Doncic firmó una actuación heroica… pero no bastó para evitar otro desastre de los Lakers
Los Lakers vuelven a deslizarse por una pendiente que conocen demasiado bien. Desde el anillo de la burbuja, la franquicia vive instalada en una temporada eterna de altibajos, donde cada fase regular se convierte en una prueba de resistencia para jugadores y afición. El equipo avanza sin estabilidad, como un barco que navega con buen viento… pero con el casco agrietado.
La derrota ante Sacramento fue algo más que un tropiezo. Perder ante un rival directo y cargado de rivalidad expuso, una vez más, los defectos estructurales del proyecto. No es una cuestión puntual ni de calendario, sino de hábitos repetidos: desconexiones largas, dependencia extrema de las estrellas y un perímetro que no castiga a nadie.
JJ Redick no se escondió tras el partido. El técnico fue directo al señalar el drama exterior y la pobreza en la circulación de balón. Mientras los Kings volaban desde el triple, los Lakers fallaban como si el aro se hubiera encogido. Ni el volumen de asistencias ni el plan ofensivo respondieron, y el equipo caminó sobre una cuerda cada vez más fina.
Ni siquiera la noche heroica de Luka Doncic fue suficiente. El esloveno firmó una actuación descomunal, acompañado por un LeBron correcto, pero el baloncesto no se sostiene solo con actos individuales. Cuando el colectivo se resquebraja, los números brillantes sirven de poco y las derrotas se acumulan sin remedio.
El calendario no concede tregua y el mercado se acerca como una necesidad más que como una opción. Los Lakers siguen quintos, sí, pero transmiten menos seguridad que muchos equipos por detrás. En el Oeste no basta con sobrevivir: o corriges a tiempo, o la clasificación acaba siendo un espejismo. @mundiario