Vladímir Korolenko, literatura de feraz humanidad

Portada El músico ciego. Vladímir Korolenko. Alianza Editorial. El libro de bolsillo, 2018.
Portada El músico ciego. Vladímir Korolenko. Alianza Editorial. El libro de bolsillo, 2018.

Esta hermosa obra con ciento treinta y dos años de existencia, es un verdadero deleite para el lector. El músico ciego, una magnífica apuesta introductoria y de aproximación a los grandes autores rusos.

Vladímir Korolenko, literatura de feraz humanidad

SALVÍFICA ESCRITURA, GOZOSA LECTURA. Esa caja de resonancia que es la literatura, se me  asemeja a ese mágico instrumento de percusión amazónico que, incluso, lo es más por su hermoso nombre, palo de lluvia. Uno de los materiales usados para dotar de facultad ensoñadora su peculiar sonido, es el cactus Quisca, que se encuentra en el desierto de Atacama. Cuando el cuerpo se seca tras haber completado su ciclo de vida, las espinas se embuten e incorporan piedrecitas de distintos tamaños. Al inclinarlo, el choque entre ambas produce ese efecto rumoroso. Cuya cadencia, vaga por momentos, pareciera acrecentarse de forma imperceptible, hasta sentir el cosquilleo de un ejército de hormigas con las patitas húmedas, celebrando la llegada de la primavera. La literatura precipita su fervor silencioso cuando la aproximación al alma del ser humano es osadamente sensible y no por ello menos juiciosa y valerosa.

Su escritura es latido que aúna fondo y forma. Sus variados y eclécticos registros literarios, mantienen la modulación asertiva con la realidad social y el idealismo razonado

La decantación del ser físico, psíquico y social que es aquel, nos pondrá en la versión veraz de los hechos. Y es ahí donde la pervivencia de lo auténtico se resiste por la nobleza literaria –la etimología de la palabra latina despeja cualquier duda: conocido, digno de ser conocido o el que se hace conocer- que contiene. Claudio Magris en su obra Alfabetos. Ensayos de literatura, lo expresa con atinado pensamiento: “Como demuestra Giovanni Getto, en esa obra maestra de la crítica que es La Historia de las historias literarias, tal vez todas las historias  literarias estén ya superadas  en el momento de su aparición, marginadas del devenir que, entretanto, ha cambiado los criterios de juicio. Pero esa es la poesía de las historias literarias, su lucha por descubrir las voces que resisten el paso del tiempo; una lucha  que, a su vez,  está sometida al tiempo, expresando así un apasionado sentido  de la universal mortalidad  de hombres, obras y cosas”

EL MÚSICO CIEGO – Alianza Editorial. El libro de bolsillo, 2018. Traducción del ruso y presentación de Ricardo San Vicente. Incluye nota del autor para la sexta edición-. La dimensión de esta novela corta radica fundamentalmente en la contrariedad. Esta afirmación debe entenderse desde el firme propósito que plantea el autor, “El motivo psicológico central de mi estudio es la atracción instintiva, orgánica, del hombre hacia la luz. De ahí la crisis espiritual de mi protagonista y la solución de la misma. En críticas, tanto de viva voz como escritas, a menudo me he encontrado con una objeción a la obra, al parecer, muy fundada: en opinión de los discrepantes, tal atracción no se da en los ciegos de nacimiento, pues estos nunca han visto la luz y, por tanto, no deben de echar en falta aquello que desconocen por completo. Este argumento no me parece correcto: los hombres nunca hemos volado  como lo hacen los pájaros, y, sin embargo, todos saben cuán largo tiempo la sensación de volar  acompaña los sueños de niños y jóvenes”.

Publicada en 1886, es el año en que contrae matrimonio y se encuentra por primera vez con Lev Tolstói, con quien junto a Antón Chéjov, le unió una profunda amistad. Antes fue la correspondencia iniciada entre ambos a raíz de un artículo titulado Un fenómeno cotidiano. Notas de un publicista sobre la pena de muerte, que conmovió hasta las lágrimas al autor de Guerra y paz. En vida del autor fue reeditada hasta en quince ocasiones. La presente edición corresponde a la de 1889. La bellísima narración se fragmenta en una variada gama de vivencias y experiencias cromáticas y sonoras, sin descomponer la totalidad del conjunto. Las percepciones del tacto y el oído arriban con una hondura poética tal, que la sinestesia y cenestesia se anudan para reforzar las sensaciones que traspasan el propio texto. Incorporándose al lector que las degusta y disfruta sin saciedad. La escritura sincretiza el animismo que la ceguera va descubriendo desde el nacimiento de Piotr Popelski.

Un mundo interior se edifica en la oscura luminosidad del protagonista y absorbe al lector desde el primer capítulo. Irresistiblemente es concernido a seguir la andadura de aquel hasta ser un hombre que asume sus propias limitaciones. El acopio de virtud es fruto de la transformación de aquellas -las limitaciones- en genuina interpretación vital a través de la música. Donde ese primer descubrimiento proviene de las nostálgicas melodías que impregnan las canciones ucranianas, y con el que existe una apertura a ese mundo que siendo desconocido, le provoca interés por indagar sobre la memoria de las entonaciones, que fluyen sin tiempo entre los hombres y mujeres apegados a un paisaje. Para más tarde, incorporar ese hallazgo a la complejidad del lenguaje pianístico. Y que, sin reducir la inquietud dominante por el conflicto interior que subyace, abre un viaje abisal a las emociones. El infausto destino es una prueba fehaciente de superación e inconformismo, que determina en el ser humano esa fe incontestable en sus propias posibilidades. Un ritmo interior va cauterizando la herida inferida por el infortunio. El lirismo de su prosa no se atribuye ningún encantamiento literario. No se trata de un recurso complementario. Ni siquiera oportuno. Labora con las palabras una sencilla trama de estremecimiento donde lo realmente importante son los cambios interiores que forjan un ser humano nuevo.

