La aplicación del VAR tiene un precio que los equipos no quieren pagar

Ciro Inmobile (17), de la SS Lazio, fue expulsado el fin de semana por una decisión tomada a raíz del VAR. / Twitter
Ciro Inmobile (17), de la SS Lazio, fue expulsado el fin de semana por una decisión tomada a raíz del VAR. / Twitter

El sistema venía a facilitar la vida a todo mundo en el fútbol pero lo cierto es que su introducción ha sido caótica y es altamente cuestionado.

La aplicación del VAR tiene un precio que los equipos no quieren pagar

Desde la mano de Dios de Diego Maradona hasta el gol de Sergio Ramos en la final de la Liga de Campeones de 2015. La cantidad de escándalos que el fútbol se hubiera ahorrado si la Asistencia de Vídeo para Árbitros (VAR, por sus siglas en inglés) se hubiera creado antes es inmensa. Y eso sin contar todos los escándalos que le hace falta por aclarar. No obstante, y amén de las últimas polémicas surgidas hay que preguntarse si el fútbol realmente merece esta tecnología.

La tecnología precisamente puede ser un caballo de Troya. El VAR permite esclarecer misterios que, a simple vista, sería imposible para los pobres árbitros determinar con certeza. No obstante, y pese a quien le pese, el fútbol ya no volverá a ser nunca el mismo en cuanto el sistema se establezca en todo el mundo, o cuando menos en las competencias más importantes de este bendito deporte.

En Alemania los equipos ya han empezado a perder la paciencia con el proyecto, al punto que no faltan entrenadores que se atreven a profetizar su extinción. Caso similar se da en Italia, aunque con el dramatismo que tanto gusta a los de la bota. Y  es que según publicaron varios medios a principios de semana, el VAR ha llevado al SS Lazio de la Serie A a meditar seriamente en abandonar la competición pues tanto jugadores como entrenador, y hasta su presidente nada menos, se sienten perseguidos por esta tecnología.

Hasta ahora han sido pocos los jugadores que se han manifestado abiertamente a favor de que se siga implementando el VAR, y razones no les faltarán. Es decir, el sistema le quita espontaneidad y emoción al juego. ¿Quién querrá celebrar como loco un gol de último momento si el árbitro lleva ya cinco minutos viendo la tele para ver si valida la anotación o no?

Los motivos de quienes defienden el sistema se comprenden, pero, lamentablemente, las polémicas son parte de lo que da emoción a todo deporte. Las polémicas y la sensación de vaciar la garganta de energía al celebrar o protestar algo. Pronto, el fútbol terminará convirtiéndose en algo robotizado, en el que los aficionados tendrán pena de celebrar algo por temor a quedar en ridículo. Debe haber alguna forma de hacer justicia en momentos de tensión para los árbitros, pero el VAR se está cargando con la emoción. Lo peor es que el próximo gran torneo que podría llevarse por delante es nada menos que la Copa del Mundo de Rusia.

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