¿El Dépor ordena su defensa sin fichajes de emergencia?
No hubo ruido, ni urgencias, ni carreras de última hora. Mientras enero suele empujar al caos, el Deportivo eligió el silencio como respuesta. La llegada de Adrià Altimira no fue un parche ni una reacción, sino una confirmación: la defensa ya estaba pensada. Y cuando un club ficha para ordenar, no para tapar, algo empieza a funcionar.
La clave de todo está en Miguel Loureiro. El de Cerceda llegó como comodín defensivo y ha terminado erigiéndose en el central más fiable del equipo. Sin estridencias ni discursos, se adueñó del eje de la zaga con continuidad, lectura y una serenidad impropia de un rol improvisado. Su crecimiento ha cambiado el dibujo completo.
Ese asentamiento ha permitido al Dépor mirar el mercado sin ansiedad. Cuando una pieza interna responde, la necesidad externa se diluye. Loureiro ha dado estabilidad, ha limpiado la salida de balón y ha reducido errores estructurales. En una categoría tan larga, eso vale más que cualquier fichaje mediático.
En ese contexto aparece Altimira. No como salvador, sino como complemento. Intensidad, recorrido y equilibrio para una defensa que ya tenía columna vertebral. Su llegada suma sin alterar, encaja sin desplazar. Es una pieza que refuerza la idea, no que la contradice.
El mensaje del Deportivo es claro y poco habitual en invierno: confianza. Confianza en la evolución interna, en los roles definidos y en un plan que no se toca por impulso. La zaga blanquiazul, tantas veces señalada, ha encontrado calma. Y en enero, la calma también gana partidos. @mundiario