El Deportivo ante su propio espejo: empates que sostienen y muchas dudas que pesan

Jugadores del Deportivo y del Las Palmas. / RCD
El 1-1 en Las Palmas mantiene al Deportivo en la pelea por el ascenso, pero prolonga una dinámica inquietante en el momento más exigente del calendario. El Deportivo carece de un mediocentro que ordene el juego y de un central de verdad.

El Deportivo de La Coruña sigue diciendo que aspira al ascenso directo a Primera División, pero su fútbol empieza a matizar ese discurso. El empate en Las Palmas, en su quinto partido consecutivo sin conocer la victoria, mantiene al equipo blanquiazul a cuatro puntos de los puestos de ascenso directo. Una distancia asumible sobre el papel, aunque cada vez más pesada en lo emocional y en lo futbolístico.

De los últimos 15 puntos, obtuvo dos –los mismos que el colista Mirandés–, pero el problema del Dépor ya no es solo matemático. Es estructural. El equipo de Antonio Hidalgo sigue mostrando las mismas grietas semana tras semana: fragilidad en el centro de la defensa, dificultades para gobernar los partidos desde el medio campo y una preocupante falta de colmillo en la delantera. Y lo más inquietante es que ni siquiera los futbolistas llamados a marcar diferencias parecen ahora mismo inmunes a esa dinámica. Yeremay está muy apagado. Mella no juega en su sitio. Nadie se explica qué pasa con Grajera...

En el Estadio de Gran Canaria, el Dépor volvió a adelantarse casi sin querer. Las Palmas fue dueña de la pelota desde el inicio, imponiendo ritmo y posición ante un conjunto coruñés replegado, reactivo y poco fino en la salida. Pero el fútbol sigue teniendo estas paradojas: cuando menos parecía necesitarlo, el Deportivo encontró el gol en una jugada aislada. Un saque de esquina mal defendido por los locales y una chilena extraordinaria de Diego Villares bastaron para romper el guion a los veinte minutos.

Cinco jornadas sin ganar no son una anécdota cuando el objetivo es subir. El Dépor compite, pero sigue sin transmitir autoridad en las áreas

Fue un gol tan bello como engañoso. Porque la ventaja no cambió el partido. El Dépor no se adueñó del balón ni logró enfriar el dominio canario. Al contrario, siguió persiguiendo sombras, con Mario Soriano demasiado hundido y un centro del campo incapaz de sostener posesiones largas. Las Palmas recuperaba rápido, movía el balón con paciencia y terminaba encontrando siempre el mismo camino: atacar las costuras de una estructura defensiva blanquiazul que vuelve a transmitir inseguridad. Ni Arnau Comas ni Noubi tienen condiciones para ser titulares en un equipo que quiera ascender.

El empate era cuestión de tiempo. Antes llegó el aviso, con un disparo de Jesé al palo, y después la jugada que retrata un problema recurrente. Arnau Comas quedó expuesto en el área y el colegiado señaló un penalti discutible, pero evitable. Álvaro Ferllo sostuvo al Dépor con una doble intervención magnífica ante Jonathan Viera, confirmando que el relevo bajo palos fue, al menos, una decisión acertada. Pero ni siquiera su actuación pudo evitar lo inevitable: poco antes del descanso, un centro lateral mal defendido por Noubi permitió a Jesé girarse y marcar el 1-1.

Tras el intermedio, el partido se abrió. La entrada de José Ángel dio algo más de sentido al juego coruñés y durante algunos minutos el Dépor pareció creer que podía ir a por el partido. Stoichkov tuvo dos ocasiones claras. En la primera, el gol fue anulado por un fuera de juego ajustado. En la segunda, solo ante Horkas, falló de forma estrepitosa. No es una cuestión de nombres, sino de funciones: no es lo mismo jugar de delantero que ser delantero.

A partir de ahí, el encuentro entró en una fase de equilibrio tenso. Las Palmas, consciente de la debilidad deportivista en el juego aéreo defensivo, buscó centros laterales. El Dépor, más sereno pero no más contundente, rondó el segundo sin terminar de amenazar de verdad. El empate terminó siendo un pacto tácito entre dos equipos que no querían perder más que ganar.

Salta a la vista que Fernando Soriano volvió a fracasar en algunos fichajes y que Antonio Hidalgo –cada día más errático– sigue sin tener un once

El punto permite al Deportivo seguir en la pelea, pero no disipa las dudas. Cinco jornadas sin ganar ya no son un simple bache coyuntural. El calendario aprieta, los rivales no aflojan y el equipo blanquiazul sigue sin ofrecer señales claras de crecimiento. Cada gol cuesta una enormidad. Cada error atrás se paga caro. Y cada partido parece una prueba más de resistencia emocional. Salta a la vista que Fernando Soriano volvió a fracasar en algunos fichajes y que Antonio Hidalgo –cada día más errático– sigue sin tener un once.

El Dépor compite, pero no domina. Sobrevive, pero no impone. Y cuando un equipo que aspira a subir empieza a vivir instalado en la indefinición, el espejo que le pone delante la competición deja de ser complaciente. La lucha por el ascenso continúa, sí. Pero el reflejo que devuelve ahora mismo no es el de un aspirante firme, sino el de un equipo que todavía no sabe si tiene mandíbula para encajar el golpe definitivo ni fe suficiente para creer en los suyos. El Deportivo pide a gritos un mediocentro que ordene el juego y un central de verdad. @mundiario