El Madrid toca fondo incluso cuando gana: las conclusiones del bochorno ante el Rayo Vallecano
El Santiago Bernabéu habló antes, durante y después del partido ante el Rayo Vallecano. Los silbidos no fueron un accidente ni un calentón puntual, sino la respuesta acumulada a semanas de decepción. La derrota en Lisboa dejó huella y el triunfo liguero no sirvió para borrar la sensación de un equipo que camina sin convicción. El estadio no protestó por perder, protestó por no creer.
El Real Madrid sumó tres puntos, sí, pero lo hizo sin autoridad. El partido fue espeso, previsible y lleno de desconexiones impropias de un aspirante al todo. La plantilla transmitió una inquietante falta de tensión competitiva, como si el peso del escudo no bastara para activar las alarmas internas. El público percibió ese desajuste y reaccionó con dureza.
Ni siquiera Kylian Mbappé escapó al foco crítico. Marcó desde el punto de penalti en el descuento, pero su actuación estuvo lejos de lo esperado durante muchos minutos. El francés falló, se apagó por tramos y dejó la sensación de vivir al margen del ritmo colectivo. En un equipo frágil, sus silencios pesan tanto como sus goles.
Vinicius, en cambio, dejó señales de vida. Incluso con un sector del público pitándole, su gol temprano y su insistencia constante devolvieron algo de electricidad a un ataque plano. No fue un partido perfecto, pero sí una respuesta anímica tras la noche europea de Lisboa. El brasileño volvió a parecer ese futbolista que desafía el contexto, incluso cuando el entorno es hostil.
El Madrid sigue vivo en la Liga, pero el problema va más allá de la clasificación. El proyecto de Álvaro Arbeloa genera más dudas que certezas y el equipo parece retroceder cuando debería crecer. Si no corrige su debilidad defensiva y su dependencia de días inspirados, Florentino Pérez haría bien en preocuparse. Porque el Bernabéu ya ha empezado a perder la paciencia. @mundiario