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MUNDIARIO

Ambición, trabajo duro y humildad son las claves del éxito del Leicester City F.C.

7 de mayo de 2015. El Leicester City F.C. se proclama campeón de la Premier League y pone broche final a la página más dorada en sus 132 años de historia.

 

Ambición, trabajo duro y humildad son las claves del éxito del Leicester City F.C.
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El Leicester City levanta el título de liga.

Imanol Estévez Sanz

Analista deportivo.

Intrahistoria

Fundado en 1884 en pleno corazón de Inglaterra, en una ciudad donde predomina la afición por el rugby, nace el Leicester City F.C. o también conocido como ‘The Foxes’. Su historia no es la de un club laureado que acostumbra a levantar trofeos; más bien la del humilde que acostumbra a moverse entre las divisiones más modestas del fútbol inglés. Tres títulos de Capital One Cup (1964, 1977 y 2000) y una Charity Shield (1971) son el bagaje de este centenario equipo cuya figura más representativa ha sido Gary Lineker.

Temporada 2008/09: desplome y un nuevo comienzo

El momento más trágico hasta la fecha de la institución. El Leicester descendía a la League One (lo que equivale a la segunda división B en España) y tocaba fondo. Por el momento, su único objetivo era salvar un nuevo descenso y mirar con anhelo tiempos pasados. No tardó mucho. En el año 2010 subieron a la Championship. En agosto de 2010 entró en acción el magnate tailandés de apellido impronunciable Vichai Srivaddhanaprabha. A raíz de un acuerdo de patrocinio de tres años, el propietario del consorcio King Power International se hacía con el club por poco más de 30 millones de euros. El Leicester daba un salto, tanto en lo económico como en lo deportivo, y se iniciaba así la ascensión a la élite; a la Premier League.

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Vichai, posando con la camiseta. /RRSS

 

Nadie dijo que fuese fácil

Vichai pronto se puso manos a la obra. Remodeló y cambio el nombre al estadio-King Power Stadium- y acudió al carismático Sven-Göran Eriksson para que guiase al equipo otra vez a lo más alto. El Leicester se presentaba como un firme candidato para la promoción. Nada más lejos de la realidad. El sueco no cumplió las expectativas y fue cesado en octubre de 2011 dejando al equipo en decimotercera posición y con muchas dudas.

Vichai volvió a echar mano de Nigel Pearson, quien ya llevó al equipo a la Championship en el 2010. Tuvieron que pasar tres años y dos intentos fallidos de play-off de ascenso (uno especialmente cruel contra el Watfford), hasta que en la temporada 2013-2014 los ‘zorros’ consiguieron el tan anhelado regreso a la élite marcando el récord de puntos en el campeonato.

Un transalpino a la deriva

Nigel Pearson debutaba en la Premier al mando del Leicester en la temporada 2014-15. Los ‘zorros’ fueron colistas durante muchas jornadas, pero terminaron por salvarse con holgura al ganar 7 de los 9 últimos compromisos ligueros. El 30 de junio de 2015 el club cesó a Nigel Pearson apelando a diferencias entre ambas partes y entró en escena la pieza que terminaría por ser fundamental en el ambicioso proyecto de Vichai: Claudio Ranieri.

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Claudio Ranieri durante su presentación. /RRSS

 

El técnico italiano regresaba a la Premier League 6 años después de su última estancia en tierras británicas al mando del Chelsea. Tras una dilatada carrera en España, Italia, Inglaterra y Francia, en 2014 comenzó su enésima andadura al mando de la selección griega. Su periplo por tierras helenas terminó en tragedia griega. Cuatro meses después de su nombramiento fue destituido del cargo al caer con estrépito frente al combinado de las Islas Feroe. Con 63 años a su espalda, Claudio se encontraba sin equipo y su reputación había tocado fondo. No sabía lo que el destino le tenía preparado.

Con él empezó todo

Vichai, ferviente budista, trajo a Leicester al monje budista tailandés Phra Prommangkalachan, quién bendijo a los jugadores y estadio a comienzos de la temporada.

