Del Taboo al Gelsenkirchen

Primera página del diario Marca tras la clasificación del Deportivo para las semifinales de Champions. / Marca
Primera página del diario Marca tras la clasificación del Deportivo para las semifinales de Champions. / Marca

Este artículo se publica en el libro que acaba de editar el Deportivo de La Coruña sobre los partidos en Europa. Tiempos aquellos...

Del Taboo al Gelsenkirchen

¡Quién le iba a decir a Pepe, “el del Taboo”, que serviría de notario de una apuesta histórica que, en el verano de 1988, crucé con Vigil, un asiduo contertulio de aquella entrañable cafetería.

Aún estaban calientes mi toma de posesión como Presidente y el gol de Vicente que nos libró del pozo de la Segunda B, cuando afirmé que muy pronto jugaríamos en Europa. No recuerdo si para lanzar ese órdago suicida influyeron los éxitos del Liceo, si fue un ilusionado gen ganador o si, a tenor de la hora, un combinado extra había provocado un optimismo exagerado, pero lo cierto fue que, con Pepe como testigo y depositario, aposté que el hecho se produciría antes de 1992.

Fue el ensayo del “Barsa, Madrid, ya estamos aquí”, en María Pita, y hubiese ganado la apuesta en 1989 si un nefasto arbitraje no nos hubiese negado en Valladolid disputarle la Copa del Rey al Madrid, ya Campeón de Liga, lo que nos garantizaba la presencia en la Recopa de Europa.

Aquel innombrable nos obligó a esperar a que el naciente SuperDepor se clasificase para una Copa UEFA, de nivel similar, o superior, a la propia Copa de Europa, y que algunos hoy se empeñan en equiparar a la Europa League. Nada que ver, porque, si en los años noventa existiese la Champions, la hubiésemos disputado en otras cuatro ocasiones como subcampeones o terceros de España.

El nacimiento continental tuvo lugar en Aalborg, pero el bautizo, como ocurre siempre en el fútbol, se celebró en Inglaterra ante un gran Aston Villa, con Arsenio como mister de aquel equipo que volvió locos a miles y miles de gallegos que, desde ese día, pudieron presumir del equipo de su tierra en sus trabajos en el Reino Unido. Había nacido un equipo que, durante muchos años, serviría de orgullo a millones de gallegos de la diáspora, un club ganador que les permitía discutir de tú a tú con los aficionados de los grandes escuadras británicoas, alemanas, italianas, francesas, suizas ...

En ese discurrir por Europa fueron nada menos que seis los entrenadores que nos dirigieron. Arsenio viviría la gran alegría de Birmingham y la enorme tristeza en Dortmund, en el partido que más sufrí, porque pudimos golear al mejor Borussia de la historia, campeón de UEFA y Copa de Europa, y quedamos eliminados. O Bruxo dio paso al galés John Benjamin Toshack que nos llevaría hasta otra semifinal histórica, la de la Recopa contra él después campeón, un gran PSG, consiguiendo un éxito que, al igual que nuestra presencia en el Mundial de Clubs que Traffic nos robó, no se han valorado nunca en su justa medida.

Después Carlos Alberto Silva, Caparrós y Lotina también debutaron en Europa, aunque con menos éxito, pues el buen Auxerre de Guy Rous, que marcaba al hombre por todo el campo; el Olimpique, “dirigido” por “un ruso en Marsella”, el colegiado Ivanov y el Aalborg ponían fin a un discurrir por el Viejo Continente del EuroDepor que había triunfado con Irureta.

Jabo fue el profanador de los grandes templos futbolísticos continentales, a pesar de lo religioso que él era. Desde los ya míticos Olímpico de Múnich, Delle Alpi a Highbury a los San Siro, Parque de los Principes, o despertarse ganando en El teatro de los sueños, como apodó Bobby Charlton a Old Trafford ... cayeron casi todos.

Se nos atragantó O Dragao cuando lo que parecía imposible todos lo habíamos conseguido. Los deportivistas ya pronunciábamos de un tirón, sin tragar saliva, de carrerilla, la palabra mágica: Gelsenkirchen. Incluso los que no nos querían bien ya habían reservado aviones, hoteles y lanzado su slogan en miles de camisetas para que viajasen los aficionados a Oporto ya “Camino de Gelsenkirchen”. Ignoro si las meigas estaban alineadas con el poder político, económico y mediático de la ciudad pero nos jugaron una muy mala pasada.

