El Deportivo que se hizo grande en el fútbol europeo se ha venido abajo

La afición del Deportivo, lo mejor de Riazor.
La afición del Deportivo, lo mejor de Riazor.
A Coruña hasta puede quedarse sin el Real Club Deportivo que paseó su nombre con orgullo por el mundo, contribuyó a mejorar su economía, aportó toneladas de alegría y mucha ilusión colectiva.
El Deportivo que se hizo grande en el fútbol europeo se ha venido abajo

Dos días después del drama deportivo vivido en Riazor, varios periódicos gallegos publicaban que hace 25 años, Lendoiro presentaba su candidatura para la presidencia del Deportivo tras la dimisión del mandatario anterior. Desde entonces fueron muchas las tardes de gloria y felicidad que el club, bajo su mandato, brindó a la afición logrando buenas clasificaciones, codeándose con los grandes en juego y resultados y conquistando títulos. Poco que objetar a la gestión deportiva.

Es menos brillante la gestión económica porque los dirigentes del Dépor, igual que el Gobierno anterior, tampoco supieron ver la llegada de la crisis y, dicho en lenguaje coloquial, estiraron el pie de los gastos más allá de lo que daba la manta de los ingresos, que fue lo que provocó el desequilibrio económico que llevó al equipo al descenso de categoría hace dos años, al proceso concursal este y al descalabro deportivo hace unos días.

El Dépor remó toda la liga para naufragar al final. Ahora queda un equipo hundido económica y deportivamente, presa de "la maldición de Riazor", ese sino dramático que "paraliza" a los futbolistas y les imposibilita para ganar los partidos decisivos. Y queda una ciudad deprimida porque el descenso del Dépor es una metáfora de la caída que está experimentando A Coruña, una urbe alegre y bulliciosa que en los últimos tiempos asiste impotente al desmantelamiento de sus sistema productivo, industrial y de servicios: las fenosas, fadesas, el sistema financiero -caja y bancos-, la emblemática Fábrica de Armas, la antigua San Luis o el comercio minorista en ruinas son los símbolos del declive de la ciudad.

Y ahora, A Coruña hasta puede quedarse sin el Real Club Deportivo que paseó su nombre con orgullo por el mundo, contribuyó a mejorar su economía, aportó toneladas de alegría y mucha ilusión colectiva.

Hay una nota positiva tras lo sucedido en la noche del sábado, día 1: el espectáculo que dio la afición que, en medio de la adversidad, dejó constancia que es una afición de primera matrimoniada con su equipo, tan resignada y comprensiva que sabe compensar esta desgracia con el recuerdo de tantas tardes de gloria deportiva vivida en los últimos años.

Ahora toca levantar los ánimos. "¡Volveremos!", decían muchos aficionados a la salida del estadio. Volveremos renovados, más fuertes económica y deportivamente para seguir ofreciendo a la afición y a Galicia tardes de gloria en sonados triunfos. Y para levantar también la moral de la ciudad, que falta le hace.

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