Chauvinismo, patriotismo, olimpismo

Ana Peleteiro. / COE
Ana Peleteiro. / COE

Los Juegos Olímpicos son el único escenario mundial donde las potencias nacionales pueden confrontar su poderío de manera manifiesta, lo que provoca que los sentimientos más rudimentarios de algunos salgan a relucir.

Chauvinismo, patriotismo, olimpismo

Por aquello de mantener el nivel de idioma, escucho Sky News cada día a la hora temprana del desayuno. La cadena británica tiende a emplear un tono crítico en sus informaciones e incluso cáustico en el tratamiento de algunos temas así como en ciertas entrevistas. Sus profesionales me parecen, en general, magníficos y la escucha suele resultar placentera.

Durante los Juegos Olímpicos de Tokio, estos mismos periodistas se han transformado en un escuadrón de hoolingans dispuestos a jalear con encendido entusiasmo las supuestas gestas de sus compatriotas. No está mal recordar que en los JJ OO, no participa el Reino Unido (Inglaterra + Escocia + Gales + Irlanda del Norte) sino lo que ellos llaman TGB (Team Great Britain), o sea, Gran Bretaña; los deportistas de Irlanda del Norte pueden elegir en qué equipo se integran, si en Irlanda o en el TGB, adivinen en cuál la mayoría (en efecto, en el de Irlanda).

Pues bien, el 4 de agosto, Sky Brown ganó la medalla de bronce en skateboarding con solo 13 años convirtiéndose en la laureada olímpica más joven de Gran Bretaña. La noticia adquiría para Sky News el carácter de “histórica” por cuanto la patinadora, nacida en Japón, de madre nipona y padre british, había escogido representar al TGB pudiendo haberse alineado con el equipo del Sol Naciente. Las palabras de la periodista que daba la noticia flotaban en las ondas inflamadas por la emoción.

Al día siguiente, tuve la ocasión de escuchar la entrevista que hacían a la niña. Me sorprendió el acento yanqui de su voz. Al acercarme a comprobar el semblante, me llamó la atención además la gorra beisbolera típica en los parientes del Tío Sam. El misterio se resolvió enseguida: Sky Brown residía en California. El periodista, anhelando encontrar algún lazo entre la medallista y la Gran Bretaña, le preguntó si visitaba con frecuencia el país de origen del padre. Ella contestó que sí, que a veces iban a Londres y le gustaba mucho Londres. "¿Qué te gusta en especial?", insistía el informante. A la niña le gustaba todo, incluso la comida de Londres (tiene 13 años, no esperen criterio gastronómico). El periodista, entonces, le pide que hable con acento inglés, que él sabía que ella podía; la niña sonrió, dijo que sí podía pero que ni de coña lo iba a hacer delante de la cámara. Y por fin llegó la pregunta más anhelada: cuéntanos para terminar qué hizo que te decantaras por representar al TGB. La patinadora expresó abiertamente sus deseos de participar en los JJ OO, así que cuando un delegado británico le sugirió inscribirla, ella accedió sin dudarlo un momento. Lo expresó como queriendo decir: si me lo piden desde Tanzania, accedo igualmente.

A Ana Peleteiro le costó doce años más que a Sky Brown hacerse con un bronce olímpico. La atleta ribeirense declaró que la medalla era de toda Galicia, lo cual, como gallego, me colmó de orgullo. Ana Peleteiro siempre habla claro y con el corazón en la mano. Por eso declaró igualmente que su triunfo se debía a la labor que con ella había llevado a cabo el legendario campeón cubano Iván Pedroso, y a la ayuda de su grupo de entrenamiento en Guadalajara al cual pertenecen la plusmarquista mundial venezolana Yulimar Rojas, y el triplista portugués Nelson Évora, pareja de Ana y medalla de oro en Pekín 2008.

Otra gallega, Teresa Portela, se hizo con una medalla de plata en piragüismo en su sexta participación en unos Juegos Olímpicos. A los 39 años, no partía entre las favoritas pero cruzó la meta en segunda posición. Lo hizo con el combustible que le aportó la llamada de su hija unos minutos antes de salir a competir. “Gana, mami”, le dijo. Teresa no paleó por el equipo español, ni por Galicia, ni siquiera por Cangas. Paleaba por su hija; posiblemente, no exista estímulo más poderoso y universal.

Ignoro la procedencia de los padres de Simone Biles; también si tiene hijos o si siente algo especial cuando representa a su país. La Wikipedia me informa de que es la atleta más laureada de la Historia, que lleva siempre con ella un rosario y que asiste a misa cada domingo con sus abuelos. Llegaba a los Juegos de Tokio con los focos puestos en ella. Pero ni la bandera ni el rosario pudieron con su angustia. Lo había ganado todo y se vino abajo antes de empezar. Declaró que “sentía el peso del mundo” y que ellas, además de atletas, “eran personas al fin y al cabo”.

Quizás algún día, alguien deba intentar que en lugar de las banderas, las medallas y los rankings, el protagonismo en las Olimpiadas descanse preferentemente en valores como el compañerismo, la fraternidad y el deseo de superación. @mundiario

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