¡Cómo hubiesen cambiado las cosas en el Depor si hubiésemos llegado a disputar la final! El crédito prometido y después negado, hubiese sido una realidad y las actuaciones políticas hubiesen cambiado radicalmente la línea mediática. ¿Por qué? Porque siempre las ayudas habían llegado ante la posibilidad de títulos, ya que sólo nosotros decidíamos a quien se les vendía las entradas para la final.

La verdad es que fueron unos quince años de peregrinaje por Europa en los que nos sentimos respetados y admirados por todos los grandes clubs y, en muchos casos, queridos por sus aficiones. En ese caminar no faltó ni el Pelegrín del Xacobeo “pilotado” por Manolo Roca, como si se tratase de remarcar ese binomio inseparable para el resurgir turístico de Galicia: el nexo entre el Camino de Santiago y el Deportivo. Nadie dudaba de eso. El propio Felipe Senén insistía después de sus viajes a países recónditos que el Depor era el santo y seña de Galicia y A Coruña.

¡Cómo nos vamos a olvidar de los millares y millares de seguidores del Manchester, o del Milán, o del Bayern, o del Liverpool, Arsenal, Juve, PSG ... que hacían el agosto de la hostelería coruñesa en pleno invierno, poniendo el cartel de completo en hoteles y restaurantes ... y agotando en nuestros bares esa Estrella, la “1906”, que rememora ese año en el que se produjo la mejor cosecha deportiva y cervecera de Galicia.

Nadie podrá olvidará ese anochecer de los miércoles que se iniciaban con ese himno de la Champions que nos ponía los pelos de punta, mientras unos niños, hoy ya padres, hacían ondear aquella enorme bandera con forma de balón, que anunciaba el comienzo de un partido que casi siempre ganábamos para dar inicio a unas noches que quedarán para siempre en nuestra historia ... noches que finalizaban con otras historias, que no llegaremos a conocer, de todos aquellos y aquellas que habían encontrado la disculpa perfecta para hacer una escapada desde el resto de Galicia, Asturias, El Bierzo... a esta ciudad encantadora, sin olvidar los alrededores, para dibujar “unha paradinha” que no la igualaba el mejor Djalminha.

O, por muchos años que pasen, cómo no vamos a recordar que llegamos a figurar en los sorteos como uno de los cuatro primeros cabezas de serie de la Champions o que, a pesar de los cientos de “Deportivos” que pueden existir en el territorio UEFA, no necesitaban indicar en la papeleta el nombre de la ciudad, porque en Europa todos sabían que si se hablaba del Deportivo ese no podía ser otro que el que tenía su sede en la Torre de Hércules.

Por eso se acumulan tantos y tan bonitos recuerdos que yo se los tengo que agradecer a mis consejeros –Lolo Montiel, Roberto Veira, Felipe Marcos, Pachi Dopico, Suso Rebollo, Javier Chaver, Luisín Sánchez Doporto, Pepe Guillén y Paty Blanco–, que, cada uno en su cometido, fueron infinitamente más decisivos para alcanzar esos éxitos que lo que muchos puedan imaginarse; al maravilloso personal del Club, corto en número, pero insuperable en su entrega y profesionalidad; a una afición que llevó en volandas a tantísimos extraordinarios jugadores –no cito a ninguno, pues sería injusto, porque sin todos ellos nada de esto hubiese ocurrido– de las que nos sentimos orgullosos de sus triunfos por lo que han significado para el deportivismo de entonces, de ahora y de siempre; y, cómo no, para la magia de Riazor, para esos Blues que con sus tifos, sus cánticos y sus gritos de ánimo hicieron del Estadio un fortín, siendo una parte decisiva de esas remontadas europeas que siempre tenemos en el recuerdo y en el corazón. A todos, muchas gracias.

¡Qué bonito fue mientras duró! Ojalá que los que por la edad no pudieron disfrutar aquellos éxitos celebren en los próximos años lo que vivieron las anteriores generaciones. @mundiario

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