El Evangelio según Maradona

Maradona con la Copa del Mundo de 1986. / Twitter
Maradona con la Copa del Mundo de 1986. / Twitter
Investigo en testimonios y entrevistas hechas personalmente los orígenes del culto a este hombre tan divinamente terrenal y mortal como todos nosotros.
El Evangelio según Maradona

"Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro…”- Isaías 9:6

Diego Armando Maradona es de esos pocos hombres que pueden decir que compiten con dios. Sí, con dios mismo. En torno a él se han creado mitos, compuestos canciones, perdón, Salmos, escrito libros y su figura y obra se venera en casi cualquier rincón del planeta. Son pocos los elegidos, que diría Jesucristo, y Diego definitivamente está entre ellos. Pero la pregunta es, ¿por qué? ¿Qué distinguía a este hombre de todos los millones a nivel mundial que practican este deporte? ¿De dónde viene la atribuida divinidad a un sujeto que nunca quiso ser ejemplo ni mucho menos guía espiritual de nadie?

Invadido por estas dudas, decidí explorar en la biografía del eterno capitán argentino hasta desenterrar las raíces del culto a su nombre. Mediante relatos de prensa, imágenes de Internet, testimonios de personas a quienes entrevisté gracias al apoyo de Luciano Miris (sin quien realmente este texto no sería posible en toda su extensión) y versículos de la Biblia descubro el génesis del hombre redentor de -casi- todos los argentinos.

Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón”- Lucas 2:7

Diego nació en una familia de siete hermanos, nada menos. Su lugar de nacimiento es tan humilde que incluso hoy en día su casa no sobresale de entre las demás. Casi como haber nacido en un granero en medio de la nada. Así lo relató Guillem Balagué para la BBC, quien en un viaje a Argentina pidió a un taxista que lo llevara a Villa Florito, cuna del Pelusa. “Viajamos en silencio nervioso. Las casas empezaron a parecer cajas pequeñas, rodeadas por pavimentos irregulares, rejas a medio terminar y plantas descuidadas”, escribió.

“No hay señal alguna en la ruta que cuente la historia de la zona y de su más famoso residente. Tampoco había intenciones de convertirlo en una atracción turística. A nadie le gusta enseñar sus miserias”- Guillem Balagué

La sencillez del lugar era tal que efectivamente cuando el taxista le mostró cuál era la dichosa casa, aceleró y se fue pues la villa es conocida por ser una zona demasiado violenta. Nadie ha querido aprovechar a su ilustre vecino para convertirla en una fuente de ingresos. “No hay señal alguna en la ruta que cuente la historia de la zona y de su más famoso residente. Tampoco había intenciones de convertirlo en una atracción turística. A nadie le gusta enseñar sus miserias”, aseguró al respecto.

—¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Porque vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle”- Mateo 2:2

Y ahí, entre esas casas humildes, Diego dio sus primeros pasos. Rápidamente, su habilidad con la pelota lo convirtió en una auténtica revelación y llamó rápidamente la atención de ojeadores y scouts de equipos poderosos de Argentina. Nadie lo dudaba, aquel chico tenía estrella.

Valerio Martínez, quien tuvo la oportunidad de jugar contra Diego en 1979 cuando éste fue con Argentinos Juniors para jugar contra la selección de Santa Cruz, en la que era el portero, asegura que hasta un tal Néstor Kirchner pagó para ir a verlo en partidos de campos de tierra, con piedras y contra equipos que estaban lejos del glamour en el que juegan las grandes promesas mundiales de hoy en día.

Y es que antes de llegar apenas a las dos décadas de vida, el Diego ya era un imán de multitudes. “Antes de que debutara en la Novena de Argentinos, ya venían treinta o cuarenta jubilados a verlo jugar en Parque Sarmiento. Una vez, un viejo, de tan emocionado que estaba, le quiso regalar la bicicleta… Y Diego no quiso. El tenía muchos sentimientos, era muy noble”, comentó Francisco Cornejo, su descubridor, en una entrevista citada por elsalvador.com.

