Gavi, Piqué y el símil con Sudamérica
El pasado domingo la selección española de fútbol levantaba en Róterdam la copa de la Liga de Naciones, tras vencer en semifinales a Italia (2-1) y en la final a Croacia en penaltis. Aunque a día de hoy parece un título menor, la Nations League se convierte en el quinto título en la historia del combinado nacional, sumándose así a las Eurocopas de 1964, 2008 y 2012, y al Mundial de 2010.
Los campeones se citaron con todo aficionado y seguidor de La Roja en la capital española, concretamente en el Wizink Center. Todo parecía alegría, risas y celebración hasta que Pablo Martín Páez Gavira cogió el micrófono. En ese momento se escuchó a una inmensa minoría proferir insultos relacionados con su club actual, el Barcelona. El joven centrocampista culé escurrió el bulto como pudo y siguió con su discurso, sin dar importancia a unos impresentables que hubiese sido mejor que se quedasen en casa.
Todos en el mismo barco. Parece que algunos aficionados de la selección (muy pero que muy pocos) no saben todavía en qué barco están. En el barco de la selección española de Luis de la Fuente (el cual también sufrió algún insulto), o de cualquier otro que esté el día de mañana, solo se lleva una camiseta y esa es la de La Roja.
Obviamente se pueden tener opiniones y pensamientos acerca de quién podría estar y quién no, o quién debería jugar y quién no, pero de ahí a que se falte al respeto a un jugador, entrenador o a un club (cualquiera que fuese), hay una línea que no se puede cruzar.
Con Piqué en la memoria. Sin ir más lejos, otro jugador azulgrana recibió insultos y abucheos en varias ocasiones. Ese no es otro que Gerard Piqué. El catalán es popularmente conocido por no quedarse callado cuando le piden opinión y por avivar fuegos que parecían apagados, casi siempre haciendo subir el pan cada vez que le ponen un micrófono delante.
Sin justificar ningún insulto o falta de respeto a un jugador que dejó sangre, sudor y lágrimas por su selección, el caso de Gavi es muy distinto. Podemos tildar al pupilo de Xavi de excederse en el ímpetu que utiliza para robar el balón al contrario, de inexperiencia a la hora de gestionar emociones o no saber regular las revoluciones en un partido, pero estaremos todos de acuerdo que el comportamiento del de Los Palacios es intachable, y más cuando se viste la casaca de La Roja.
Parece que, por desgracia y aun en el siglo XXI, los colores de un club siguen pesando más que los de un país entero. Mucho debemos de aprender de Sudamérica en este sentido, que a sabiendas de que suelen ser países con menos desarrollo que España y con más problemas entre equipos y aficiones, todos parecen saber cual es el color de su camiseta cuando juega el combinado nacional. @mundiario