Juan Domínguez no reconoce su apatía ni entiende el rechazo del público

Juan Domínguez. / Twitter
Juan Domínguez. / Twitter

El jugador ha declarado que si bien no le agrada, "poco se puede hacer"; sobre todo porque no entiende "qué la provoca". "Debe de ser el único que no lo entiende", ironiza un aficionado.

Juan Domínguez no reconoce su apatía ni entiende el rechazo del público

El jugador ha declarado que si bien no le agrada, "poco se puede hacer"; sobre todo porque no entiende "qué la provoca". "Debe de ser el único que no lo entiende", ironiza un aficionado.

Juan Domínguez, un centrocampista del Deportivo de La Coruña que parecía llamado a triunfar en el fútbol, ha perdido la confianza de su entrenador, Víctor Fernández, que ya no lo considera titular -por segunda vez en esta Liga-, y también de un amplio sector de la afición, que lamenta su carácter sobre el campo y, en general, su bajo nivel de juego, sin intensidad suficiente para la Primera División.

Ante esta situación, el jugador ha declarado que, si bien no le agrada, "poco se puede hacer"; sobre todo porque no entiende "qué la provoca". "Debe de ser el único que no lo entiende", ironiza un aficionado del Deportivo de La Coruña.

El futbolista tiene en el aire su renovación con el Deportivo, mientras se extienden los rumores que dan por hecho que tiene ya un acuerdo con otro club. Sea cual sea su futuro, su bajo rendimiento y su falta de compromiso para reaccionar ante las dificultades no parecen buenas tarjetas de visita. Ni en A Coruña ni en otro club al que pueda interesarle.

Juan Domínguez, que tiene un cierto olfato para el pase, guiado en su día por Juan Carlos Valerón, apenas corre cuando juega -a menudo se mueve andando-, sufre infinidad de despistes y pérdidas de balón por falta de concentración y es frecuente que pida el balón sin que muchos de sus compañeros se lo pasen; ni siquiera desde la defensa, delante de la que él suele jugar como supuesto creador de juego. Ha habido partidos en los que el centrocampista estuvo largas fases sin tocar un solo balón, a veces simplemente porque se alejaba del mismo y otras porque no acudía a disputarlo. Pero Juan Domínguez dice que no entiende qué provoca la reacción de una afición que pasó de aplaudir su talento a no querer verlo delante. Tal vez lo entienda cuando asuma que su indolencia es sinónimo de desidia, pereza, apatía, dejadez, indiferencia, vagancia y pachorra. Porque su problema no es tanto de falta de talento como de ganas de jugar al fútbol y de ayudar a sus compañeros.

Juan Domínguez no reconoce su apatía ni entiende el rechazo del público
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