Respondió el hombre, y les dijo: Pues esto es lo maravilloso, que vosotros no sepáis de dónde sea, y a mí me abrió los ojos”- Juan 9:30

Así relata Cornejo en el libro Cebollita Maradona el día que vio por primera vez a aquel “enano” del campo de barro, ese que ya generaba rumores pero que los ojos de los grandes aun no habían visto. Diego tenía apenas ocho años:

“Dicen que por lo menos una vez en la vida todos los hombres asisten a un milagro, pero que la mayoría no se da cuenta. Yo sí. El mío ocurrió la tarde de un sábado de marzo de 1969 sobre el pasto mojado del Parque Saavedra cuando un pibe bajito, que me dijo que tenía ocho años —y yo no le creí—, hizo maravillas con la pelota. Cosas que yo nunca le había visto hacer a nadie. Hay una que no me la voy a olvidar jamás, porque cierro los ojos y la sigo viendo como si fuera ayer. ¿Ayer, dije? No, ayer no, como si la estuviera viendo ahora mismo. Cuando a un jugador la pelota le viene de aire, lo que hace es bajarla con el pie y después la deja caer al suelo y ahí patea o toca. Eso es lo que hacen todos. Pero aquel pibe no, aquel pibe hizo otra cosa: la dominó con la zurda, en el aire y, sin dejarla tocar el piso, con el pie todavía en el aire, le volvió a pegar para hacerle un sombrerito a un rival y mandarse hacia el arco contrario. La jugada siguió pero yo me quedé mirándolo, mirándolo a él. “Es un enano”, pensé. No podía tener ocho años, era seguro. Fue una pavada haber pensado eso. La edad no tenía nada que ver con lo que ese pibe había hecho. Si era más grande o más chico no tenía ninguna importancia, porque esa jugada no tenía edad. Un jugador normal, incluso uno muy habilidoso, puede pasarse la vida sin poder hacerla aunque la ensaye una, dos, mil o un millón de veces. Para hacer una jugada así —y como la hizo él: con toda naturalidad, como si fuera la cosa más sencilla del mundo—, aquel pibe tenía que ser diferente, muy diferente de los demás. Y yo me di cuenta. Ahí mismo me di cuenta. Por eso puedo decir, sin ponerme colorado y sin temor de que me acusen de agrandado, que yo descubrí a Diego Armando Maradona, un milagro del fútbol. Y también mi milagro personal”.

Francisco Cornejo posa con Diego Maradona.

No obstante, pese a esa condición de potencial estrella futbolística pero sí toda una celebridad, Maradona jamás perdió su esencia, esa humildad y liderazgo que lo hacían sobresalir. “Me acuerdo que lo detenían a patadas pero se levantaba y seguía jugando con la misma pasión. En una jugada, cayó y sus piernas empezaron a sangrar. Pensamos que con eso lo sacábamos del partido, pero no, él era un animal competitivo”, comenta Martínez. En la cancha, Diego no dejaba de ser un chico que se divertía con la pelota y con los oponentes. “En un tiro libre se me acerca y me dice “te la voy a enviar a este ángulo”. Cuando lo escuché pensé que no estaba hablando enserio. Pues no, fue y me la puso en ese ángulo. Me hizo cuatro goles esa tarde”, prosigue Valerio, “y al final del partido se me acerca y me dice: pibe, dale tranquilo que esto es solo un juego”.

"En un tiro libre se me acerca y me dice “te la voy a enviar a este ángulo”. Cuando lo escuché pensé que no estaba hablando enserio. Pues no, fue y me la puso en ese ángulo"- Valerio Martínez

Levantándose de allí, se fue a la región de Judea y al otro lado del Jordán; y se reunieron de nuevo las multitudes junto a El, y una vez más, como acostumbraba, les enseñaba”- Marcos 10:1.

Diego no era alguien de gritar, una técnica muy común en grandes capitanes como Carles Puyol o Bastian Schweinsteiger, por mencionar un par de señores leyendas del fútbol. No, a Maradona le gustaba acercarse a las personas que lo seguían, estar pegado a ellas, aconsejarlas, darles cariño y enseñarles a hacer milagros con la pelota, como hacía él mismo.

“No era un tipo de gritar, sino de ir con sus compañeros y hablarles de cerca. Los alentaba. Si perdía una pelota, apoyaba a los demás”, recuerda Valerio. “Nunca se burló def nadie”, agrega. Diego predicaba con la pelota pero también con su cercanía a los demás.

