El Osasuna pone otra piedra en el zapato del Sevilla con una victoria en El Sadar

Joaquín Caparrós, entrenador del Sevilla FC. / @sevillafc
Caparrós no da con el antídoto para detener la crisis del equipo, que sigue acercándose peligrosamente a los puestos de la zona de descenso.

El regreso de Joaquín Caparrós al banquillo del Sevilla no ha generado el impacto deseado. Con un empate ante el Alavés y una derrota en El Sadar frente a Osasuna 1-0 este jueves, el equipo sigue sin levantar cabeza. Los síntomas de la crisis persisten: desorden defensivo, falta de pegada arriba y un grupo que transmite más dudas que certezas.

El gol de Rubén García en el minuto 24 agrava la situación a tintes casi dramáticos, con un vestuario visiblemente tocado en lo anímico. La falta de confianza se refleja en cada jugada, y ni la figura de Caparrós, con su experiencia y discurso motivador, ha logrado reactivar al grupo. El equipo juega atenazado, lejos del carácter competitivo que siempre ha caracterizado al club hispalense.

A este contexto deportivo preocupante se suma el caos institucional. La batalla entre José María del Nido Carrasco y su padre, José María del Nido Benavente, por el control del club, ha convertido al Sevilla en un polvorín. Las tensiones en los despachos se filtran al césped, creando un entorno tóxico para el primer equipo.

Por si fuera poco, el calendario no ofrece respiro. El Sevilla se enfrentará a rivales tan incómodos como Leganés, Celta, Las Palmas, Real Madrid y Villarreal. Una serie de encuentros que exigirán el máximo de un equipo que apenas da señales de reacción. La amenaza del descenso, aunque aún evitable, se hace cada vez más real.

En este escenario complejo, Caparrós solo puede aferrarse al orgullo y a la historia del club. Quedan pocas jornadas y mucho por corregir, pero el técnico andaluz sabe que cualquier intento de salvación pasa por recuperar el espíritu competitivo que tantos éxitos dio en el pasado. Porque en Sevilla, rendirse nunca fue una opción. @mundiario