Su escritura es latido que aúna fondo y forma. Sus variados y eclécticos registros literarios, mantienen la modulación asertiva con la realidad social y el idealismo razonado desde la activa participación y conciencia cívica que le caracterizó. Conectan con las vicisitudes de su propia vida y el compromiso que mantuvo y que le llevo a ser encarcelado, deportado y represaliado. Mas, y a pesar de su empatía con el populismo -movimiento que durante el periodo entre 1860 y 1895 promovía ciertas ideas del socialismo utópico, como fue la necesidad que los intelectuales tuvieran contacto con el pueblo-, la literatura que ardía en su corazón no se doblegaba a otros intereses ideológicos que no fuera esa insistencia en no ser desalmados. En creer en la alteridad e identidad, “Converso con el hombre que siempre va conmigo”, que señalara don Antonio Machado. Es el espíritu que forja el desdoblamiento en el otro, la voz ajena en la nuestra, el pensamiento y sentimiento dilecto hacia los demás. En El músico ciego, la conversión del sufrimiento y drama personal en liberación, invoca al aura de lo realmente esencial ante lo circunstancial.  Y abre ese espacio de luz y confianza para conquistar territorios vedados por el miedo a lo ignorado.

VLADÍMIR GALAKTIÓNOVICH KOROLENKO. La sobresaliente presentación con el título El espíritu de Korolenko, que realiza su también traductor Ricardo San Vicente del escritor ruso nacido en Zhitómir en 1853, -ciudad ucraniana contaminada por la catástrofe nuclear de Chernóbyl acaecida 1986- es realmente sugestiva. Con exquisita sencillez introduce al lector en un mundo que cabalga entre dos siglos pero que no está distante de la problemática social y económica que hoy vivimos en el siglo XXI. Revalida el gesto de la ética como hecho excluyente ante cualquier privilegio o tonelaje opresivo del poder. Una vida jalonada por la persecución, la cárcel y el destierro.  Esta última le obligó a permanecer varias veces en Siberia. Pero ello no quebró su animosidad combativa desde la convicción y testimonio de integridad. Así la negativa de prestar juramento de fidelidad al zar Alejandro III para aquellos que como él tuviesen antecedentes penales, le hizo dar con sus huesos en una celda de castigo de la prisión militar de Tobolsk. O la renuncia de su título de académico de honor en 1902, apenas dos años después de su nombramiento, junto a Antón Chéjov, ambos disconformes y críticos por el rechazo del zar a nombrar académico Maxim Gorki por su ascendencia revolucionaria. Su rico sustrato literario le sirve para cohesionar pensamiento y acción, en interrelación permanente con el afán de justicia. Quizás por el influjo de su padre, juez de profesión, que favoreció su aguda sensibilidad en sopesar los límites de justicia y ley.

Vladímir Korolenko nos hace imaginar con esta obra. Es decir, nos hace nacer con ella como lectores para otras tantas que, como esta, abren un camino de poderoso discernimiento, radical introspección

Sin la menor tibieza, pone especial empeño en defender causas judiciales donde desentraña con su portentosa capacidad documental, las farsas que el sistema es capaz de asumir como hecho consustancial a la arrogancia con que habilita el ejercicio de acusación. También es realmente interesante y esclarecedora, la correspondencia que mantuvo con Anatoli Lunacharski entre 1920 y 1921. Este Comisario del Pueblo para la Educación, recibió el encargo de Lenin de que  tratara de incorporarlo  a la causa revolucionaria. Nunca obtuvo respuesta a sus misivas. En la última de sus cartas, que adquiere rictus de testamento y que no fue publicada en la Unión Soviética hasta 1988, señala sin reparo que “La justicia social es algo muy importante, y tiene ustedes razón al decir que sin ella no existe la plena libertad. Pero tampoco sin libertad es imposible conseguir la justicia. Conviene hacer pasar la nave del futuro por entre la Escila de la esclavitud y la Caribdis de la injusticia, sin perder nunca de vista a la vez a ambas.

Por mucho que afirmen ustedes que la libertad burguesa no es más que un engaño que esclaviza a la clase obrera, esto es algo con lo que no podrán convencer a los obreros europeos (…) Ha habido muchas revoluciones políticas, pero hasta ahora no ha habido ninguna revolución social. Y ustedes constituyen  el primer experimento de introducir el socialismo mediante la represión de la libertad”.

Acertada decisión de Alianza editorial, que une a otros grandes títulos universales integrados en su vasta colección de bolsillo, esta reedición tan sumamente atractiva por la propia obra en sí como por los aspectos con los que la envuelve y cuida. El que fuera conocido como “la conciencia del pueblo ruso”, adquiere otras connotaciones liberadas por el paso del tiempo. La verdadera literatura declina ese contar y nombrar ajeno a lo que todos podemos reconocer como indeleble y, con todo, novísimo por más que pese. Octavio Paz en su obra poética ¿Águila o sol?, publicada en 1951, reflexiona de esta manera, “Abolida la distancia entre el hombre y la cosa, nombrar es crear, e imaginar, nacer”. Vladímir Korolenko nos hace imaginar con esta obra. Es decir, nos hace nacer con ella como lectores para otras tantas que, como esta, abren un camino de poderoso discernimiento, radical introspección, belleza audaz y latente riqueza interior. @mundiario

 

Vladímir Korolenko, literatura de feraz humanidad
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