El Chiringuito de Jugones: un espacio para tahúres de bar y sofistas del fútbol

El equipo de El Chiringuito de Jugones/ A3media
El equipo de El Chiringuito de Jugones/ A3media

El Chiringuito no es el Sálvame del fútbol, y, si así lo fuera, qué más da, porque este programa consigue que el fútbol sea motivo de debate nacional

El Chiringuito de Jugones: un espacio para tahúres de bar y sofistas del fútbol

El Chiringuito no es el Sálvame del fútbol, y, si así lo fuera, importa poco, porque este programa consigue que el fútbol sea motivo de debate nacional.

A mí no me parece que sea el Sálvame del fútbol, y, si así lo fuera, qué más da, porque El chiringuito te brinda lo mejor del día, la necesidad de ausentarte del mundo para inclinarte hacia el forofismo de Roncero o de la Barceló.

Lo que consigue Pedrerol es lo mismo que consigue Hal en 2001, controlar la nave y centrar la mirada en el objetivo, parlamentando con ese tono constructivo que se mueve siempre entre la premonición y la advertencia. No puede haber demasiada sobriedad en un programa dedicado a un deporte que es metáfora de nuestra histérica condición humana, pues alabamos hasta la extenuación aquello que, aparentemente, es un icono vacío. Pero, sin saber por qué, el fútbol representa todo lo que mayormente deseamos, la furia, el azar de una pelota que volatiliza cualquier estrategia, algo así como la vida misma, donde los planes para el futuro son imprevisibles.

No puedo negar que hay análisis y debate en el Chiringuito, convenciéndome de que el fútbol es una ciencia tan díscola como la poesía o el verbo de D´Alessadro. El éxito de Pedrerol y sus colaboradores se basa en que es un programa hecho con mesa de camilla, brasero y a punto están sus integrantes de jugar al dominó y beber carajillo. El Chiringuito tiene ese aire castizo, rancio e hipnótico de las tabernas de pueblo donde se almuerza como si al día siguiente te fueras a vendimiar.

El éxito está en esa confrontación irreconciliable entre merengues y culés, en esa antítesis tan eterna y necesaria como es la rivalidad Madrid y Barça, y que encandila, ya que el ser humano es un ser necesariamente mágico, y para sobrevivir necesitamos soñar con el absurdo. Y el Chiringuito consigue eso, que te vayas a la cama con la sonrisa maliciosa de ver que Roncero sufre de messicosis, si ganan los culés.

Los tertulianos tienen esa personalidad de tahúr de mus y saben que solamente el fútbol puede salvarnos de estos años tan oscuros y pérfidos que tantas veces nos han quitado las ganas de vivir. Enhorabuena a todos ellos.

El Chiringuito de Jugones: un espacio para tahúres de bar y sofistas del fútbol
Comentarios