"17 Y descendió con ellos, y se detuvo en un lugar llano, en compañía de sus discípulos y de una gran multitud de gente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón, que había venido para oírle, y para ser sanados de sus enfermedades; 18 y los que habían sido atormentados de espíritus inmundos eran sanados.19 Y toda la gente procuraba tocarle, porque poder salía de él y sanaba a todos."- Lucas 6:17-20

Diego Maradona agazajado en la Bombonera.

Diego con la Copa del Mundo ganada en 1986

El coche que llevó el cuerpo de Maradona intentando hacerse paso entre la multitud.

Entrada triunfal de Maradona al San Paolo, que se convertiría en su Jerusalén.

La afición del Nápoli contempla fascinada a su redentor.

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”- Juan 1:14

“Un partido de la Copa del Mundo era lo mismo que con sus amigos de la calle”, relata Martínez con un tono de nostalgia en su voz durante la llamada en la cual le hice esta entrevista. Para el Diegote lo que más importaba era la pelota. Con ella era feliz en donde fuera, ya sea en el cielo inalcanzable de La Bombonera, el Camp Nou o el Estadio Azteca o en una cancha de tierra jugando un partido benéfico o simplemente dando pataditas al balón con sus amigos del barrio. D10S no hacía excepción de personas, como relata Pedro en Hechos 10:34, ni tampoco de canchas. El verbo de Diego, el que se veía en la tele y fascinaba a todos, se hacía carne siempre que podía y habitaba entre nosotros de carne y hueso.

“Jugaba bien y amaba jugar, lo cagaban a patadas y se levanta con más ganas. Tenía pasión"- Maximiliano Diantonio.

“Jugaba bien y amaba jugar, lo cagaban a patadas y se levanta con más ganas. Tenía pasión”, explica Maximiliano Diantonio, oriundo de Buenos Aires y quien no olvida que, a sus seis años, quedó encantado cuando vio jugar a Diego en la Copa del Mundo de 1986. “Tenía un temperamento excepcional dentro y fuera de la cancha”, complementa Héctor Miris, quien conoció a Diego en 1980 cuando el jugador estuvo en Río de Gallegos con Argentinos Juniors. La impresión que le quedó a Miris fue la de un pibe que tenía “una personalidad avasallante y temeraria dentro de la cancha”. . Complementando lo de que el verbo se hizo carne, Diego descendía siempre a la tierra de los hombres a jugar cuando se le necesitaba, organizando inclusos juegos benéficos incluso contra las negativas de los gentiles.

"46 Vino pues Jesús otra vez á Caná de Galilea, donde había hecho el vino del agua. Y había en Capernaum uno del rey, cuyo hijo estaba enfermo. 47 Este, como oyó que Jesús venía de Judea á Galilea, fué á él, y rogábale que descendiese, y sanase á su hijo, porque se comenzaba á morir. 48 Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y milagros no creeréis. 49 El del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera."- Juan 4:46-49

Aparte de toda Argentina, el otro lugar donde su nombre y figura se volvieron una figura de culto fue en Italia, específicamente en Nápoles. El sur de la bota fue testigo de su mejor época como profesional, como ya se vio en las imágenes superiores. No obstante, Diego jamás se olvidó de los más desfavorecidos, como en Marcos 6:34

Especialmente famosa es la historia de un hombre cuyo hijo padecía de una enfermedad grave y a quien no podía pagarle operaciones ni tratamientos. La historia llegó a oídos del 10 mediante Pietro Puzone, su compañero de equipo. El padre, angustiado y desesperado por ayuda, pidió al presidente del equipo que le permitiera jugar un partido benéfico para juntar recursos para su hijo, a lo que el directivo se negó pues entendía que su activo más valioso podía lesionarse o lastimarse en un campo que no daba condiciones para un futbolista de aquella talla. ¿Qué hizo Maradona? Pues qué más iba a hacer sino ignorar aquella restricción y llevar a sus compañeros a una cancha de barro a disputar el partidoo. La taquilla no dio para pagar todo lo que el padre necesitaba, por lo que el verbo volvió a hacerse carne y puso de su bolsillo la cantidad restante. Diego se echó a Nápoles y al mundo al bolsillo, incapaces todos de resistirse a un gesto de bondad y humanidad como aquél.

