La avaricia de Neymar sigue subiendo a niveles no menos que descarados

Neymar. / psg.com
Neymar. / psg.com

Desde que jugaba en el Santos el jugador nunca ha mostrado reparos para que su ambición monetaria sea saciada, sufra quien tenga que sufrir.

La avaricia de Neymar sigue subiendo a niveles no menos que descarados

Lo de Neymar Jr. es no menos que lamentable, cuando no cínico. El jugador llegó al F.C. Barcelona en 2013 y pasó casi de inmediato a ser uno de los mejores pagados de la plantilla pese a que por aquel entonces no era más que un joven animador de torneos de mediopelo como el campeonato brasileño y apenas uno de prestigio real como la Copa Libertadores. Para él, aquello de llenarse los bolsillos no era nada nuevo, pues a su exequipo, el histórico Santos de Sao Paulo, lo obligó a cerrar algunas de sus divisiones con tal de que pudieran cubrir el elevado sueldo que les pedía la joya de su cantera.

En fin, que se fue de Brasil para Cataluña y la historia fue la misma: mucho dinero, pero también mucho talento. Tras un par de años deslumbrando en el césped del Camp Nou con filigranas, lambretas y goles, la mejor jugada del brasileño fue esa en la que evadió a las autoridades locales para dejar sentado a Sandro Rossell en la cárcel.

Y para confirmar que su corazón palpita por la pelota, no eligió mejor destino que el PSG, ese equipo que a base de millones de millones cada verano le ha dado muchas de sus noches más gloriosas al fútbol mundial, especialmente el 6-1 del Camp Nou en el que Neymar cabalmente fue el gran protagonista. En su último partido con el Barcelona se había encargado de montar una escenita para que las cámaras grabaran su marca proveedora de zapatos. El delantero es una máquina de dinero y él no se inmuta en ocultarlo.

Por si quedaba alguna duda de su avaricia, ahora resulta que el jugador ha demandado al Barcelona ante la FIFA para poder cobrar la prima de renovación de contrato que asciende hasta los 26 millones de euros. Se le habrá olvidado que hace unas semanas se pagó 222 millones para que aterrizara en París, se desafió el Fair Play Financiero y se dio una cachetada al deporte que le ha dado absolutamente todo. Su situación con el dinero empieza a salirse de control.

Habrá quienes digan que legalmente está en su derecho de cobrar esta prima, que el Camp Nou tiene congelada y se niega a pagar como castigo por haberlos dejado tirados pese a todos los problemas legales que dio al club, pero lo cierto es que si el brasileño conociera el honor no estaría donde está ni haciendo lo que está haciendo. Neymar siempre se movió por dinero, y a cambio de eso nunca le importó condicionar las arcas del club que lo formó, ni tampoco dejar en llamas al que lo llevó a la élite ni tampoco al que rompió todos los lineamientos del mercado futbolístico. El corazón del brasileño se mueve por dinero y, pese a que el PSG de eso tiene mucho -es lo único que tiene en realidad-, es cuestión de tiempo para ver con qué golpe responde la avaricia del delantero, a quien todavía le sobró descaro en su presentación para asegurar que la cuenta bancaria no era la razón por la que había elegido ponerse a las órdenes de Unai Emery.

La avaricia de Neymar sigue subiendo a niveles no menos que descarados
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