El Deportivo ya no elude que su objetivo es volver a Primera
Por fin se acabaron los eufemismos. El Deportivo de La Coruña ha vuelto al fútbol profesional, pero tras conseguir la permanencia este año en Segunda no lo hace ya como un recién ascendido cualquiera. Desde el primer día de esta nueva etapa, el club ha dejado clara una hoja de ruta ambiciosa, sin medias tintas: el objetivo es el ascenso a Primera División, y a medio plazo, volver a la Champions League. Lo ha dicho el dueño, lo ha confirmado el director deportivo, y lo ha asumido el nuevo entrenador. El mensaje es inequívoco: se terminó la etapa del conformismo. El Deportivo aspira a lo que fue, a lo que vio en las noches mágicas de Riazor en los tiempos de Augusto César Lendoiro, y lo quiere hacer pronto.
El 12 de mayo de 2024, el Deportivo salió del barro tras cuatro años en los infiernos. Un periplo por la Primera RFEF que fue más una penitencia que una travesía. El regreso a Segunda División se celebró como un ascenso necesario, una recuperación de la dignidad institucional. Sin embargo, ni durante el curso ni después de la permanencia matemática se habló con claridad de metas concretas. La dirección deportiva se mantuvo cauta, como si aún doliesen las heridas del pasado reciente. Hasta ahora.
En la presentación del nuevo entrenador, Antonio Hidalgo, el director deportivo, Fernando Soriano, despejó cualquier duda: el contrato incluye una segunda temporada si y solo si se logra el ascenso. “Es por objetivos, por el ascenso”, sentenció. Ni salvación, ni estabilización: el objetivo oficial del club, desde ya, es subir. Así de claro. Antonio Hidalgo es, por tanto, el entrenador elegido para llevar al Deportivo a Primera, un objetivo para que el sería importante mantener a Yeremay en la plantilla.
Antonio Hidalgo, técnico experimentado, no rehuyó esa exigencia. No pronunció la palabra ascenso directamente, pero dejó ver que la entiende, la asume y la comparte. “La exigencia va a ser alta. Así lo pide la historia y el escudo del club”, afirmó. Su discurso, sobrio pero firme, pone el acento en el trabajo, la ambición y el día a día. Sabe a dónde ha venido y lo que se espera de él. “Me gusta prometer cosas reales”, dijo. Pero en el Deportivo, lo real vuelve a ser soñar.
Las noches mágicas de Champions
Porque aquí el sueño no es nuevo. Juan Carlos Escotet, propietario y presidente del club, ha encendido la mecha. Lo hizo en varias intervenciones públicas, pero sobre todo en la más simbólica: la entrega de medallas de oro a los socios con medio siglo de fidelidad. “Habéis estado en Riazor en las noches mágicas de Champions, que volverán”, proclamó. No es solo un guiño emotivo: es una declaración de intenciones. A los socios más veteranos, a los que vieron al Milan y al Bayern arrodillarse en A Coruña, se les ha prometido que esa emoción puede repetirse.
El expresidente Lendoiro, figura imprescindible en esa etapa gloriosa, no ha tardado en bendecir el giro de discurso. Lo ha hecho desde MUNDIARIO celebrando la valentía del presidente actual por sacudir la comodidad y recuperar un mensaje ganador. “Estoy cansado de oír declaraciones que consideran un logro mantenerse en esta categoría”, escribió. “Se precisaba cambiar ese mensaje timorato por otro ganador”. Y el cambio, por fin, ha llegado.
Con esa ambición por bandera, el Deportivo inicia una nueva era. Antonio Hidalgo, de 46 años, es el encargado de liderar el proyecto en el banquillo. Su llegada, producto de un proceso reposado, llega tras decidir él mismo no renovar en el Huesca. Su perfil encaja con la nueva filosofía: entrenador meticuloso, adaptable a diferentes plantillas y estilos, defensor de plantillas cortas pero cohesionadas, con fe en la cantera y en el trabajo constante. “Tenemos una ambición grande”, resumió en su presentación. “Para mí es una bendición estar aquí. Es el paso que tocaba”.
Soriano se propone reflexionar
El entorno no es fácil. La afición, que nunca abandonó al equipo ni en sus peores días, también eleva el listón. Fernando Soriano lo sabe bien. En el último partido de la temporada, recibió los reproches de Riazor, algo que, admitió, le dolió. “Tengo el máximo respeto a la afición, porque sé dónde estoy y al club que represento”, declaró. “Sé la exigencia y la historia del club. Humanamente duele, pero me hace reflexionar”. Palabras necesarias en una estructura que también necesita autocrítica.
En ese contexto, empiezan a definirse movimientos clave. Pablo Vázquez, con contrato en vigor, no tiene garantizada su continuidad, aunque Soriano asegura que no se le ha invitado a salir. El caso de Hugo Rama, que finaliza contrato, parece más claro: su renovación es improbable. El técnico y el director deportivo tienen claro que el vestuario debe estar comprometido, preparado y con hambre. La exigencia será máxima, y no hay lugar para dudas.
Por supuesto, el camino no será sencillo. La Segunda División es un campeonato largo, traicionero, repleto de clubes históricos y aspirantes bien armados. Pero el Deportivo ya no quiere ser uno más. Su presupuesto, su afición, su historia y su nuevo discurso apuntan hacia arriba. Como dijo Hidalgo, esto va de ganar. Y como recordó Escotet, esto va también de volver a Europa. Puede sonar a locura, pero en Riazor las locuras ya han sido realidad.
La Champions está lejos, sí. Pero el Deportivo, por fin, ha decidido empezar a caminar en su dirección. Paso a paso, pero con una mirada clara: hacia arriba. Hacia el lugar que nunca debió perder. Porque, como dijo Lendoiro, la afición del Deportivo sigue siendo de Champions. Ahora, el club también quiere serlo. @mundiario