“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”- Juan 16:33

Confieso que tuve la idea de este reportaje cuando escuché a Ricardo Ortiz, narrador de ESPN, asegurar que cuando veía a Maradona cantar el himno nacional antes de un partido se sentía protegido. “Con Maradona todo era posible. Él hacía a los argentinos pensar que David podía ganarle a Goliat. Su orgullo era tan grande que hacía vibrar a todos. A él le gustaba levantar a los humildes. Le peleaba al mundo”, confirma Martínez ahora con aire de orgullo.

Sí, el temperamento y compromiso de Diego con su camiseta rebalsaba precisamente de orgullo a todos quienes le veían. “Verlo cantar el himno inspiraba un profundo sentimiento de nacionalismo y un gran compromiso con la casaca celeste y blanca”, confiesa Miris.” ¿Cuántas personas conocen ustedes capaz de transmitirles protección y fe a miles de kilómetros de distancia? ¿Qué espíritu y alma son capaces de invadir hogares de personas que jamás lo han visto en persona? Diego era uno con Argentina y Argentina era una con él.  “Es el único que nos hizo reír de alegría. Nos hizo los mejores del mundo. Son pocos los hombres que hicieron de Argentina un país famoso”, prosigue Valerio.

 “Es el único que nos hizo reír de alegría. Nos hizo los mejores del mundo. Son pocos los hombres que hicieron de Argentina un país famoso”- Valerio Martínez

"19 Jesús se dio cuenta de que querían hacerle preguntas acerca de esto, así que les dijo:

—¿Se están preguntando qué quise decir cuando dije: “Dentro de poco ya no me verán”, y “un poco después volverán a verme”? 20 Ciertamente les aseguro que ustedes llorarán de dolor, mientras que el mundo se alegrará. Se pondrán tristes, pero su tristeza se convertirá en alegría. 21 La mujer que está por dar a luz siente dolores porque ha llegado su momento, pero en cuanto nace la criatura se olvida de su angustia por la alegría de haber traído al mundo un nuevo ser. 22 Lo mismo les pasa a ustedes: Ahora están tristes, pero cuando vuelva a verlos se alegrarán, y nadie les va a quitar esa alegría. 23 En aquel día ya no me preguntarán nada. Ciertamente les aseguro que mi Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre. 24 Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre. Pidan y recibirán, para que su alegría sea completa"- Juan 16:19-24

Pero, indiscutiblemente, la figura de Maradona también fue siempre aborrecida por muchos. Sus escándalos fuera de la cancha le ganaron bastantes enemigos. Dentro de esa lista de escándalos los hay de todo tipo, desde discusiones con directivos (como en Argentinos Juniors cuando, siendo apenas un niño, dijo al presidente del equipo que si no les pagaban no volverían a jugar) hasta otros de índole sexual. Sin embargo, esa persecución al futbolista y al hombre no bastó para que el culto hacia su aura cesara pues Argentina, o casi toda, le perdona todo.

“Se le perdona todo porque fue el más grande”, explica Valerio. “El 50% de la gente lo ama como ídolo del fútbol y el otro 50% no le gusta el hombre”, admite.

De nuevo, son pocos los hombres capaces de competir con dios. Mi lista de hecho es corta pues coloco solo a Miguel de Cervantes, pues su obra cumbre es el segundo libro más traducido del planeta solo detrás de la Biblia justamente, y a Albert Einstein, cuyo conocimiento e ingenio nos acercó como especie al origen del todo y a los misterios jamás revelados.

Y así, entre dos auténticos genios literarios y científicos está este hombre de pura carne y hueso, terrenal y mundano, uno que nunca quiso ser más que el hijo del hombre que peregrinó por todas las canchas que pudo en el mundo para repartir oro, incienso y mirra a los desamparados, a los olvidados, a los que necesitaban una razón para reír. “Siempre será eterno por la huella que dejo en la gente”, explica Miris.

El hombre hecho deidad. Diego Armando Maradona dejó una huella imborrable en todas partes donde pasó, lamentablemente también algunas malas. Sin embargo, su gente no lo olvidará y en ellos quedará la silueta de aquel chaparro de apenas 1.70, pelo voluminoso, piernas de titanio, cintura de guepardo y un talento como si se hubiera bautizado en el Río Jordán. Diego descansa en paz pero vive para siempre. “Gracias, Diego”, se despide Valerio. @bilderjager

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