¿La impunidad de Florentino institucionaliza la violencia en el fútbol español?

Ramos acaba con Montolivo
Ramos acaba con Montolivo.

Los aforados del fútbol Ramos, Pepe, Cristiano, Marcelo, Arbeloa, Alonso, etc. ayudados por árbitros, prensa e instituciones, consiguen que la violencia se apodere del fútbol español. Montolivo, la última víctima.

¿La impunidad de Florentino institucionaliza la violencia en el fútbol español?

La violencia fomentada por la caverna mediática y defendida abiertamente por colaboradores del régimen del visirato ha tomado el fútbol y lo que le rodea de forma inexorable.

Durante toda la historia del balompié podemos encontrar ejemplos de violencia puntual. RecordarÁn sin duda a Juanito – con la colaboración de Sanchís – intentando matar a Mathaus mientras éste se encontraba en el suelo. Seguro que aún tendrán en sus retinas la famosa entrada de Goicoechea que le reventó la rodilla a Maradona, o la patada de Roy Keane que sacó de circulación a Haaland para siempre. Una violencia que era castigada, casi sin excepción, con duras sanciones a los agresores, y condenada casi de manera unánime por la prensa deportiva.

Sin embargo, la llegada de Florentino Pérez al Real Madrid y la consecuente ‘bufandización’, previo pago del periodismo unida al ‘blanqueamiento’ de los órganos de gobierno del fútbol que trajo consigo, y acompañada de la generación de futbolistas más violentos jamás reunida en un mismo equipo, ha cambiado el espíritu del ‘deporte rey’ transformándolo en una especie de batalla campal permitida por el trencilla, aplaudida por el comentarista, jaleada por el pipero y justificada por el showman de turno. Si añadimos la inactividad de los comités, que solo actúan bajo una denuncia que nunca se produce por miedo a que el amo de los despachos tome represalias, tenemos el cóctel perfecto para que los estadios de fútbol se conviertan en campos de batalla.

Florentino consiguió que entradas como la de Figo, que retiró a César, quedasen impunes y que palizas como la de Pepe a Casquero recibiese la sanción mínima estipulada en el reglamento pese a que debió salir del campo esposado. La violencia llegó incluso a ser utilizada como herramienta táctica por un Juande Ramos que dio instrucciones a sus jugadores para que golpearan por turnos a un jovenzuelo Leo Messi que los estaba volviendo locos.

Ya con la llegada de Mourinho y su abierta defensa de las hostias como forma de vida, el fútbol se convirtió en una modalidad de lucha sobre hierba (sin cortar) en la que Arbeloa, Xavi Alonso, Khedira, Pepe, Sergio Ramos, Cristiano o el mismo Mourinho y sus colaboradores, tenían la facultad de repartir a diestra y siniestra ante el silencio arbitral y el aplauso general de la Central Lechera que, en no pocas ocasiones culpabilizaba a la víctima, como fue el caso de Mtiliga, defensa del Málaga que intentó romper el codo de Mister Portugal con su nariz.

Se llegaron a vivir situaciones tan dantescas como la Final de la Copa del Rey de 2011 en la que Undiano Mallenco permitió al Real Madrid que reventara impunemente a patadas, pisotones y agresiones a un equipo que había salido a jugar a la pelota. Fuimos testigos de como el Bernabéu, con la connivencia de su Visir, permitía la exhibición de una pancarta en la que se aplaudía la agresión de Mourinho a Tito Vilanova en la Final de la Supercopa de España, tras la cual y para colmo, el segundo entrenador del Barcelona fue sancionado, suponemos que por meter el ojo en el dedo de José. Vimos, nada más y nada menos que al director de un diario deportivo pidiendo que había que parar a Messi ‘por lo civil o por lo criminal’.

Pudimos ver como Ramos intentaba partir la pierna de Messi en el minuto 93 del 5-0, como Marcerdo pisaba la pantorrilla de Villa justo después de ser agredido por Arbeloa. Respiramos con alivio al ver que Pepe no había amputado la mano de Messi tras un pisotón con el argentino en el suelo.

Durante los últimos quince años hemos sido testigos de como la violencia se ha institucionalizado en el fútbol español. Ni siquiera la salida de Mourinho ha podido cambiar esta tendencia. A día de hoy los árbitros más valorados son los que permiten el juego violento, los comités continúan mudos, los comentaristas deportivos animan abiertamente a parar con agresiones las ‘ofensas’ de los delanteros en el regate – Neymar puede dar fe -, y los showmen nocturnos justifican las patadas sacando al fútbol del listado de los deportes de pelota para ponerlo en el grupo de los de contacto.

El último damnificado ha sido Montolivo, que tras una salvaje entrada de Ramos en el partido de clasificación para Rusia 2018, tuvo que retirarse con la pierna reventada mientas el carnicero de Camas seguía en el campo como si no hubiese sucedido nada. Y mientras el italiano pasa la noche en un hospital de Turín, la borregada entierra los actos de Caballo Loco bajo la palabra intensidad. @SirDanielC

 

> Este artículo también ha sido publicado en la web del autor www.bloggol.es

 

 

 

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