La escoba lista en Old Trafford: 17 derrotas y una limpieza histórica
El Manchester United ha llegado a la final de la Europa League, sí, pero lo ha hecho con una losa innegable a cuestas: su deshonrosa campaña en la Premier League. La derrota en casa ante el West Ham por 0-2 no es solo otro tropiezo, sino una señal de que el equipo está profundamente roto. Rúben Amorim no ha conseguido dotar al equipo de identidad, y eso pesa más que cualquier billete europeo.
En otro tiempo, un partido entre United y West Ham habría tenido electricidad, garra y tensión. Esta vez fue todo lo contrario. Los Red Devils fueron un equipo sin alma, desorientado en defensa y sin chispa en ataque. No hubo ritmo ni reacción. Lo más preocupante no es perder, sino cómo se pierde, y el United lo hace cada vez con más resignación y menos carácter.
El gol de Soucek dejó en evidencia, una vez más, los errores estructurales de este equipo. La lesión de Yoro fue una mala noticia más en un equipo que suma desgracias. El segundo tanto, obra de Bowen, aumentó el desconcierto y la ansiedad de un equipo que ni siquiera en Old Trafford parece encontrar refugio. El esfuerzo a balón parado fue estéril, con Maguire como único recurso.
El club más laureado de Inglaterra vive una temporada que ni el más pesimista hubiese imaginado. Su posición en la tabla es indigna para su historia y solo lo ha salvado el pobre nivel de los equipos descendidos. Mientras Amorim prepara la final europea, sabe que la verdadera final será convencer de que merece continuar. El United no tiene tiempo para más errores.
Clasificar a una final continental no puede maquillar una campaña doméstica que ha sido catastrófica. Para un club como el Manchester United, competir en Europa es una obligación, no un consuelo. Y cuando se pierde respeto en casa, ni el mayor título europeo menor puede devolver el prestigio. La reconstrucción no puede aplazarse más. @mundiario