¿La Copa del Rey como redención para un alicaído Dépor?
El Deportivo de la Coruña llega al partido de Copa frente al Mallorca con una mochila cargada de dudas. La derrota 0-3 ante el Sanse dejó cicatrices profundas en Riazor y la afición exige una reacción inmediata. Más que una victoria, lo que se necesita es una imagen sólida, un equipo que transmita confianza y que demuestre que está preparado para competir con dignidad frente a un rival de Primera.
El técnico ha dejado claro que tiene el once en mente y que la ilusión es máxima. La oportunidad de recibir a un equipo como el Mallorca en tercera ronda es un premio al esfuerzo, pero también una prueba de fuego. El Dépor debe mostrar que puede gestionar la exigencia de jugar cada 72 horas y que la plantilla está lista para responder con carácter y compromiso.
Situados en ascenso directo, los coruñeses saben que la temporada es un vaivén de emociones. Lo que hoy parece positivo puede volverse negativo mañana, y esa gestión emocional será clave. La Copa no debe distraer del objetivo principal, pero sí puede servir como impulso anímico para un vestuario que necesita recuperar confianza tras los tropiezos en casa.
Seguramente, el batacazo frente a la Real Sociedad B ya está analizado y discutido en el vestuario. Faltaron cosas, se perdió intensidad y se dejó escapar un partido que nunca debió terminar en goleada. Ahora, el reto es demostrar que se ha aprendido de los errores y que el equipo puede reaccionar con madurez. El Mallorca pondrá a prueba esa capacidad de resiliencia.
Con semejantes antecedentes, el Deportivo no solo juega por pasar de ronda, sino por recuperar su identidad. La afición quiere ver un equipo que compita, que muestre fortaleza y que deje atrás la sombra del Sanse. Ganar sería un premio, pero lo esencial es que el Dépor vuelva a ser reconocible en Riazor y que el partido ante el Mallorca marque el inicio de una nueva etapa. @mundiario