maniobra recuerdan que la refinanciación llega antes de reabrir el Camp Nou y con una prima de riesgo menor que la de 2023. Morningstar Dbrs ya ha mejorado el outlook de “estable” a “positivo”. Buen síntoma: el mercado aún cree en la marca Barça. Además, el nuevo estadio debería generar 247 millones anuales, cantidad suficiente —sobre el Power Point— para honrar la deuda sin tocar el presupuesto deportivo.
El problema es la espada de Damocles: los ingresos futuros están hipotecados en cascada. Si la demanda premium flojea o los resultados deportivos se tuercen, habrá que recurrir de nuevo a la palanca de turno o resignarse a vender activos. Laporta sustituye un riesgo inminente por otro más largo, pero mayor: compromete a tres juntas directivas y un par de generaciones de socios.
Quienes acusan al presidente de “patear la lata” no van desencaminados. La ingeniería financiera salva el presente a costa del mañana: se reduce presión a corto, pero se engorda la bola de nieve. De hecho, el Barça ya destina en torno al 18 % de su presupuesto al servicio de la deuda; con los bonos 2050 esa ratio puede escalar al 25 % si los tipos no bajan. Cada año habrá menos margen para plantillas galácticas… salvo que aparezca un salvador con petrodólares.
En síntesis: Laporta gana aire y oxígeno político, pero deja un legado de pagos crecientes que vencerán cuando muchos de los actuales abonados ya peinen canas —o no peinen nada—. Si el Espai Barça cumple las proyecciones, será recordado como una apuesta valiente. Si no, la historia dirá que uno de los clubes más grandes del mundo se convirtió en un gigante financiero con pies de barro, esperando a que algún jeque le cambie las botas. @mundiario