Isco, un problema que puede parecer una solución o viceversa

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Andrés Iniesta.

El problema no es que quieran utilizar a Isco para enviar a Iniesta y Silva al exilio del banquillo, sino que el propio Isco está cayendo en la trampa. La masa se deja deslumbrar por las fulgurantes jugadas de fútbol sala, pero en Rusia hay que jugar a ese ingrato, impredecible e inescrutable deporte en el que once individuos contra otros once, se disputan una bola pequeña que rueda sobre una bola muy grande.

Isco, un problema que puede parecer una solución o viceversa

Se puede engañar a muchos con Isco algún tiempo, se puede engañar a algunos con Isco mucho tiempo, pero no se puede engañar a todos con Isco todo el tiempo. España ha tenido muchos Iscos, pero muy pocos Iniestas. España ha tenido muchos jugones con el balón en los pies en flagrantes procesos de independentismo con su cabeza, pero muy pocos jugones con la cabeza cumpliendo y haciendo cumplir la constitución del fútbol con sus pies.

Con todos mis respetos por Isco, ese extraordinario jugador de fútbol sala reconvertido con éxito en un jugador del fútbol de once que, obviamente, no pasa inadvertido, nuestra selección nacional solo ha podido acariciar tres Campeonatos de Europa y un Campeonato del Mundo cuando en sus centros del campo tenía a un Luisito Suárez o un Andrés Iniesta. El gallego, al que apodaban “El Arquitecto”, tenía 29 años cuando La Roja inauguró con una Copa de Europa nuestra árida vitrina continental y, el genio de Fuentealbilla, con dos años menos que Isco, después con la misma edad que el malagueño y, seguidamente, con dos años más a sus espaldas, contribuyó decisivamente a levantar dos Eurocopas más y a grabar la primera estrella en la camiseta de nuestra selección nacional.

¡Larga vida y los mejores deseos para Isco en cuanto se apaguen definitivamente los focos en los estadios de fútbol de la madre Rusia. Pero, hoy por hoy, Iniestas y Silvas a la pata coja, con actuaciones intermitentes, en tan solo cuatro o cinco minutos de esos en los que se les enciende la bombilla, mientras los Iscos esparcen polvo de estrella, a veces inocuo, exhibicionista, por los cuatro puntos cardinales de un rectángulo de juego, ofrecen más garantías para que los españoles, incluso los detractores de esos locos bajitos a los que exigen que dejen ya de jugar con la pelota, puedan soñar con la misión imposible de grabar la segunda estrella en La Roja.

Ni Lopetegui, ni Isco, ni Hierro han comprendido, por ejemplo, que el persistente “amorcillamiento” del malagueño en nuestra banda izquierda está matando, con fuego amigo, a dos de nuestras más apreciadas especies de pájaros de un tiro: el efecto sorpresa Jordi Alba y los inesperados conejos de la chistera que le reserva Andrés Iniesta a los rivales. Mira por donde, ese deslumbrante chico que parece nuestra solución, a veces, más de las necesarias, se convierte en nuestro problema. @mundiario

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