Historias de las Copas del Mundo: La vida después del Maracanazo

Alcides Ghiggia, anotando el gol del triunfo de Uruguay ante Brasil en el Estadio Maracaná. / @laXuruguay
Alcides Ghiggia, anotando el gol del triunfo de Uruguay ante Brasil en el Estadio Maracaná. / @laXuruguay
La final del Mundial de Fútbol de Brasil 1950 es el partido más legendario de los torneos organizados por la FIFA. Después de aquel partido, la vida le cambió para siempre a dos personajes. 
Historias de las Copas del Mundo: La vida después del Maracanazo

Si hay un recinto deportivo de culto en todo el mundo, uno de ellos sin duda alguna es el Estadio de Maracaná, ubicado en Río de Janeiro. La joya arquitectónica que fue concebida para acoger la Copa del Mundo de 1950. En aquel entonces su capacidad era de 200.000 personas, un aforo que en estos momentos donde prima la seguridad por encima de todo sería impensable, pero eran otros tiempos y se pensaba que la selección local vencería sin paliativos a cualquiera que cruzara en su camino, y que era necesaria aforo monstruoso, a la par de la gran gesta que al final el gigante sudamericano no consiguió. 

Todo el mundo sabe lo que ocurrió. El Maracanazo marcó un antes y un después en la historia de Brasil, porque no hay que hablar de ese marcador adverso para la canarinha sin tener en cuenta, que en ese país el fútbol es tan importante como las ganas de vivir o comer, y por ello las consecuencias de ese nefasto día para los brasileños trascendieron el tiempo y todavía escuecen en nuestros días. 

Hablar del Estadio de Maracaná sirve para relatar las historias de personajes que cayeron en desgracia después de pisar sus sagradas instalaciones, pero también de algunos que se convirtieron en leyendas. Desde su inauguración hasta nuestros días han pasado más de 72 años, pero esta ocasión MUNDIARIO los llevará a un viaje hacia el pasado, para adentrarse en lo que ocurrió en la finalísima de aquel 16 de julio de 1950. 

Moacir Barbosa Nascimento: El rostro de la tragedia

Ezequiel Fernández Moores publicó en su momento lo que pasó en realidad en aquellos dos fatídicos momentos, que sentenciaron a Barbosa. Fue uno de los grandes cancerberos brasileños de esos años y figura del Vasco da Gama. El habilidoso jugador, reconocido por su grandes reflejos vivió y murió señalado señalado como el principal responsable de la derrota de los dueños de casa, a pesar que existe una realidad: Juvenal y Bigode fallaron estrepitosamente en los dos goles; el primero no hizo ninguna de las dos coberturas a tiempo y el segundo no pudo parar las embestidas de Alcides Ghigghia, quien asistió en el empate a Juan Alberto Schiffino y después anotó con un centrochut, que se metió entre el palo corto y Barbosa que puso el 1-2 definitivo.

“El primer apuntado fue Bigode , desbordado por Ghigghia en los dos goles. Pasó dos años dentro de su casa. Sólo salía para ir a entrenarse.” El otro fue Juvenal, pero las presuntas razones que lo llevaron a no rendir de la mejor manera aquel día, son mucho más llamativas: “El DT Flávio Costa y el plantel señalaron siempre a Juvenal (...) La noche previa a la final, Juvenal, autorizado a salir, volvió a la concentración tarde y borracho. Venía del Dancing Avenida, un cabaret en el centro de Río. Mantuvo el puesto sólo porque el suplente, Nena, estaba lesionado.”

 

Muchos años después, a propósito de ese tema, El Confidencial recogió unas declaraciones de Ghiggia, en las cuales dijo lo siguiente: "Barbosa no falló. Lo que pasa es que yo hice la ilógica, y él hizo la lógica. Para ser más claro, yo tiré a portería casi sin ángulo, cuando lo lógico habría sido abrir la pelota hacia la posición de Schiaffino, como había hecho en el primer gol." Lamentablemente para el antiguo internacional brasileño, eso no fue lo que pensó el público presente y la prensa. Literalmente lo señalaron como el principal responsable de la desgracia. 

Los titulares no podían ser más elocuentes como lo señala ESPN. "La peor tragedia de la historia de Brasil" o "Nuestro Hiroshima" fueron los titulares de la prensa al día siguiente de la final. "El prestigioso periodista Mario Filho escribió en su columna: ´La ciudad cerró sus ventanas, se sumergió en el luto. Era como si cada brasileño hubiera perdido al ser más querido. Peor que eso, como si cada brasileño hubiera perdido el honor y la dignidad´. La tristeza era muy profunda y todos los índices apuntaban a un gran culpable: Barbosa."

Ese hombre vivió hasta el final de sus días como si estuviera viviendo el Día de la Marmota. Sus paisanos lo atizaron sin contemplación por aquella fatídica tarde. Llegó a clamar públicamente ante esa injusticia, con una célebre aseveración que dijo cinco años antes de morir: “La pena más alta en mi país por cometer un crimen es de 30 años. Yo llevo 45 pagando por un delito que no cometí.”

Ghiggia: el último superviviente

Si ese encuentro de la final de Brasil 1950 fue un lanzamiento de moneda al aire, sin duda hay que decir que Moacir Barbosa fue la cruz  y la cara fue para Alcides Ghiggia. El extremo derecho, considerado uno de los futbolistas más rápidos de esos años, tocó el cielo con las manos gracias a su trepidante jugada por la banda, que terminó con el 1-2 definitivo. El charrúa era jugador de Peñarol en esa época, quizás nunca imaginó que ese día su vida también cambiaría; pasó de ser uno de los futbolistas más destacados de la mítica delantera del club decano del balompié uruguayo, conocida como La Escuadrilla de la Muerte conformada por Juan Eduardo Hohberg, Óscar Míguez, Julio Alberto Schiaffino y Ernesto Vidal, a consagrarse como un héroe nacional. 

 

La Vanguardia recogió sus impresiones en una entrevista, en las que aseguró que vivió una sensación contradictoria justamente después de anotar el mítico gol. "A pesar de la alegría que uno tenía, te daba tristeza mirar a las tribunas; veía a la gente llorando, desesperada". No era para menos, Brasil entró en una depresión sin precedentes, que aún hoy después de cinco campeonatos del mundo no se ha podido olvidar. Posteriormente jugó para la Roma y el AC Milán, con este último ganó la Copa de Europa de Europa en 1963; también defendió los colores de Italia en las Eliminatorias del Mundial de 1958.

En general su extensa carrera, que la estiró hasta los 42 años, le permitió gozar de tranquilidad durante mucho tiempo, a pesar de un bache que sufrió en los primeros años del siglo veintiuno cuando se vio obligado a vender las medallas que consiguió a lo largo de su trayectoria para afrontar una delicada situación económica, se puede decir  que la vida fue mucho más generosa con él que con Barbosa. Recibió el agradecimiento de su pueblo y del fútbol mundial en múltiples ocasiones.

El último superviviente del Maracanazo se fue después de luchar contra el cáncer, justamente el día que su vida cambió para siempre. El 16 de julio de 2015, 65 años después de su gol, que es considerado la mayor gesta de la historia de los Mundiales de Fútbol. @mundiario    

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