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Phra Prommangkalachan, el monje budista del Leicester. /RRSS

 

Un elenco de anónimos

El plantel del Leicester estaba lleno de jugadores sin repercusión y sin currículum en la Premier. Entre sus filas se encontraba Kasper Schmeichel (más conocido por ser el hijo de la leyenda del United que por méritos propios), Wes Morgan (un jamaicano de 32 años criado en uno de los barrios más problemáticos de Nottingham), Robert Huth (un tosco alemán de 31 años), Danny Simpson (un descarte del Manchester United en la temporada 2007-08 y que había deambulado de cesión en cesión hasta desembarcar en Leicester), Christian Fuchs (un correcto lateral zurdo procedente del Schalke 04 alemán), Danny Drinkwater (otro descarte del United con un apellido gracioso), N’Golo Kanté (un francés procedente de la segunda división francesa con una gran capacidad para robar balones), Shinji Okazaki (un nipón que militaba en el Mainz 05 también alemán), Riyad Mahrez (un joven argelino muy habilidoso que no era más que una promesa), Marc Albrighton (un ‘Villano’ de cuna que provó suerte en Leicester) y, por último, la joya de la corona: Jamie Vardy (un ex convicto de 29 años de progresión tardía).

“Jugadores que fueron considerados demasiado bajos o demasiado lentos para otros grandes clubes. N'Golo Kanté. Jamie Vardy. Wes Morgan. Danny Drinkwater. Riyad Mahrez. Cuando dirigí mi primer entrenamiento y vi la calidad de estos jugadores, supe lo buenos que podían llegar a ser.”

Ahí donde otro hubiese puesto pegas, Ranieri vio una oportunidad. Tenía jugadores sin nombre, pero moldeables a su imagen y semejanza y dispuestos a crecer y a llevar a cabo hasta el fin sus ideales. Así lo recoge la carta que él mismo publicó en ‘The Players Tribune’:

Rebelión en la Premier

El Leicester se ha proclamado, por primera vez en sus 132 años de historia, campeón de la Premier League en la temporada 2015/16. Campeones contra pronóstico, el equipo inglés ha colocado su ciudad en el mapa futbolístico a ojos de medio mundo. La mayor hazaña del deporte rey esta temporada y una de las mayores sorpresas de la historia del deporte, solo comporable con el hito del legendario Brian Clough al frente del Notingham Forest en la década de los 70.

Ranieri prontó encajó las piezas para formar su once ideal. Un once que cualquier aficionado al fútbol sería capaz de recitar de carrerilla, futbolistas que en un año han abandonado el anonimato para convertirse en estrellas.

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Los guerreros de Ranieri. /Leicester F.C.

 

La madurez de un portero que ha honrado el apellido de su padre, la fiabilidad de dos centrales veteranos, la irrupción de un francés que se ha convertido en el mejor recuperador del planeta, el buen hacer de un mediocentro que salió por la puerta de atrás de Old Trafford, la magia de un argelino y el olfato goleador de un delantero que huele sangre. La mágica temporada del Leicester no puede entenderse sin la explosión futbolística de una serie de jugadores, cuyo rendimiento jamás había sido de tan nivel.

En esta metamorfosis mucho ha tenido que ver Claudio Ranieri, pues ha devuelto la sonrisa y ha hecho campeones a un puñado de jugadores que, resignados a creer que no tenían la más mísera oportunidad de tocar la gloria, se conformaban simplemente con poder jugar a fútbol los domingos.

¿Y ahora qué?

El técnico italiano ha rechazado la idea que el equipo pueda revalidar el título la próxima temporada y sus pensamientos se centran en hacer un buen papel en su primera participación en Liga de Campeones y luchar por quedar entre los diez primeros en liga.

Pase lo que pase en los años venideros, nadie podrá borrar la página que con tanto esfuerzo han escrito en la historia. El Leicester nos ha recordado que el fútbol, además de ser un negocio, necesita de narraciones épicas para seguir enamorando, que no hay sueño demasiado grande o que, cuanto mayor es el reto, mayor es la gloria.  

El hombre que susurraba al césped

No podía olvidarme de John Ledwige, encargado del césped del Leicester, que ha convertido el verde del King Power Stadium en una alfombra para el deleite de los jugadores.

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Patrón del césped del King Power Stadium. /RRSS