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David y Goliat

¿Podrá David Beckham darle a Miami el reconocimiento que buscó hace años en la Major League Soccer (MLS)?

David Beckham, exfutbolista y empresario. / Instagram.
David Beckham, exfutbolista y empresario. / Instagram.

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Pedro Medina León

Pedro Medina León

El autor, PEDRO MEDINA LEÓN, nació en Lima (Perú), en 1977, estudió Literatura (Florida International University) con una especialización en Sociología y en su país Derecho y Ciencias Políticas (Universidad de Lima). Es autor de los libros Streets de Miami, Mañana no te veré en Miami, Lado B y Varsovia, y es editor de las antologías Viaje One Way y Miami (Un)plugged. En 2017 se produjo el cortometraje The Spirit Was Gone, inspirado en los personajes de su novela Lado B. Además es creador y editor del portal cultural y sello editorial Suburbano Ediciones. Como gestor cultural fue co-creador de los programas #CuentoManía, Miami Film Machine, Pido la palabra y Escribe Aquí –galardonado con una beca Knight Arts Challenge por la Knight Foundation Center–. Impartió cursos de técnica narrativa en el Koubek Center de Miami Dade College. Es columnista de El Nuevo Herald y de MUNDIARIO. @mundiario

El sorteo de grupos del Mundial de Estados Unidos se realizó en Las Vegas, en diciembre 1993. Fue un largo trecho el que debió recorrer el país para ser host de la fiesta más importante del fútbol, su mínima relación con este deporte fue el principal obstáculo. USA 94, sin embargo, ha sido el Mundial con más concurrencia de la historia: convocó a 3,568,567 y un promedio 68,626 espectadores por partido, seguidos de Alemania 2006 y Brasil 2014. Uno de los compromisos que asumió Estados Unidos para que le otorgaran el papel de anfitrión, fue el de crear una liga de fútbol mayor y más competitiva, por eso, en esa misma tarde de invierno en Las Vegas, se anunció el nacimiento de la Major League Soccer (MLS).

La MLS llegó en 1996 con la participación de 10 equipos. En 1998 se sumaron dos más y uno de ellos fue el Miami Fusion, una apuesta estratégica para consolidar el proyecto por la gran comunidad hispana del sur de la Florida. El propietario fue el inversionista Ken Horowitz y contó en un primer momento con el estadio Orange Bowl, aunque después el alcalde de Miami, Joe Carollo, se retractó. La búsqueda de Horowitz de un espacio nuevo lo llevó a Fort Lauderdale, al Lockhart High School, donde encaró varias limitaciones, la principal: su capacidad para siete mil personas –se amplió a veinte mil-. Lo siguiente fue reclutar a una gran estrella que atrajera público y se contrató el astro colombiano Carlos “El pibe” Valderrama, entonces jugador del Tampa Mutiny. El pibe, que vistió el uniforme de su selección en USA 94 y su nombre hizo eco en las tribunas, fue presentado como uno de los mejores del mundo. El debut del Fusion no fue muy bueno, en general su desempeño tampoco, y el año 2001 cerró filas. Entre las varias razones que se le atribuyen al fracaso, están el poco apoyo de la administración pública, el clima muy caluroso o muy húmedo o muy lluvioso, que el estadio no resultó óptimo para la capacidad a la que se amplió y ni siquiera tenía boletería: se improvisaba un trailer para la venta de tickets.

Pero ahora Miami está por escribir un nuevo capítulo futbolístico de la mano de David Beckham. A inicios de 2018, tras años de negociaciones con la ciudad y la MLS, Beckham consiguió incorporar para el 2020 el “Club Internacional de Fútbol Miami” a la liga. El estadio, al igual que con el Fusion, pareciera ser un problema: ha rodado por uno y otro lugar. Si bien en el intento de los noventa con la MLS, en la ciudad predominaba el latinoamericano, este era uno con un perfil muy diferente al de hoy. Antes el miamense era el inmigrante de Cuba y Centroamérica, tierras ajenas al fútbol, en la actualidad Miami también es la capital de inmigrantes del cono sur de América, cuyas poblaciones son netamente futboleras, es una pequeña Argentina y una pequeña Brasil y una gran Colombia. En el Miami contemporáneo es un espectáculo ver el Mundial o la Copa América, desde la previa, con el afiebrado intercambio de “barajitas Panini” en las puertas de Walgreens y gas stations, y luego la comunidad se viste de todas las selecciones a la vez y la alegría dura desde la inauguración hasta el último partido –porque incluso tuvimos audiencia croata para ver la final de Rusia–. A esta movida tampoco son ajenos El Barça y el Real Madrid, cada vez que se enfrentan en un clásico, o uno disputa la final de la Champions, las calles se vuelven un desfile de camisetas blaugranas y merengues. Y mientras tanto, se van proliferando las canchitas de indoor soccer en el Doral, Brickell, Midtown y Kendall.

Los lazos que el inmigrante promedio difícilmente corta con su país son la comida y el fútbol. Cada domingo acude a restaurantes a reencontrarse con sus platos típicos, y por más años que tenga de haber emigrado, sigue siendo hincha del Boca, de River, del Nacional de Medellín, Alianza Lima, el Junior de Barranquilla; y si guarda afecto por otros equipos son el Barcelona y el Madrid. Lo que tendrá el Inter Miami al comienzo será aficionados, no hinchas, y a los equipos, en buena cuenta, los sostienen las demandas de sus hinchadas, no aficionados eventuales de sábado por la noche. Beckham ha declarado a los medios que su equipo traerá a lo mejor, incluso a Messi y Crisitano Ronaldo juntos, ojalá sea así y Miami se reivindique en lo futbolero, pero David Beckham solo propondrá y la última palabra quedará en el público.